Escuchar a Jesús y evitar a los charlatanes

Iglesia Viva 29.01.2017. Fue el pedido de Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz, a tiempo de comentar las lecturas de este domingo en la homilía pronunciada desde la Catedral de San Lorenzo en la ciudad de Santa Cruz. Para Mons. Gualberti la autoridad de Jesús viene de su coherencia de vida y de su vocación de servicio por amor a los más despreciados.

HOMILIA DE MONS. SERGIO GUALBERTI
DOMINGO 28 DE ENERO DE 2018
CATEDRAL DE SAN LORENZO MARTIR SANTA CRUZ

Moisés anuncia la venida de Jesús
“El Señor, tu Dios, hará surgir un profeta de entre ustedes…”. Moisés hace este anuncio a los israelitas que, después de 40 años en el desierto están por entrar en la tierra prometida; palabras que marcarán profundamente toda la historia del pueblo de Israel hasta la venida de Jesús, aquel que cumplirá a plenitud esa promesa.

El profeta anuncia al pueblo la palabra de Dios
Moisés define la figura y la función oficial de un profeta en el pueblo de Israel, como hombre elegido por el Señor para una misión precisa: “Pondré mis palabras en su boca y el dirá todo lo que yo ordene”. Dios pone sus palabras en la mente, corazón y boca del profeta para que las comunique fielmente al pueblo, sea su portavoz y ponga su vida a disposición del Señor. Los profetas se vuelven la conciencia del pueblo de Israel, la voz que apremia a preservar en la fe en el Dios verdadero y a cumplir con fidelidad la alianza, con una palabra siempre oportuna que ilumina, anima, corrige y también fustiga según las diversas circunstancias.

Los profetas anuncian al mesías y denuncian los poderes opuestos a Dios
Un tema central de la predicación de los profetas fue la de avivar la esperanza en Israel con el anuncio de la venida del Mesías, el enviado de Dios con la misión de liberar de la esclavitud del mal y del pecado, instaurar la nueva y definitiva alianza y traer la salvación. En el cumplimiento de su misión, los profetas se metieron en la vida del pueblo denunciando con valentía las injusticias e idolatrías de los poderes políticos, militares, económicos y religiosos que se oponían al señorío de Dios.

Jesús no es sólo el portavoz, es la Palabra de Dios
Todos los profetas se caracterizaron por su total libertad frente a esos poderes, por su capacidad de discernimiento, su palabra penetrante y su fuerte carisma personal.
Pero Jesús será el profeta por excelencia que cumple a plenitud esa promesa. Jesús no sólo es el portavoz de Dios, sino que es la misma Palabra de Dios hecha carne, la palabra definitiva, en la que se revela y realiza el proyecto salvífico de Dios sobre la humanidad.

Jesús enseñaba con autoridad en la Sinagoga
Una significativa muestra de la misión profética de Jesús la tenemos en el evangelio de hoy: “Jesús entró en Cafarnaúm, y cuando llegó el sábado, fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.”

Jesús enseña a vencer el egoísmo y al mal con amor
La gente se sorprende porque Jesús predica y enseña como un maestro con autoridad y lleno de sabiduría: “una nueva doctrina enseñada con autoridad”. La gran novedad está en el amor, la única fuerza que vence al egoísmo y al mal y que capacita a entregar la vida por el Reino de Dios.
Jesús fascina y atrae con el testimonio del amor y la coherencia entre su manera de ser, predicar y actuar como Profeta en total comunión con el Padre.

El maligno reconoce en Jesús el único que lo puede vencer
“Había en la sinagoga un hombre poseído por un espíritu inmundo”.El espíritu inmundo es el maligno que domina y esclaviza ese hombre y que, sin embargo, reconoce en Jesús el único que lo puede vencer: “Ya sé quién eres: el Santo de Dios”. Jesús es exactamente la fuerza opuesta del espíritu maligno, es el “Santo” y como tal se le confronta directamente: “Cállate y sal de este hombre… el espíritu impuro salió de ese hombre”. La palabra de Jesús a favor del poseído tiene poder y el maligno lo deja, manifestando así que predica y actúa como el Profeta con poder de liberar al ser humano de todo mal y pecado.

Jesús abre las puertas del Reino de Dios
Jesús renueva y re-crea a la humanidad como una nueva creación y con una eficacia única, sana, perdona, erradica al mal en sus raíces y abre las puertas del Reino de Dios.

Hay que hacer vida la palabra de Dios, no la de los que prometen prodigios baratos
La palabra Jesús es la palabra definitiva de Dios, a la que hay que prestar total atención, acogerla y hacerla vida. Para eso necesitamos crear silencio en nuestro interior, en la mente y el corazón, no dejar espacio a superficialidades y distracciones, menos aún dar cabida a falsos profetas y charlatanes que, movidos por intereses oscuros, prometen prodigios baratos o pregonan calamidades e infaustos acontecimientos, como si el fin de los tiempos estuviese inminente.

Escuchar la palabra de Dios nos convierte en portavoces de Dios
San Pablo, en la carta a los cristianos de Corinto, nos exhorta a acoger con gozo y disponibilidad la palabra del Señor que quiere nuestro bien y que nos anima a poner nuestra vida en manos de Dios. “Les he dicho estas cosas para el bien de ustedes… para que hagan lo más conveniente y se entreguen totalmente al Señor”. Entregarnos al Señor es entregarnos a su palabra, ser también nosotros profetas, convertirnos en mensajeros y portavoces de Dios para los demás. Es la novedad traída por Jesús: por el bautismo todos los cristianos somos hechos partícipes de su misma misión, el anuncio del Evangelio, cada cual de acuerdo al carisma que Dios le ha dado.

Es deber del creyente, anunciar el evangelio y denunciar lo que se opone al Reino de Dios
Anunciar el evangelio de la vida, pero también denunciar lo que en este mundo se opone a la instauración del reino de Dios, el reino de vida, de justicia, de libertad, amor y paz. Es una misión a realizar con humildad y respeto, porque la palabra no es nuestra es de Dios y hay que trasmitirla con total fidelidad.

El creyente debe testimoniar con su vida la alegría del Evangelio
Una palabra que, como en los profetas del Antiguo Testamento, tiene que hacerse vida, parte de nuestro modo de ser, de pensar, de amar y de actuar, para testimoniar con nuestra vida la alegría del Evangelio en todos los ámbitos en que nos movemos y actuamos, dispuestos, si fuera necesario, a sufrir por la Palabra de Dios como tuvieron que padecer tantos profetas.

José Howard Rivera Fernández

Nacido el 29 de marzo de 1967

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