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mensaje semanal de Mons. Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M. El ponerse Jesús en las filas de los pecadores que acudían a Juan es una muestra de la solidaridad y cercanía, que lo largo de su vida tendrá en el trato a los pecadores. Aunque no es el sacramento que recibimos nosotros, es el prototipo de nuestro bautismo como lo expresa el prefacio de la eucaristía de hoy: “en el Bautismo de Cristo has realizado signos prodigiosos para manifestar el misterio del nuevo bautismo”. Este hecho de la vida de Jesús, el bautismo en el Jordán, nos lo cuentan los cuatro evangelistas. Lucas, cuyo evangelio se lee hoy, expresa la importancia que Juan da a quien vendrá después de él, y que “bautizará con Espíritu Santo y fuego” y no solamente con agua, como él hacía. El bautismo lo recibimos en el nombre del Padre, del Hijo y del Espíritu Santo, o sea, empezamos la vida en Dios, somos constituidos en hijos de Dios. Somos introducidos en la esfera de la familia de Dios “hijos de adopción, renacidos del agua y del Espíritu Santo” (Oración colecta). Esta fiesta es una epifanía, es la “teofanía trinitaria”. Lucas nos dice: “bajó el Espíritu Santo sobre él en forma de paloma, y vino una voz del cielo: Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto. Cristo que era Dios y hombre, queda como investido en su naturaleza humana Hijo predilecto. Enviado de Dios y el Ungido por el Espíritu. Esta “teofanía trinitaria” que se ve en el bautismo de Jesús, es una revelación que no se conocía por los judíos. Es precisamente aquí, donde se inicia la manifestación trinitaria, que Jesús constantemente con sus enseñanzas irá enseñando una y otra vez, sobre todo en el Evangelio de Juan. Aunque Dios fue revelándose al pueblo de Israel como vemos en los libros del Antiguo Testamento, es reservado a Cristo la gran revelación de que Dios siendo uno, es a la vez tres. Dios es tres en uno. Aceptar este misterio es lo que realmente nos diferencia a los cristianos católicos de tantas religiones. Por ello, no se puede considerar cristiano, o sea, discípulo de Cristo, a aquel que no cree en el misterio de la Santísima Trinidad. El Bautismo de Jesús – vuelvo a repetir que no es el sacramento del bautismo - es como la presentación en sociedad, como la proclamación pública de que era el Mesías, tanto por la voz del Padre, que se oyó en todo el Jordán, como también por la confesión de Juan el Bautista que se sintió indigno de echar el agua, “¿Tú vienes a mí? Soy yo quien necesita ser bautizado por ti”. (Mt. 3,14). ¡Qué admirable! ¡ Qué incomprensible!. El Hijo de Dios se tiró al agua. Ninguno de nosotros le hubiéramos sugerido a Dios Hijo que se manifestara de esa forma. Pero, ahí está Dios mismo hecho hombre que empieza su manifestación en un acto humillante. Se proclama que es Dios en un rito de penitencia como miembro de la humanidad pecadora. Juan lo ha expresado muy bien “Soy yo quien necesito ser bautizado por ti” (Mt. 3,14). Jesús es Dios aunque tenga la naturaleza humana, no necesita purificación, conversión. Cristo nos enseña a ser humildes, a acercarnos a los demás. Sólo así podemos ser discípulos misioneros, solo así podremos ser salvados y ayudar a salvarse a los otros. No es correcto exigir cambio o conversión a otro si uno mismo no cambió para ser buen discípulo de Cristo. No podemos esperar que cambien los demás para llegar a ellos con el mensaje del Evangelio. Cristo no esperó que la humanidad fuera santa, sin pecado, sino más bien vino hacia ella para purificarla, salvarla. Será bueno y fecundo que recordemos que el pecado o pecados cometidos después del bautismo se perdona por el sacramento de la reconciliación o penitencia, llamado por los padres de la Iglesia de los primeros siglos el “Bautismo penoso”. |
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Mana 11.1.10.- Con la fiesta del Bautismo que celebramos hoy, finaliza el ciclo de Navidad. El Bautismo de Jesús da inicio a su misión pública, recibe la confirmación oficial de ser el Hijo de Dios, el esperado de las naciones. Es una fiesta también de revelación, de epifanía, pues el humilde carpintero de Nazaret es, ni más ni menos, que el Hijo de Dios: “Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto”.







