A dos años de su partida, la Iglesia recuerda la fuerza profética en la misión del Cardenal Julio

Iglesia Viva 11.12.17//campanas.iglesiasantacruz.org//A dos años de su partida, Monseñor Sergio recordó la fuerza profética con que el Cardenal Julio llevó adelante su misión y lo comparo con el Profeta Juan el Bautista, asegurando que “Cuando hablaba, al igual que Juan el Bautista, se sentía el portavoz, el servidor del Dios de la vida, por eso su defensa de los últimos y de los descartados de la sociedad, porque en los rostros de esos hermanos veía pisoteada la imagen y el rostro de Dios”.

Este sábado 9 de diciembre se cumplieron dos años del fallecimiento del Cardenal Julio Terrazas, primer Cardenal boliviano y la Iglesia cruceña se unió en oración mediante una celebración Eucarística que fue celebrada en la iglesia Catedral desde donde por tantos años el Cardenal Julio habló con firmeza del Dios de la vida. La Misa fue presidida por el Arzobispo de Santa Cruz, Monseñor Sergio, los Obispos auxiliares: Monseñor Estanislao y Braulio y concelebrada por 15 sacerdotes y tres diáconos; además de la especial presencia de familiares y fieles de la Iglesia Cruceña.

Terminada la Eucaristía, se dirigieron en procesión hasta la tumba donde descansan los restos mortales del Cardenal y con canticos y rezos pidieron para que sea acogido en el Reino Eterno.

A cotinuación, compartimos algunas de las ideas expresadas en la homilía de Monseñor Sergio:

En su Homilía, el Arzobispo Cruceño hizo un paralelismo entre la vida y misión del profeta Juan el Bautista y la del Cardenal Julio, una misión que supo llevar adelante con fuerza profética, aseguró.

Al mirar esta figura de Juan el Bautista, el último profeta del A.T. y el primero del N.T., me es espontáneo pensar en nuestro querido Cardenal Julio, el profeta de la palabra cálida y convincente que expresaba cariño y cercanía, cuando se dirigía a los pobres y a las víctimas de nuestra sociedad, pero también con la palabra fuerte y valiente en denunciar toda clase de injusticias y atropellos que atentaban los valores humanos y cristianos, comenzando por el don de la vida”.

El Prelado recordó que “Cuando hablaba, al igual que Juan el Bautista, se sentía el portavoz, el servidor del Dios de la vida, por eso su defensa de los últimos y de los descartados de la sociedad, porque en los rostros de esos hermanos veía pisoteada la imagen y el rostro de Dios”.

A tiempo de recordar una de sus expresiones preferidas “el Dios de la vida” señaló que es seguramente una de las que mejor definen su ministerio sacerdotal y episcopal. Y en ese sentido señaló que “El compromiso del Cardenal Julio, por la vida, la justicia, la solidaridad, la libertad, la verdad, por la defensa de los valores democráticos, no nacía de un afán de poder o de prestigio, sino del deseo de actualizar el anuncio del Evangelio de Jesucristo, del reino de Dios, parte esencial de la misión de todo cristiano y a mayor razón del pastor”.

“El reinado de Dios es el señorío del amor de Dios sobre el mundo personificado en Jesucristo mismo, donde la autoridad es servicio y donde el poder es la fuerza del amor que transforma la historia de la humanidad, liberándola de toda clase de esclavitud y de la muerte. El Reino de Dios no es otra cosa que una relación de amor: del ser humano con Dios y entre nosotros”.

“Desde esta óptica el Cardenal Julio estaba muy atento a todo lo que acontecía en la Iglesia y la sociedad, en actitud vigilante y contemplativa del desierto interior, para descubrir allí lo que estaba en consonancia o en discordancia con el Evangelio.

“Esta visión y el testimonio de vida ha sido lo que ha dado tanta fuerza a su predicación como servidor del Reino de Dios y “Servidor de todos”. En esta misión, nada ni nadie lo hizo vacilar, ni callar, tampoco las incomprensiones y los ataques abiertos e injustos de parte de autoridades y otros grupos”.

Finalmente, el Prelado invitó a todos a hacer memoria en nuestro corazón de sus palabras y su testimonio que siguen siendo más actuales que nunca, para que, como Él y como Juan el Bautista, seamos también nosotros valientes testigos de la Buena Noticia, el Evangelio de la vida, el amor, la justicia y la paz”. 

     

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