Santa Cruz Homilia: Dios no hizo la muerte ni se alegra destruyendo Imprimir E-Mail
Sistema Maná 29.6.09.- Muy amados queridos hermanos y hermanas: Dios no hizo la muerte, ni se alegra destruyendo. Esta primera palabra del Señor en este domingo tenemos que meditarla con reverencia y con gratitud.

 Por fin encontramos a alguien que no piensa en la muerte, que no tiene por finalidad sangre humana, alguien que no destruye, sino que trata de levantar a todos, para que entre todos defendamos todo aquello que El Señor nos ha dado; para que el pueblo tenga vida; ese el mensaje central de hoy con Dios que ama la vida, acaba de decirlo el Santo Padre en Roma: “No podemos dejar de meditar este día en este Dios que se distingue de tantos otros dioses que buscan muerte, que provocan guerras, que están siempre haciendo pasar hambre a sus pueblos mientras sus arsenales se van llenando de armas modernas.no

 

Nuestro Dios no hizo la muerte, la muerte la hicieron, aquellos que siguieron al maligno; esa es la primera palabra del libro de la sabiduría. Qué palabras tan hermosas en vísperas de dos grandes acontecimientos: mañana es la fiesta de Pedro y Pablo y de manera especial en Bolivia es la fiesta del Santo Padre, de nuestro Pastor universal, de ese hombre que  con sencillez, diciéndonos de que siendo la vida lo que le interesa a la Iglesia no tenemos porqué buscar otras cosas; por la vida es que tenemos que entregar la nuestra para que todos puedan vivir en paz y en justicia.

 

La fiesta de Pedro y Pablo

 

La fiesta de Pedro y Pablo, tan querida en muchos  de nuestros pueblos y parroquias tiene que llevarnos a comprender, que sólo quien vive el amor puede entregar su vida, quien se deshace del amor se llena de ganas de terminar con la vida de los otros o con destruir.

 

El Santo Padre, ha hecho una alusión de que el día de mañana tenemos que clausurar el año Paulino, el año que hemos dedicado a la gran figura de Pablo, el discípulo, el predicador, el que ha conformado muchísimas comunidades, muchísimas Iglesias, el que ha  sufrido, pero el que siempre ha tenido como norma a Cristo el Señor: “mi vida y mi esperanza”, como lo afirma Pablo.

 

Terminamos el año Paulino, pero el Papa dice: Todo el fervor y la corriente de Pablo tiene que ser asumida por los sacerdotes hoy, porque los sacerdotes tienen esa misión, llevar a Cristo, predicar, anunciar, defender la vida, santificarse con el pueblo, para que el pueblo sea capaz de estar siempre mirando al resucitado, a aquél que ha venido de lo alto para no permitir que sigamos arrastrándonos por la violencia del pecado.

 

Las lecturas y el evangelio, son un signo de ese amor preferencial de Cristo, la vida. Ese gobernador que se acerca y le dice: “Señor, mi hija se muere, anda le vas a imponer las manos y eso será suficiente, para que viva” y El Señor se dirige a la casa de este hombre, que no era creyente, de este hombre que no pertenecía al grupo de los buenos judíos. El Señor acepta la invitación de ir a su casa, primera impresión, al Señor le interesa la vida, la vida de alguien que está en peligro, sin fijarse quién hace el pedido, sin fijarse qué es lo que ha hecho de bueno, sin fijarse si está entre el numero de los predilectos; la vida está en peligro y el va ir  allá para subsanar ese problema.

 

En el camino otro signo de vida, la mujer enferma, aquella que tenía miedo porque ya llevaba muchos años con una enfermedad que según la tradición de entonces y por la falta de medicinas se creía una impureza, algo malo, no tenía que estar en el grupo, no tenía que seguir al Señor, pero ella llena de confianza y de fe dice: “Si al menos le toco algo de su vestido seguramente me voy a  sanar” y fue así y El Señor va a identificar a esa mujer, porque devolver la vida en primer lugar es devolver la identidad, una mujer despreciada, marginada, alguien que no podía hablar con los demás, toca al Señor y siente que se sana y El Señor aprovecha ese momento porque salió de Él algo como una virtud fuerte, y dijo quién me ha  tocado, los discípulos por supuesto que dicen “si hay tanta gente”, sin embargo la mujer llena de humildad le dice: “He sido yo Señor”. Ningún reproche, ninguna palabra de desaliento, al contrario queda sana. Jesús le dice “tu fe te ha salvado”. Vamos viendo estos dos ejemplos que la fe es la base, el hombre tenía confianza en El Señor, esta mujer no dudaba un solo instante de que El Señor le iba a hacer el bien, esa es la fe, esa es la fe que tenemos que manejar todos, que tenemos que cultivar todos, es la fe que nos hace ponernos en brazos de Dios, en brazos del Hijo de Dios.

 

Y sigue su camino el Señor y llega a la casa  donde estaba la niña enferma y salen todos a decirle al dueño de casa, no molesten más al maestro, la niña ha muerto y unos gritaban, otros lloraban, igual que en muchos de los acontecimientos que nos tocan vivir cuando hay muerte, cuando hay violencia; griteríos, llantos, llantos a veces de gente pagada para que llore, para que exprese que hay algo de dolor. Y El Señor le dice: La niña está dormida, no ha muerto, y se ríen algunos ¿Acaso no es este el espectáculo que notamos también en nuestro medio? Cuando hay un accidente gente que llora, otros que gritan y otros que se ríen, es el espectáculo de un mundo que ha perdido la fe, es el de un espectáculo de un mundo que no cree más en la vida, para unos es la destrucción total, para otros es la separación definitiva, para otros es motivo de risas, de celebraciones. El Señor entra a la casa, con Pedro, Santiago y Juan, el papá y la mamá, la toma de mano y le dice: “niña, yo te lo mando: ¡levántate!, y se levantó y comenzó a marchar, y comenzó a correr y se las devuelve a los padres y ahí está la palabra maravillosa del Señor, ¡denle de comer!, alimenten a esta niña, no basta pelear por la vida, hay que dar los medios para que esa vida se mantenga, crezca y sea útil.

 

El alimento y la libertad que hace falta hoy

 

No basta liberarnos por la fuerza de ciertos crímenes que se van cometiendo, hay que ir curando las causas. El porqué de tanta criminalidad, no basta aumentar nuestras cárceles, hay que ver qué alimento necesitan aquellos que han optado por la muerte, por el crimen, por el atraco, aquellos que ya no respetan ni a sus hijos y los matan, aquellos que ya no respetan a sus esposa y la matan, aquellos que realmente están buscando sólo las obras de las tinieblas, ¿Qué alimentos hay que darles? El alimento de la fuerza no sirve, no basta, no es absolutamente necesario, pero el alimento de la fe, de hacer que la fe sea actuante, que la fe lleve al respeto de Dios y de la persona, el alimento de la palabra de vida, de la palabra de amor, de la amistad que tenemos que pronunciar todos, en todo momento; el alimento material también , porque hay muchas causas, muchas cosas que se hacen, porque hay hambre, aunque algunos lo nieguen, aunque algunos no lo quieran ver, aunque algunos piensen que ya hemos entrado a la época de un desarrollo tal, que todo el mundo está satisfecho. Hay hambre en nuestros niños, en nuestros campos, en nuestras familias, en esa gente que no tiene trabajo, en esa gente que tiene que vender su propio cuerpo, para poder tener algo de alimento.

 

 

Todo eso nos toca a nosotros solucionar como creyentes, darles de comer, y lo primero la fe, cultivar la fe, la fe nos lleva al respeto de la vida, una vida sin fe es una vida truncada, es una vida que no tiene horizontes claros, es una vida que puede ser manejada y manipulada al gusto de aquellos que manejan los poderes o que manejan el dinero.

 

Hermanos y hermanas, dar la vida, supone que tenemos que vivir en una solidaridad extraordinaria, frente a los hechos que estamos sintiendo ahora, 120 enfermos de esta gripe que tanto está preocupando, la mayoría en nuestro  ambiente, es una amenaza a la vida, es una verdadera amenaza a la vida del pueblo, por eso es que tenemos que acudir a cuidarnos, a ser solidarios, a no decir a mí no me toca nada, a todos nos puede tocar, pero entre todos podemos poner freno, no sólo los prohibitivos, sino aquellos propositivos donde nos esforcemos todos por ser modelos de vida, modelos de disciplina, modelos de orden, modelos de limpieza en todos los ambientes donde vivamos.

 

La seguridad que hace falta

 

¿Cómo podemos ayudar para que la criminalidad termine, para que se acabe esa  inseguridad que ha llenado de terror y de miedo a nuestras ciudades, especialmente  nuestra ciudad de Santa Cruz?, agradecemos que se preocupen por dar más medios a quienes tienen la obligación de buscar la seguridad para todos, pero la seguridad también está en nuestras manos, hombres y mujeres de fe, tenemos mucho más que una metralleta en la mano, tenemos la capacidad de ir disuadiendo   a quienes  piensan en el mal a que no se comprometan con los hijos del maligno y se hagan solamente agentes de muerte. Tenemos que trabajar desde la fe para ayudar a esos grupos que han perdido la noción de la vida, esos grupos que se organizan sólo para matar, tenemos que ayudarles de una forma a que comprendan  que aquí en medio de nosotros hay espacios para la honradez, hay espacios para la solidaridad, hay espacios para sentirnos hermanos, para perdonar nuestras culpas, nuestros delitos, y nuestros errores.

 

Tenemos que caminar por allí como hombres y mujeres de fe, nuestra juventud. Hasta hace poco nos asustábamos porque habían dos o tres grupos dedicados a la delincuencia, hoy se han multiplicado; tenemos que ser también audaces para oponernos a la muerte, no basta decir que nosotros defendemos la vida y mañana estamos entre los que linchan y pasado estamos haciendo que realmente se cometa este crimen que nos alegra porque ha encontrado un enemigo.

 

Tenemos que ser defensores de la vida así como el Señor, acercarse al que está muerto o muriendo para levantarlo, curar a aquél que pasa desapercibido y hacerlo con claridad y valentía, porque hay muchísima gente que hoy está en la delincuencia porque nadie lo saluda,  nadie lo quiere, nadie le expresa una apalabra de amor, todos piensan cómo reprimirlos, todos buscan medios para arrinconarlos; si estos hermanos y hermanas nos están escuchando, deberían sentir hoy que nosotros como creyentes desde nuestra fe, deseamos estar con ellos, para ayudarles a reincorporarse al cuerpo de la vida, al cuerpo del Señor.

 

La solidaridad

 

Pablo, hombre realista, le va pedir a la comunidad de Corinto que sea solidaria, y va comenzar diciéndoles, ustedes sobresalen en todo, ustedes, mi comunidad, mis discípulos, ustedes que me escuchan constantemente sobresalen en todo, tienen una fe firme, tienen un compromiso claro, tienen un conocimiento sin lugar a dudas, tienen un gran cariño a sus pastores, a ustedes yo los invito a que sean solidarios de verdad; invitaba entonces Pablo a hacer una colecta por las iglesias hermanas más pobres. Hoy necesitamos nosotros ser solidarios por nuestra fe, por nuestros conocimientos, por nuestro gran afecto al Señor y a nuestra Iglesia ser solidarios con aquellos que están caídos, con aquellos que están pisoteados, con aquellos a quienes se los arrincona como si fueran leprosos.

 

Tenemos que ver, cómo abrir caminos, cómo crear fuentes, cómo extender la mano a todos esos hermanos. Esa es parte de nuestra misión, queridos hermanos. Ahora que estamos hablando, discípulos misionero, escuchamos al Señor con claridad lo que nos dice, pero la misión para nosotros está en nuestra puerta, está en nuestra ventana, está allí por donde pasamos, está en nuestros barrios, está en nuestros campos, está en los grupos que no saben de Dios y en aquellos que se reúnen para combatir a Dios, allí está el campo del  verdadero discípulo que va llevar este mensaje de paz y de amor a todos.

 

Hermanos y hermanas, En el Corpus hemos dicho Cristo, pan de vida, para la misión, nuestra eucaristía, es el momento de tener contacto con ese pan de vida, con esa fuerza del Señor, con ese espíritu que El nos da, sigamos con optimismo y esperanza haciéndonos discípulos misioneros, pero sobre todo, comencemos a actuar allí donde el Señor nos ha puesto, en la familia, en los barrios, en los campos, en las ciudades,  en los momentos en que nadie habla de la vida y de la esperanza, a nosotros nos toca ser vida y esperanza para todos.

 
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