Albó: Mi muy querida Domitila

Iglesia Viva 19.3.2012// Hace unos días Ivonne me llamó y me dijo: ¡la Domitila está muy mal! Era el final de tu cáncer y tantas otras dolencias que se te han ido acumulando por más de dos décadas. El pasado viernes 9, tuve la alegría dolorosa de saludarte siquiera unos minutos en el hospital Viedma.
por Xavier Albó SJ

Me miraste, en medio de los tubos que aún te permitían respirar. Me apretaste varias veces la mano. Tus ojos se posaron en el póster de nuestro querido compañero Lucho Espinal que ahí dejé para que te confortara.

El calvario de Lucho fue violento, rápido. Terriblemente prematuro. Has muerto apenas diez días antes del 32º aniversario de su martirio. Tu calvario y vía crucis, en cambio, ha durado una larga vida, con momentos de brutal violencia, cárcel y tortura, durante tu lucha desde el Comité de Amas de Casa, que cuentas con tanto detalle y franqueza en tu testimonio Si me permiten hablar…

Acabo de repasar todo lo que sufriste y cómo fuiste creciendo, resucitando una y otra vez en medio de tormentos físicos y psicológicos inimaginables, para forjarte con un compromiso y coherencia en que todos deberíamos imitarte siquiera un poquito. Me he detenido en tus relatos de cuando te detuvieron por segunda vez, por los golpes perdiste el hijito de tu vientre, te buscó la mano solidaria de un compañero, igualmente preso y torturado, cuyo nombre nunca supiste ni él supo el tuyo (págs. 154-171).

Pero tu vida ha tenido también momentos reconfortantes y de alegría. Nos tocó vivir juntos uno de esos que, gracias a ti y a las otras cuatro mujeres mineras (Aurora de Lora, Nelly de Paniagua, Angélica de Paniagua y Luzmila de Pimentel, con sus 16 hijos) se puso en marcha contra viento y marea y más allá de sofisticados cálculos políticos, en los días de Navidad de 1977. Empezaron, nada menos que en la propia casa de Monseñor Jorge Manrique, un arzobispo que era todo corazón para los mineros, el 28 de diciembre, ¡Día de Inocentes!

En el apartamentito apretado de la Asamblea Permanente de Derechos Humanos, tú viniste a convencernos para que organizáramos rápidamente algo bien solidario para que esta iniciativa no quedara ahogada por las fiestas. Así lo hicimos y surgió el 2º piquete, en el periódico Presencia, el último día del año, bajo tu batuta y la de mi compañero jesuita Lucho Espinal. Tú eras el puente entre los dos grupos. Con nuestra presencia en Presencia era ya imposible ocultar el movimiento. Esta segunda chispa facilitó expandir el fuego por todo el país y darlo a conocer al mundo. A los 15 días, los hambreadores ya pasaban de 1.200. Y el intento de la dictadura de deshacer el movimiento por la fuerza no hizo sino darle el vigor final, que fue desencadenando sucesos en zigzag hasta restablecer la democracia después de 15 años. Aquellos 19 días juntos nos marcaron para siempre. Como decía Lucho Espinal, ustedes cinco, y tú en particular, nos cuestionaban a nosotros, “pequeños burgueses”, simples aprendices de lo que era la vida cotidiana de ustedes.

Estos tiempos de democracia, por mucho que tengan también sus estridencias y altibajos, no llegan a las brutalidades de entonces. Pero seguimos necesitando gente de tu calibre para seguir soñando y encarrilando ese proceso todavía frágil. ¡Que retornes tú, también, hecha millones!

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