Homilía: El amor debe sentirse en la vida y en el crecimiento de la humanidad Imprimir E-Mail
cardenalterrazas.jpgFoto: Cardenal Terrazas archivo web
Maná 1.2.10.- En la homilía de este domingo 31 de enero el Cardenal Terrazas lamentó la cantidad de muertes de durante este mes se han producido en las carreteras de nuestros país, pidió tomar conciencia en este problema puesto que las carreteras no pueden ser vías de muerte sino de encuentro y vida. Entre otros temas recordó también que este próximo 2 de febrero se celebra la jornada de oración por la vida consagrada de religiosas y religiosas. Finalmente parafraseando la segunda lectura de San Pablo el Cardenal Julio recordó que el amor es la esencia y sentido de toda forma de accionar y actuar en nuestra vida, algo que va más alla de un simple sentimiento o simples acciones.
  El amor es vida y tiene que sentirse en la vida

Muy queridos hermanos y hermanas: Esa expresión evangélica: “Hoy se cumple todo esto en medio de ustedes”. La meditamos el domingo pasado, hoy Lucas nos trae en otro contexto, pero también  este domingo la palabra del Señor nos llega a nosotros para recordarnos que todo lo que El nos dice se realiza y acontece cada vez que nos reunimos sobre todo en el día del Señor, el día domingo.

 
Vamos a hacer una meditación, que, por supuesto, es casi una continuación de lo que hemos estado meditando los sacerdotes de Santa Cruz, Camiri y Ñuflo de Chávez en el retiro esta semana. Lo vamos a hacer llenos de gratitud y con renovado fervor, para que  todo lo que digamos y hagamos, sea el mandato del Señor que nos pide valentía y nos pide claridad en todo momento.

 
Nos preparamos también a dar gracias a Dios el día 2 de febrero por toda la vida consagrada en el mundo, es una jornada de oración por los religiosos y religiosas, por todos los que dejándolo todo quieren servir a Dios en sus hermanos; eso también es algo que tiene que ayudarnos a captar el sentido de este mensaje de hoy.

 
Y lo hacemos también con signos de muerte, con signos de desesperanza, en medio de dificultades y problemas, de dolores y sufrimientos, lo hacemos con pena, porque una vez más nuestras carreteras se han  convertido en lugares de muerte, creo que ya es hora de que se tome conciencia de este problema que un día nos deja seis muertos otros diez, otro ochenta heridos y cada día prácticamente nuestras carreteras producen muertes en lugar de encuentro y vida.

 

Nos duele y lo sufrimos también  todo lo que están sufriendo los hermanos y hermanas en el campo, la solidaridad tiene que ser espontánea y rápida para llevar todo lo que se necesita en aquellos lugares. Algo de ahorro del carnaval podría también destinarse a esta finalidad.

 

La vocación profética, de Jeremías… de todo bautizado

 

Qué nos dice el mensaje hoy en medio de tantas alegrías y tristezas; nos habla de un hombre, de un profeta. Jeremías, cuenta cómo el Señor lo eligió, lo consagró y lo mando a ser el profeta de todos los pueblos, de todas las naciones. Jeremías dice: “Me llegó la palabra, llegó la palabra directamente a mí, esa palabra que transforma, esa palabra que cambia, esa palabra que da rumbos nuevos cuando sobre todo estamos equivocados o da fervor nuevo cuando andamos disipados en las cosas pasajeras, rutinarias; acontece esa palabra en Jeremías y el Señor le dice: “Cuando estabas formándote en el vientre de tu madre,  yo te conocí, yo te elegí entonces” No es una elección que viene de ahora, no es circunstancial, está dentro de los planes de Dios, para poder reunir a los pueblos, enviar su mensajero, “Te elegí cuando estabas formándote en el vientre de tu madre, y te consagré” Es decir ya entonces te puse a un lado, entonces ya me reservé el derecho de enviarte donde yo quiera, para que digas todo lo que yo tengo ganas de decir a mi pueblo. Ahí está la vocación de Jeremías, vocación que de alguna manera tiene que repetirse en nosotros, porque en Cristo también se hizo realidad, todo bautizado debería sentir esa alegría,  el Señor nos ha mirado ya en el vientre de nuestra madre, nos ha elegido y nos ha consagrado, no para mirarlo, no para estar estupefactos delante de él, sino para anunciarlo con valentía y claridad, allí donde la oscuridad, el error puede culminarse en obras que destruye y que no llevan a la concordia y a la paz.

 

No tengas miedo, Yo estaré contigo!

 

Ármate  de valor, no les tengas miedo, son las palabras del Señor a Jeremías: “Ármate de valor, no les tengas miedo” porque si les tienes miedo, Yo mismo te haré temblar delante de ellos. Palabras fuertes, pero palabras auténticas, palabras verdaderas que sitúan eso que hoy llamamos el profetismo en la Iglesia, en una dimensión totalmente nueva, que no es una protesta oscura, que no es una protesta llena de odio, que no es una protesta sólo por pasar un momento  de moda o de alegría pasajera, sino es el ir con valentía a decir lo que Dios, el Padre, el Creador, el que nos ha redimido tiene un proyecto con cada uno de nosotros.

 

Te pongo como una ciudad fortificada, como una columna de hierro, como una muralla de bronce, esa es la fuerza que yo te doy, te van a hacer la guerra, no les tengas miedo, le vuelve a repetir el Señor, te van a combatir, ten confianza, yo estaré siempre contigo. Ese es el profeta que aparece en la persona de Jeremías. Ese es el profeta que ya de alguna manera encarnaba al profeta Jesús, del cual se nos habla hoy en el evangelio. “Hoy se ha cumplido todo esto en medio de ustedes”. La gente estaba contenta, la gente estaba feliz, el texto dice que lo felicitaban, lo abrazaban, estaban anonadados frente a palabras llenas de sabiduría, pero otros, porque no faltan también en esas multitudes, los que murmuran, los que critican, dicen: ¿No es éste el hijo del carpintero, no es éste el hijo de ese obrero, no es este pobre que lo conocemos todos? ¿de dónde tanta sabiduría, por qué viene a hablarnos así, quién lo manda, qué se cree? Es todo lo que está envuelto en esta expresión: “El hijo del carpintero, el hijo de un obrero. Y el Señor se adelanta y les responde: “Seguramente ustedes me van a decir: Médico, cúrate a ti mismo y si quiere que te creamos haz las mismas cosas que dicen que hiciste en Cafarnaúm, repite los milagros, los signos, haber, háblanos con claridad, resucita nuestros muertos, cura nuestros enfermos, soluciona todos los problemas que puedan encontrarse en nuestro medio. Jesucristo les va decir: “Ningún profeta es bien recibido en su propia tierra”. El no admite condicionamientos, ese es el profeta que está puesto allí como una muralla, como algo que nos va sostener constantemente, como alguien que ha sido enviado justamente para vencer el mal a través de su palabra, de sus signos, de sus acciones. Este es Jesús, el profeta, aquél que no se deja llevar por los halagos, por los aplausos, que no busca tampoco halagos y aplausos pasajeros y rápidos, no repite los mismos signos, no dice las mismas palabras, porque El no está en esa condición de verse obligado por algunos que piden signos milagreros, lo que El quiere es que se capte su mensaje, todo lo que ha venido a enseñarnos, para desbaratar aun aquellas cosas ocultas que tenemos nosotros en nuestras propias vidas.

 

La vocación profética no se sustenta en halagos y aplausos

 

Hasta allí parece que el Señor ha mostrado valentía, pero mucho más lo va mostrar en adelante cuando les dice: “Muchas viudas había en tiempos del profeta Elías y Elías solamente fue a encontrarse con una viuda pagana, muchos leprosos había en tiempo de Eliseo, pero él fue y solamente se preocupó de aquel leproso pagano”. Esto los enfureció, los llenó de bronca, de rencor. Aquellos que estaban objetando la misión del Señor no admitieron más que el Señor les diga: “Aquí se acabó el privilegio de unos cuantos, ya Dios no está encerrado en un solo pueblo, Dios está abierto a todas las naciones, aun las naciones paganas y por eso El se preocupa también de ellos y con amor y cariño los va llevar por el camino de la salvación.

 

Esta verdad provoca ira, rabia, tanta que lo agarran y lo llevan para empujarlo desde una montaña, pero el texto nos dice que El pasó y siguió su camino. Este es el profeta, no el que halaga, no el que dice palabras bonitas, tiernas, melosas, no el que presenta el mensaje como si fuera un caramelo, el que dice la palabra del Señor que dice: “Anda y di la palabra que yo te estoy diciendo y nada más y anda y dilo con valentía porque yo estoy contigo”. Esta forma de actuar, de hablar, es también un privilegio de toda nuestra Iglesia, todos los bautizados tendríamos esta capacidad y tendríamos que hacer los mismos signos que hizo el Señor. Hoy también el Señor se ocupa de los alejados, de los paganos, de los pecadores públicos, hoy también el Señor tiene su predilección por los que están en la cárcel a pesar de muchos los condenemos, hoy el Señor está en cada uno de esos niños que están en nuestros barrios o en nuestras calles a quienes se los saca por la fuerza para que nuestras calles vivan con tranquilidad. Es el Señor que está allí y nos dice: mientras no hagan algo por ellos, pueden pasarse toda la vida sentados en el templo, pero no va acontecer absolutamente nada, no va cambiar absolutamente nada en sus vidas.

 

Exigente la palabra del Señor y eso nos obliga a los cristianos a repensar nuestra manera de actuar. ¿Qué estamos haciendo de nuestro bautismo? ¿dónde realmente pronunciamos palabras de vida? ¿Nuestras familias siguen siendo el centro donde el Señor pueda hablar con claridad su mensaje para decirle que la familia es la defensora de la vida: No al aborto, no a la muerte provocada, no absolutamente a ese infanticidio que se está produciendo en medio de nosotros. La palabra profética del Señor no es una palabra para repetirla de memoria y en voz baja, es la palabra  que debe llevarnos al encuentro con el otro, pero un encuentro en la justicia, en la verdad y en el amor.

 

El amor es el fundamento del accionar cristiano

 

Y es esto lo que Pablo va recordar a su comunidad, el amor, si no existe el amor estamos perdidos. Cuando no hay amor reina el odio, cuando el amor es tibio vienen las rivalidades, las susceptibilidades, no hay nada que se pueda hacer, porque siempre la desconfianza estará a la puerta de cada una de las acciones que se puedan producir. El amor tiene que manifestarse en la solidaridad con los hermanos de Haití, con los hermanos de América Latina que están sufriendo, con los hermanos y hermanas de nuestro país. Es por amor que nos preocupamos, no por hacernos propaganda ni para que digan ¡qué buenos, qué sensatos, cómo se acordaron de nosotros cuando nadie piensa en ellos, no, nosotros tenemos que hacerlo por amor y Pablo nos va recordar en qué consiste esto y nos va puntualizar que si no hay amor no vale absolutamente nada de lo que hagamos, podemos hablar lenguas, podemos hacer milagros, podemos decir profecías, podemos cantar cualquier cosa, si no hay amor no hay nada, dice Pablo, yo nada soy, Señor, si no hay amor, esa es la base, ese es el profetismo que hoy día necesitamos implantar, ese es el profetismo al que está llamado de manera especial dentro de la Iglesia, la vida consagrada, a enseñarnos que con amor se puede absolutamente todo y que con odio, por muy lindas que sean las ideas no terminan de cristalizarse en relaciones humanas, sino que se van creando mayores dificultades y diferencias entre los grupos.

 

El amor es el que da la pauta de cómo tenemos que vivir, el amor todo lo soporta, todo lo perdona, todo lo olvida, el amor es sufrido, el amor es compasivo y toda esa lista que nos da Pablo y que hemos escuchado con tanta atención; todo esto hace cambiar las relaciones, hace cambiar la vida misma de los pueblos; este es el profetismo que necesitamos hoy recordarlo si queremos paz, si queremos justicia, si queremos amor entre nosotros o solidaridad, pongámonos a disposición de estos frutos del espíritu, del espíritu de Dios que es amor. Y sepan, dice Pablo que este es el camino más fácil para llegar a Dios. La fe, la esperanza van a pasar, pero el amor permanecerá siempre. Dios es amor y a nosotros nos toca ir a ese Dios ya cargados de experiencias de amor y no con heridas de odios y rencores.

 

Cuando era niño hablaba como niño, razonaba como niño, dice Pablo a su comunidad, ya creo que todos podemos decir lo mismo, cuando éramos niños hablábamos como niños, razonábamos como niños, quizá con mucha inocencia, pero ahora que somos grandes esperamos las cosas mejores, deseamos que todo acontezca tal como lo desea Dios, nuestro Padre, para nuestro propio bien y para el bien de toda nuestra gente, de todos los que nos rodean.

 

Hermanos y hermanas, el país necesita esta palabra con mayor necesidad, necesita porque es urgente que se viva el amor, el amor no es carnaval, no se reduce a una alegría pasajera, no es una peregrinación a un santuario que uno hace una vez al mes o dos veces al año, no es una sarta de oraciones dichas de memoria, el amor es vida y tiene que sentirse en la vida y tiene que sentirse en el crecimiento de la humanidad, porque cuanto más amor tengamos, más humanos somos y mejor servimos a nuestros pueblos y mejores esperanzas les damos de que no se está buscando la destrucción de nadie, sino el perfeccionamiento de todos para el bien de todos.

 

Que esta palabra del Señor, palabra profética mostrada en Jeremías, palabra del profeta Jesús, palabra de Pablo a su comunidad para recordarles cómo hay que actuar, que esto sea el marco de la reflexión de estos días para que podamos aportar a la concordia y a la paz en nuestro país con palabras de vida y no tantas palabras llenas de falsedades, muchas veces de mentiras. AMEN!
---xxx--

 
< Anterior   Siguiente >