La llegada de Jesús ofrece esperanza

Iglesia Viva 11.12.17//«Es necesario preparar el camino y acoger a Cristo en nuestras vidas. Él es nuestra esperanza, el único que no engaña ni defrauda. Sólo en Él encontraremos la Paz que necesitamos», con esta afirmación Mons. Aurelio Peso, Secretario General de la CEB, ánimo a todos los fieles a creer, confiar y tener esperanza en este tiempo de Adviento, camino a la Navidad.

Audio y texto de la Homilía Completa:

CON JESÚS COMIENZA ALGO BUENO

Domingo 10 de diciembre de 2017

  En este segundo Domingo de Adviento en el que seguimos preparándonos para la Navidad, la fiesta más entrañable del año, la verdad es que si miramos la realidad actual, no encontramos muchas razones para el optimismo. Se nos va un año que no se ha caracterizado por los avances, sino más bien por los retrocesos.

Un año en el que a nivel mundial han aumentado los lugares de amenaza y de conflicto bélico en el mundo, la irracional amenaza y acción del terrorismo, con gran número de personas muertas en un avance del sin sentido y el fanatismo entre los seres humanos.

“Y si miramos nuestro país vemos que no hemos hecho mucho en el cuidado al ecosistema, con la amenaza que sigue en pie del no cuidado de las áreas protegidas, sin escuchar cabalmente la opinión de los pueblos indígenas, particularmente.

Hemos retrocedido en derechos y libertades democráticas, cuando a través de la Sentencia del Tribunal Constitucional Plurinacional se desconocen dos referendos:, ambas iniciativas impulsadas por el gobierno de turno.

Más aun pareciera que hemos retrocedido en confianza en un cambio que haga posible en el país una justicia al servicio de todos, especialmente de los más pobres y oprimidos por un sistema judicial que los Obispos de Bolivia hemos calificado como: “preso de la corrupción, falto de valores éticos y sujeto a la manipulación de los gobiernos de turno”.

Y, por último, hemos retrocedido en la defensa del valor de la vida, a través de la aprobación del Código del Sistema Penal, que deja sin defensa a los no nacidos sin tener en cuenta las culturas indígenas ni la sensibilidad cristiana de la mayoría de bolivianos.

No obstante, la Palabra de Dios este domingo habla de Esperanza.  La Palabra de Dios nos da un mensaje de consuelo y esperanza, aunque las situaciones que vivimos sean difíciles o nos suman en el pesimismo: “Consuelen, consuelen a mi pueblo, dice el Señor. Hablen al corazón de Jerusalén y grítenle que ha terminado su esclavitud…”; ha terminado con la venida del Cristo, el Redentor, el Mesías prometido desde los orígenes del tiempo, cuando la amistad con Dios fue quebrantada por el pecado (Gen 3, 15)

Esta es la consolación que Dios ofrece al hombre, la respuesta a su grito de ayuda que ha atravesado los siglos y que sigue elevándose desde muchos lugares de la tierra.

El Profeta Isaías, como si de un nuevo Éxodo se tratase invita al Pueblo de Israel, sumido en el desánimo y el pesimismo del destierro en Babilonia a levantarse y preparar un camino al Señor que viene como un Pastor que apacienta y cuida del rebaño.

Y el comienzo del Evangelio de Marcos nos presenta a Juan el Bautista invitando al Pueblo a prepararse para recibir al que bautiza con Espíritu Santo y lo hace con las palabras del profeta Isaías que escuchábamos en la primera lectura: “Preparen el camino del Señor, enderecen sus sendas”.

Aquí y ahora, hermanos, en esta situación que vivimos, la Palabra de Dios nos dice: conviértanse. Preparen el camino al Señor que viene, que vendrá al final de este mundo y que vendrá de nuevo en la celebración litúrgica de la Navidad.

Es necesario preparar el camino y acoger a Cristo en nuestras vidas. Él es nuestra esperanza, el único que no engaña ni defrauda. Sólo en Él encontraremos la Paz que necesitamos.

Acogemos a Cristo cuando acogemos la vida y nos comprometemos con ella, aunque llegue en un momento inesperado y sorprendente. La vida es un milagro y hemos de defenderla. No acoge a Cristo una sociedad que no defiende la vida y más bien se deja llevar por las modas del momento.

Acogemos a Cristo si seguimos trabajando por una sociedad fraterna y justa porque Cristo ama la justicia y nos invita a luchar por ella.

Acogemos a Cristo si le abrimos las puertas de nuestras familias y dialogamos entre nosotros y nos interesamos los unos por los otros, sin retaceos.

Preparamos el camino del Señor y acogemos a Cristo si somos instrumentos del amor de Dios en el mundo; si transmitimos el perdón, la reconciliación, si trabajamos por la paz, si nos comprometemos con Él y le dejamos entrar en nuestra vida para inundarla con su perdón y con el consuelo de su presencia.

Preparemos el camino del Señor hoy, acogiendo a Cristo. Un anuncio que en este tiempo de Adviento debe resonar con las palabras y sobre todo por medio del testimonio de vida de todos los cristianos; el papel que fue de Juan es hoy el papel de todo creyente que debe señalar la presencia de Jesús a todos  aquellos que todavía no logran descubrirlo o tienen dificultad para encontrarlo y aceptarlo. Así sea.

 

 

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