Saludo del Cardenal Julio Terrazas a la XCIV Asamblea de Obispos

Cardenal3Muy apreciados y queridos hermanos Obispos;
Hermanos todos presentes en ese espacio privilegiado, destinado a diseñar el horizonte de nuestro servicio pastoral.

A todos les deseo la paz, la vida y el amor de Cristo, de quien nada ni nadie nos puede separar.
En esta circunstancia me encuentro atrapado por dos sentimientos muy profundos:


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- Por un lado, la alegría de sentirme presente en medio de ustedes a través de estos instrumentos de comunicación y así experimentar el gozo de las grandes celebraciones de nuestra Iglesia, vividas en comunión fraterna. Así son el año de la Fe, el cincuentenario del inicio del Concilio Vaticano II, los servicios de la Conferencia Episcopal Boliviana durante cinco décadas, el Sínodo universal que acaba de finalizar en Roma y además el sentir de manera tan cercana la presencia del Papa Benedicto XVI al regalarnos dos nuevos obispos para Bolivia.
- Por otro lado, un cierto pesar por no poder estar presencialmente en todos los momentos de nuestra Asamblea, para edificarme una vez más del espíritu de servicio que caracteriza el accionar de cada uno de ustedes. Siento de veras no poder unirme a la acción de gracias por el aniversario de nuestra Conferencia. Lo haré en la oración pensando siempre en lo que toca realizar en el futuro, más que un recuerdo nostálgico del pasado. La Pascua del Señor nos impulsa a estar siempre en marcha hasta la liberación final.
Nuestra Conferencia comenzó su caminar bajo el impulso del espíritu de renovación del Concilio Vaticano II. Este acontecimiento, así como el ejemplo de lucidez del Papa Juan XXIII, Pablo VI y de los Padres conciliares, marcaron el compromiso de la Iglesia en respuesta a los nuevos desafíos en la proximidad del tercer milenio.
Fue realmente un Nuevo Pentecostés para nuestra Iglesia que se redescubre como Pueblo de Dios, comunión y participación de todos los bautizados, Iglesia que se reapropia de la Palabra de Dios, Iglesia que palpita con las alegrías y esperanzas, tristezas y sufrimientos del mundo entero.
Nos tocó recorrer este camino junto a nuestras hermanas Iglesias de América Latina y el Caribe. No nos hemos limitado a acatar el Concilio, sino que lo hemos releído y vivido a la luz de la realidad desconcertante de nuestro continente mayoritariamente cristiano y al mismo tiempo ostentando dependencias y grandes injusticias; hechos en escandalosa contradicción con el Evangelio.
Nos sentimos orgullosos como Conferencia Episcopal Boliviana de haber sido parte activa en la manifestación del Reino de Dios, buscada con audacia misionera por las Conferencia Generales del Episcopado Latinoamericano y del Caribe, que han animado el surgir de una Iglesia con rostro, iniciativas pastorales y pensamiento teológico propios para fortalecer el espíritu y la entrega en la labor evangelizadora.
Solo gracias a nuestra unidad, la CEB ha podido ofrecer grandes servicios a todas nuestras jurisdicciones eclesiásticas, marcando el itinerario pastoral con líneas comunes de acción y brindando apoyo concreto con los servicios de las Áreas y Comisiones pastorales. Entre sus opciones destacadas ha sido el apoyo incondicional a nuestros presbíteros, a la vida consagrada y al despertar vocacional. De la misma manera ha urgido la participación de los laicos en la Iglesia y la sociedad, ha fomentado el surgimiento de las Comunidades Eclesiales de Base, ha reforzado la opción afectiva y efectiva por los jóvenes, por las familias y preferencialmente por los pobres.
Nuestra Conferencia no ha estado al margen de la vida del país, caracterizado por un lado por graves problemas sociales, entre ellos la pobreza y manipulación de amplios sectores de la sociedad y por el otro por el arduo camino en la construcción de una democracia real, estable y madura.
Tampoco lo puede estar ahora y eso nos pide actitudes de servicio clarividente y oportuno, ante nuevos hechos que atentan a la dignidad, a la libertad y a la vida misma de los bolivianos.
- Se da una expansión del narcotráfico que corroe el espíritu de nuestro pueblo y hace estragos en nuestra juventud.
- Se propala con facilidad que los hechos criminales se solucionan multiplicando cárceles o, lo que es peor, tratando de imputar crímenes a menores de edad, a quienes en cambio, se les debe educación para la libertad y responsabilidad y no forjar generaciones sometidas al temor.
- La Justicia en el país sigue mostrando formas y rostros de un pasado de manipulación y de amedrentamiento: es inhumano ver a personas respetables, ancianos, o enfermos, tratados como condenados sin haber sido siquiera juzgados. En todas las leyes es necesario privilegiar el principio fundamental de la presunción de inocencia de una persona.
En este escenario, urge orientar a todos en la búsqueda de una amnistía fruto de la justicia y un medio que dignifique a los privados de libertad.
En pocos días más, estamos llamados a participar del Censo Nacional. A pesar de que adolece de limitaciones, nos corresponde animar a todos los ciudadanos a que respondan con objetividad y responsabilidad, y confiamos en la transparencia con que se espera utilicen los datos requeridos.
Que en nuestra patria se sienta nuestra presencia de pastores que se dejan guiar por la Palabra del Evangelio y de la Doctrina Social de la Iglesia.
Sigamos promoviendo y defendiendo los valores humanos y cristianos, la dignidad humana sin discriminación alguna, la libertad, la justicia, la verdad, la solidaridad, la reconciliación y la paz.
Sigamos firmes también en la promoción de la reconciliación, raíz profunda de la pacificación que tanto anhela nuestro pueblo.
No podemos dejar de contribuir con obras e iniciativas de servicio a los sectores más vulnerables que nos rodean tanto en las ciudades como en el campo.
El futuro pastoral lo asumimos con la voluntad expresa de iluminar la vida y la conciencia de nuestros fieles. Todos los medios servirán para encarnar la Palabra de Dios en una realidad a menudo conflictiva y desafiante.
Es el Señor, que nos llama y envía a anunciar a “tiempo y destiempo” el Evangelio de la Vida y del amor.
Nuestro propósito es dejarnos impulsar por la orientaciones de Aparecida, las exigencias del Año de la Fe y la audacia de la Nueva Evangelización.
Tarea ardua la que nos espera, pero no olvidemos que el Señor de la historia sigue acompañando a su Iglesia con la fuerza y acción de su Espíritu.
Que María nuestra Madre, nos asista en estos días de trabajo intenso para guiar a nuestras Iglesias peregrina en Bolivia.

 

Gracias hermanos obispos.

Cardenal Julio Terrazas
Presidente de la CEB
Arzobispo de Sanra Cruz de la Sierra

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