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| Homilía: Mons. Gualberti recuerda a los catolicos el llamado de "remar mar adentro" |
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Foto: Mons. Sergio Gualberti, obispo auxiliar de Santa Cruz (Archivo web)Iglesia Viva 8.2.10.- Este domingo la iglesia de Santa Cruz realizó el envío de catequesis en toda la diócesis luego de un concluir un curso de formación. También se recordó que este próximo 11 de febrero la iglesia celebrará la Jornada Mundial del Enfermo en ese sentido el obispo auxiliar de esta diócesis, Mons. Sergio Gualberti ponderó la importancia del servicio pastoral en el campo de la salud, "un servicio que es parte integral de la misma acción salvadora de Cristo". ENVÍO DE LOS CATEQUISTAS DE LA ARQUIDIOCESIS PARA INICIAR SU MISIÓN DEL AÑO EN LAS PARROQUIAS Muy amados y queridos hermanos y hermanas: Como decía al inicio de esta Eucaristía, en nuestra arquidiócesis, además de celebrar en comunión con toda la Iglesia el Día del Señor, celebramos el Envío de los Catequistas. (los vemos aquí muy numerosos en medio de nosotros) Acaban de terminar un curso de formación y iniciarán su misión en las comunidades y parroquias compartiendo el pan de la palabra con tantos niños y jóvenes de nuestras comunidades. En este domingo también, adelantándonos, queremos recordar la Jornada Mundial del Enfermo, se celebra el próximo jueves, el día de la Virgen de Lourdes. Como iniciativa de la Jornada Mundial la Iglesia quiere sensibilizar a toda la comunidad cristiana sobre la importancia del servicio pastoral en este magno mundo de la salud; un servicio que es parte integral de la misma acción salvadora de Cristo. Cristo es el médico divino que como nos dice Los Hechos de los Apóstoles: “Pasó haciendo el bien y curando a todos los oprimidos por las enfermedades, por el diablo” y esto es lo que nos recuerda el Papa Benedicto XVI en su mensaje y nos invita también a nosotros a inclinarnos sobre las heridas del cuerpo y del Espíritu de tantos hermanos y hermanas nuestros que encontramos en nuestro camino y esta jornada nos tiene que ayudar a comprender que con la gracia de Dios, cuando es acogida y vivida en la vida de cada día, también la experiencia de la enfermedad y del sufrimiento pueden llegar a ser escuela de esperanza; claro que la realidad de sufrimiento y enfermedad en estos días en que estamos ya respirando este aire de carnaval puede ser un poco cuestionador, ojalá estos días de carnaval sean días en que los vivimos con un espíritu de sano esparcimiento, que no se vuelvan bacanales, orgías, desenfrenos con consecuencias como en otros años que hemos visto. La santidad de Dios es cercanía e inciativa para llamarnos a la misión Mirando un poco más de cerca lo que nos dice la Palabra de Dios, se nos habla de vocaciones, del llamado del Señor: Isaías y Simón Pedro. En ambos casos la iniciativa es de Dios. En la primera lectura hemos escuchado cuando Dios pregunta ¿A quién enviaré? Qué escena más grandiosa la de la primera lectura, en el templo de Jerusalén, la gloria de Dios, los ángeles con sus distintos grados que cantan, que corean al Señor, sentado en ese trono grandioso, escuchamos esas palabras: SANTO SANTO SANTO, QUE NOSOTROS repetimos en la Eucaristía. Esas escenas tan solemnes que describe Isaías en ese contexto, siente todas las limitaciones de su ser como criatura, experimenta su impureza, su condición humana débil y precaria, cambia el límite de la muerte. Si Dios no interviene el profeta puede quedar sumido en el mundo de la muerte y es ahí en ese momento que el SERAFIN se acerca y le toca los labios con una brasa encendida que ha tomado del altar e Isaías escucha esas palabras: “He aquí que esto ha tocado tus labios, se ha retirado tu culpa, tu pecado está expiado”. Esta grandeza y santidad de Dios: SANTO – SANTO – SANTO. Se manifiesta como gracia, como perdón, como vida para el hombre. Ahora sí, Isaías purificado puede responder: Heme aquí, envíame! Es la última frase que Isaías pronuncia. No pone de manifiesto solamente la disponibilidad del profeta para acoger esta invitación del Señor, sino sobre todo que ahora está habilitada su capacidad que a partir de este momento que el Señor le ha salvado, él está dispuesto, tiene la condición para escuchar al Señor y para ser enviado a proclamar esa palabra “y dirás a mi pueblo lo que Yo te diga”. El profeta no habla su palabra, el profeta es aquel que anuncia la palabra del Señor. Esta vocación de Isaías está demostrando que toda vocación nace del encuentro con Dios, un Dios que libera, un Dios que salva y desemboca en una misión concreta: “Ve y di a ese pueblo. Tiene que ir a decir. Lo propio hace Jesús en el evangelio, a Pedro le dice “Rema mar adentro”, desde ahora serás pescador de hombres. El hilo conductor de este evangelio es LA PALABRA. La gente se juntó para oír la Palabra de Dios, esa palabra que Jesús predicaba a orillas del lago de Galilea. Es una escena menos solemne que la del templo, pero muy hermosa también, ese escenario natural, Jesús rodeado de muchísima gente encuentra esa solución, se sube a la barca y desde allí comienza a predicar, quiere saciar el hambre y calmar la sed de la palabra de Dios que tiene toda esa gente que andaba como ovejas sin pastor, entonces su palabra no sólo es anuncio y esperanza, sino que es una palabra que tiene fuerza, que convoca la Palabra de Dios. También esta mañana y el Pan de la Eucaristía nos convoca a nosotros en esta catedral y en tantas iglesias en todo el mundo, y después de hablar a la gente Jesús dice a Pedro que reme mar adentro y eche las redes para pescar; Simón Pedro, que es pescador experto opone resistencia, primero porque no es la hora para ir a pescar y segundo porque está agotado, pues toda la noche habían intentado y el resultado era infructuoso, sin embargo al final se fía de la palabra del Maestro. Descubre en esa persona al Maestro, entonces pone su confianza. Tiene una autoridad moral Jesús y ya se ha ganado esa autoridad y por eso pone su confianza en él. El resultado es una pesca sobreabundante. Dios llama a Isaías, Jesús invita a Simón y los demás Simón Pedro reacciona de la misma manera que Isaías: “Apártate de mí, Señor, que soy un pecador” Delante de eso siente toda la debilidad de su condición humana de ser pecador, pero ahora Pedro no sólo llama a Jesús MAESTRO, sino que lo llama SEÑOR, un paso más, Simón descubre que la palabra de Jesús es poderosa, es eficaz, que en esa palabra actúa el poder de Dios, el poder sobre el que se posa y se reconoce pecador, reconoce sus límites y su pequeñez. Aquí no toca los labios con una brasa encendida el Señor, pero le dice: “No temas”. Nuevamente la santidad de Dios no es para que tengamos miedo, no es para aniquilarnos, sino para salvarnos y darnos vida. Este encuentro con la fuerza del misterio tremendo de Dios a través de Jesús y su palabra poderosa le abren a Simón Pedro un nuevo horizonte, asumir la misión que Jesús le confía: “Desde ahora serás pescador de hombres”, es decir, serás apóstol para llevar la palabra del Señor para que tengan vida, pescar, que significa en este contexto sacar del mal a los seres humanos, que están en medio del mar, pero qué mal?, ese mar del pecado y de la muerte; por lo tanto, la misión del cristiano es llevar a los hombres a la vida verdadera, es consagrar la existencia al servicio de la vida de la humanidad y el cambio radical que ese encuentro con Jesús supuso en Pedro y sus socios, Santiago y Juan, es todavía más asombroso que la pesca milagrosa, el cambio en la vida de Pedro, ellos mismos, de pescadores son pescados para la misma misión profética de Jesús: liberar a los pobres y oprimidos y a toda persona esclava y sumida en el mal de la opresión, de la injusticia y de la violencia, por eso, dejándolo todo lo siguieron. La respuesta humilde, es disposición a la misión: Remar mar adentro! Esta es la gran vocación de todos los discípulos, pero en especial de los que están llamados al seguimiento radical de Jesús, los que dedican toda su vida al Señor, que como Pedro, dejándolo todo lo siguieron. Esta generosa respuesta, dejar todo, todas las cosas perecederas, todo lo relativo, por lo absoluto, por Dios; pero para eso hace falta arriesgarse, jugársela como Pedro; hay que remar mar adentro. Este mandato de Cristo nos llena de esperanza en nuestro caminar, porque nosotros queremos ser fieles discípulos de la Palabra, concretamente nuestra Iglesia de América Latina, en Bolivia y Santa Cruz con el tema de la Misión Permanente: Llamados a ser misioneros todos, todos los bautizados llamados a ser discípulos y misioneros, en este contexto actual, en un momento muy difícil de la historia de la humanidad en que se quiere desterrar a Dios, un momento difícil en todo sentido: En sentido cultural, social, político, religioso, estamos llamados a seguir proclamando al Señor, pero sí, confiados en esta palabra de Jesús y seguros de que en virtud de su palabra la pesca será abundante también. Aquí nos recuerda también las palabras del Papa Juan Pablo II en su encíclica Novo Milenio Ineunte al terminar el jubileo del año 2000, nos decía: “Al comienzo del nuevo milenio, mientras se cierra el gran jubileo en el que hemos celebrado los dos mil años del nacimiento de Cristo y se abre para la Iglesia una nueva etapa de su camino, resuenan en nuestro corazón las palabras con las que un día Jesús, después de haber hablado a la muchedumbre desde la barca de Simón invitó al apóstol a remar mar adentro para pescar. Pedro y los primeros compañeros confiaron en la palabra de Cristo y echaron las redes y habiéndolo hecho recogieron una cantidad enorme de peces”. Esta expresión: Remar mar adentro se mete un poco en el lema del inicio del tercer milenio. Tenemos que tener esta valentía, esta audacia de lanzarnos partiendo del encuentro con Cristo que como con Simón, tiene que provocar en nosotros, tiene que dar frutos, en primer lugar un cambio radical en nuestra vida, una convicción que nos lleve a nuestra existencia de vida en comunión con el Señor y con los hermanos, sustentada cada día por la oración, por mesa de la palabra y la mesa eucarística, un encuentro con Cristo que debe suscitar en nosotros un dinamismo nuevo y tiene que ser la fuerza inspiradora en nuestro camino. Me quiero dirigir especialmente a los catequistas, ahí tienen que inspirar su misión, a partir del encuentro personal con Cristo. Esto vale no sólo para los catequistas, vale para todos nosotros, llamados todos a ser discípulos y misioneros de Jesús. Quiero terminar leyendo una frase de Juan Pablo II sobre la misma encíclica: “Remar mar adentro, esta palabra resuena hoy también para nosotros y nos invita a recordar con gratitud el pasado, a vivir con pasión el presente y abrirnos con confianza al futuro, Jesucristo es el mismo ayer, hoy y siempre, caminemos con esperanza”. Amen |
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Foto: Mons. Sergio Gualberti, obispo auxiliar de Santa Cruz (Archivo web)







