María, la dichosa, la feliz Imprimir E-Mail
senoralapaz.jpgFoto: Imagen de Nuestra Señora de la Paz
Maná 20.1.10.- La vida de María, a través del Evangelio se nos refleja como una vida esencialmente humana, plenificada por su relación con Dios y los seres humanos. No es, pues, de extrañar, que no falten las dificultades y penas, pero posiblemente balanceados, como en nuestra propia vida, por las alegrías y momentos de felicidad que toda persona tiene también.

Y María Santísima fue profundamente feliz.
En el evangelio, María es saludada por Isabel, la madre de Juan el Bautista, como "la dichosa, la feliz, la bienaventurada" por su fe, por su completa disponibilidad al plan de Dios. San Lucas nos trasmite las palabras que Isabel (representa al Amtiguo Israel): !Dichosa tú que has creído! Porque lo que te ha dicho el Señor se cumplirá! (Lc 1,45)


Dios ha hecho grandes cosas en ella. Dios que respeta la libertad, nos ofrece su ayuda para que libremente aceptemos o no sus dones; los matemos o los hagamos fructificar. Pues bien: la vez que se le dice en el Evangelio a maría "bienaveturada", "feliz", no se mira tanto como fundamento de esa felicidad lo que Dios ha hecho, como la libre correspondencia de María que concretamente por su entrega de fe le ha facilitado a Dios realizar todo eso en ella.


Por su fe, es feliz y bienaventurada. Y por esta razón su felicidad que hunde sus raíces en Dios, es una vida no ajena al dolor y a las agitaciones y sobresaltos huamnos, se mantiene en el fondo de su der. Es feliz por esa fe que se traduce en una entrega de fidelidad continuada. Es la felicidad de que nos habla Jesús, al responderle a aquella mujer que en medio de la multitud grito: !Feliz la que te dio a luz y te amamantó! !Felices, respondió Jesús, sobre todo los que
escuchan la palabra de Dios y la ponen en práctica! (Lc 11, 27-28)

La fiesta de "Nuestra Señora de la Paz", inculturada en la fiesta de Alasita, nos invita a examinarnos qué es lo que nos hacce sentirnos felices y qué es los que nos quita la alegría, lo que nos hacce que nos sintamos "completamente desdichado". Esto exige una revisión a fondo de nuestro corazón. Y, posiblemente, reformar nuestra escala de valores en la vida práctica. Ante Jesús y su Madre prguntémonos: ¿Qué significa felicidad para mi?, ¿qué significa ser feliz en el Evangelio?

 
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