Iglesia: Se ha firmado el certificado de defunción del “Vivir Bien”

Iglesia Viva 18.12.17//Mons. Eugenio Scarpellini, Obispo de El Alto al celebrar la eucaristía dominical desde la Basílica de San Francisco manifestó que con la aprobación del Código del Sistema Penal que permite la práctica indiscriminada del aborto, “en Bolivia el valor de la vida y la dignidad de la persona humana están sujetas al imperio de organizaciones internacionales económicamente poderosas”. “Hoy como ayer, sigue habiendo en la sociedad Herodes y Pilatos que manchan sus manos con la sangre de los inocentes”, calificó de hipocresía e ironía la entrevista del Presidente del Estado con el Papa Francisco en estas circunstancias y pidio a la población defender la vida, no por política, sino en nombre de Jesús.

Audio y texto de la homilía completa:

III domingo de Adviento – Ciclo B

ENVIADOS A ANUNCIAR LA BUENA NOTICIA: JESÚS ES EL SALVADOR

“Me alegro en el Señor con toda el alma y me lleno de júbilo en mi Dios, porque me revistió con vestiduras de salvación y me cubrió con un manto de justicia” Es la Buena Noticia llena de alegría del profeta Isaías en la primera lectura. El motivo de la alegría es la “Buena Nueva” que Cristo viene a traer a los pobres, la liberación a los oprimidos; es el anuncio de la salvación, del Reino del Padre. Salvación y liberación: es el deseo y la necesidad de toda persona y todo pueblo a lo largo de la historia.

¡Que contraste con lo estamos viviendo en estos días, cuando en nuestro país se aprueban leyes que prácticamente abren de manera indiscriminada la posibilidad del aborto! Y ¡qué ironía e hipocresía que esto se dé cuando el Presidente de Bolivia se entrevista con Papa Francisco, el defensor de los pobres, de los débiles, de los últimos, de los niños; cuando declara “Quiero expresar mi enorme coincidencia con el hermano Papa”. No creo que Papa Francisco comparta la posición y el actuar de quienes van en contra de la vida, de quienes dicen luchar en contra de la pobreza eliminando y matando a los más pobres e indefensos como son los niños que van a nacer.

Una vez más debemos decirnos que se ha firmado el certificado de defunción del “vivir bien”, hemos dicho al mundo entero que en Bolivia el valor de la vida y la dignidad de la persona humana están sujetas al “imperio” de organizaciones internacionales económicamente poderosas. Nuestra gente, en cambio, defiende la vida, nuestra cultura es una cultura de la vida. La cultura de la muerte viene de afuera; y, ¡atentos! Quien piensa poder decidir sobre quienes puedan nacer o no, el día de mañana querrán decidir cuándo y cómo morir. Hoy como ayer, sigue habiendo en la sociedad Herodes y Pilatos que manchan sus manos con la sangre de los inocentes.

No olvidemos, queridos hermanos, que la Biblia en muchos pasajes nos habla de “vida”. Lo que Dios quiere para nosotros es que el hombre viva: “la gloria de Dios es el hombre viviente”. (San Irineo). El mismo Jesús nos dice que no quiere la muerte, sino que el hombre viva. “Yo he venido para que tengan vida y la tengan en abundancia. (Juan 10,10). Por eso el pasó haciendo el bien para todos: curó a los enfermos, saño a los leprosos, liberó a los poseidos de los malos espíroitus, perdonó a los pecadores, liberó a la gente de las ataduras de las leyes injustas, proclamó la gran ley del amor y el camino de la verdad para vivir en la libertad de los hijos de Dios.

Por eso el Evangelio de hoy dice de Juan el Bautista que él no era la luz, sino el testigo de la luz. Esta luz es Cristo. Es la luz de su Palabra, es la luz del amor como ley fundamental de la vida, es la luz de la Cruz, es la luz de la Resurrección.

Es la luz que guiará a los pastores al encuentro de Jesús en el Belén: el recien nacido es la luz de la humanidad. Siempre, un recien nacido es una luz en la familia, es una esperanza en la sociendad, es la vida que se hace nueva cada vez. Es la luz que quiere ser escuchada y atendida porqué te libera del pecado y de todas las situaciones de muerte que derivan del pecado personal y comunitario.

Ayer como hoy, quienes se ven interpealados por esa luz, por esa verdad, y no quieren cambiar, prefieren acallar esta luz, es decir a Cristo. Con engañosa actitud llenan las calles y las casas de foquitos, pero le ponen un crespón negro a la verdadera luz del amor, de la solidaridad con los pobres y pequeños, de la defensa de la vida.

¿A que nos compromete esto a cada uno de nosotros a pocos días de la Navidad?

En la primera lectura el profeta Isaías nos anuncia: “El espíritu del Señor… me ha enviado para anunciar la buena nueva a los pobres, a curar a los de corazón quebrantado, a proclamar el perdón a los cautivos, la libertad a los prisioneros…”

Hoy tiene actualidad y vigor la buena nueva de la vida plena en Cristo. El testimonio y el compromiso de nosotros los católicos debe medirse sobre el terreno de la defensa de la vida contra las estrategias de muerte: esto no por política sino en nombre de Jesús, el Señor de la vida, quien dio su vida para que tengamos vida plena en Él.

Volvamos a las lecturas de hoy para iluminar nuestro caminar y nuestro compromiso en preparación a la Navidad:

No extingan la acción del espíritu:

“todo miembro del pueblo de Dios estamos llamados a asumir nuestro compromiso a favor del bien común y de la causa de los pobres…” (cfr. Carta Pastoral, Los católicos en la Bolivia de hoy”, n. 133).

Sean misericordiosos porque Dios es misericordioso.

Movidos por la experiencia del amor de Dios, debemos manifestar la alegría de la llegada del Salvador con nuestro amor por los últimos, los pobres, los marginados: con ellos y para ellos debemos ser “sacramento de amor, solidaridad y justicia” (Aparecida, 396).

Consérvense irreprochables en todo su ser, alma y cuerpo.

Estamos llamados a vivir con fidelidad nuestra vocación de hijos de Dios y hermanos de los hombres, empeñados a construir una sociedad a partir de los valores del evangelio y en alternativa a un mundo que propone caminos fáciles, pero engañosos, para llegar a la felicidad.

Examínenlo todo y quédense con lo bueno. Cuídense del mal en todas sus formas:

la verdad, que es Cristo, debe permitirnos discernir hoy lo bueno de lo malo; no podemos permitir que nos engañen con discursos tendenciosos o finalizados a intereses de parte. Cultivar la verdad, amar la verdad, cultivarla y practicarla es el verdadero camino de liberación. En este sentido frente a leyes injustas, los operadores en saludo deben asumir la desobediencia civil y la objeción de conciencia con la postura de quienes aman a los hermanos más débiles por encima de su propia vida. Y, como discípulos de Jesús, debemos asumir que la decisión final no lo tienen las leyes injustas, sino cada persona cuando actúa en conciencia. Ninguna ley hará que una persona aborte si ella decide no hacerlo.

Alimenten la esperanza con la oración,

En la construcción del Reino del Padre no estamos solos; Jesús está con nosotros, Él es nuestra esperanza, Él hará germinar la justicia y la alabanza ante todas las naciones.

El Adviento nos invita a todo eso: ser testigos y anunciadores de la luz, de la salvación, de la vida plena, de la alegría del Evangelio: “La alegría del Evangelio llena el corazón y la vida entera de los que se encuentran con Jesús. Quienes se dejan salvar por Él son liberados del pecado, de la tristeza, del vacío interior, del aislamiento. Con Jesucristo siempre nace y renace la alegría” (EG 1). A nosotros la tarea de encontrarla, gustarla y vivirla. De manera especial para nosotros la preocupación de acoger, conocer y amar la fuente de la salvación y de la alegría: Cristo Jesús, Hijo de Dios y Salvador.

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