Desde Cotoca el Arzobispo de Santa Cruz pide ser misioneros con y como María

Iglesia Viva 08.12.17//Monseñor Sergio Gualberti dijo que “Ser misioneros es un compromiso que nos atañe a todos; al mismo tiempo pidió a todos los creyentes tener la valentía de ser operadores de paz en el contexto difícil que vive nuestro país.

Desde el Santuario de la Virgen de Cotoca, en la fiesta de la Inmaculada Concepción de María que llevó a más de medio millón de fieles en peregrinación hasta este Santuario Mariano, el Arzobispo de Santa Cruz afirmó que todos estamos “llamados a ser misioneros con y como ella –María-, que hizo suya propia la misión de su Hijo, con espíritu de servicio y con humildad y en el silencio”.

El Prelado Cruceño fue categórico en señalar que “Ser misioneros es un compromiso que nos atañe a todos, es parte esencial de nuestro ser cristianos, porque todo bautizado es misionero. Todos, aunque de manera diferente, tenemos la tarea de anunciar y a todo el mundo que Dios quiere que todos los hombres se salven,gracias a la muerte y Resurrección de Jesús”.

“Nosotros tenemos mucho cariño y devoción a la Mamita, por eso venimos a compartir con ella nuestras alegrías y penas, logros y frustraciones, y a presentarle nuestros pedidos para la salud y lo necesario para una vida digna, pero sobre todo venimos a pedirle que nos conserve en la fe y nos ayude a ser buenos cristianos católicos, fieles seguidores de su hijo Jesús” señaló el Prelado ante los peregrinos que llegaron este 8 de diciembre y participaron de la Eucaristía de fiesta que se celebró a las 10 de mañana, y posterior procesión solmene con la imagen en andas por alrededores del templo y la plaza de Cotoca.

A tiempo de referirse al dogma de fe de la Inmaculada Concepción, afirmó que “estamos agradecidos a Diosporque, ha preservado a la Virgen María inmune, libre de toda mancha de culpa original, desde el primer instante de su Concepción”.

Para Monseñor Sergio “La belleza de la santidad que fue para María el punto de partida es, para todo creyente, el punto de llegada” y en este sentido dijo que “María misma nos indica el camino. En primer lugar escuchando la palabra de Dios y haciendo su voluntad, como ella: “Hágase en mí según tu voluntad”. María cumplió totalmente la palabra de Dios desde el sí de la Anunciación, hasta el sí a los pies de la cruz a lado de su hijo. De la misma manera también nosotros, tenemos que poner a Dios y su palabra al centro de nuestra vida, tanto a  nivel personal, familiar y comunitario, como también a nivel de sociedad”.

El lema que animó tanto la preparación como la peregrinación en la festividad de Cotoca es: “Con María En Misión, el Evangelio es Alegría”, en ese sentido, destacó el significado de esta motivación señalando que “Con María en misión, siendo compañeros de camino de las víctimas de nuestro mundo en cualquiera de las manifestaciones de sufrimiento en el que el ser humano está sumido. Esto implica  salir a las “periferias geográficas y existenciales” y al mundo de los descartados –como dice el papa Francisco-, para ir en busca de los alejados, de los diferentes y sobre todo de los excluidos y marginados en el ámbito eclesial, social y político.

En el contexto difícil que vive nuestro país, Monseñor Sergio señaló que los creyentes deben “Tener la alegría y valentía de ser operadores de paz, fundada sobre la justicia, y de testimoniar la fuerza transformadora del Evangelio en las circunstancias actuales de nuestro país, marcadas por la mentira, la injusticia, la corrupción, el despotismo, la prepotencia y el vacío ético y moral que ha impulsado leyes de muertes como la del aborto y de género, pisoteando la voluntad del pueblo”.

HOMILÍA COMPLETA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ.

8 DE DICIEMBRE DE 2017, FESTIVIDAD DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN DE COTOCA, 2017

SANTUARIO DE LA VIRGEN DE COTOCA

Celebramos hoy una de las fiestas más importantes de nuestra Iglesia de Santa Cruz, la solemnidad de la Inmaculada Concepción de la Virgen María, y nosotros tenemos la alegría de estar aquí en su santuario, en su casa esta mañana alrededor de la Mamita de Cotoca, como afectuosamente la llamamos.

Nosotros tenemos mucho cariño y devoción a la Mamita, por eso venimos a compartir con ella nuestras alegrías y penas, logros y frustraciones, y a presentarle nuestros pedidos para la salud y lo necesario para una vida digna, pero sobre todo venimos a pedirle que nos conserve en la fe y nos ayude a ser buenos cristianos católicos, fieles seguidores de su hijo Jesús.

Entre los muchos sentimientos que nos inundan esta mañana, sentimos mucha gratitud a Jesús, porque en la cruz ha pensado en nosotros y nos ha hecho el don de su madre como madre nuestra. De la misma manera estamos agradecidos a Dios porque, ha preservado a la Virgen María inmune, libre de toda mancha de culpa original, desde el primer instante de su Concepción.

En la primera lectura se nos ha presentado el momento más trágico de la historia de la humanidad, la irrupción del pecado en el mundo a causa de la desobediencia y soberbia de nuestros progenitores, que nos han sumido a todos bajo la esclavitud del pecado y de la muerte. Parecería que en ese momento Satanás, el príncipe del mal, había ganado la batalla, sin embargo la última Palabra la tuvo Dios, y una palabra de esperanza y vida:” Pondré enemistad entre ti y la mujer, entre tu descendencia y la suya. Él te aplastará la cabeza y tú le asecharás el talón”. Esa mujer es María y su descendencia es Jesús, el autor de la vida, que por su muerte y Resurrección ha vencido de una vez para siempre al pecado y a la muerte.

Por eso Dios Padre, en vista de la misión de María de llevar en su seno a Jesús, el autor de la vida, ha hecho que ella llegara al mundo llena ya de toda gracia, colmada de la misma vida de Dios.

Es lo que pone en evidencia el saludo del ángel Gabriel en Evangelio que acabamos de escuchar: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo». Alegría porque María es la llena de gracia, en estado permanente de gracia, «agraciada» con el favor del amor y misericordia de Dios que, con una elección única, la ha hecho resplandeciente y sin mancha“La Purísima”, la «tota pulchra-toda bella», de la belleza interior como le canta la Iglesia en esta fiesta.

Belleza del corazón y del alma, moral y espiritual, hecha de luz, de armonía, de correspondencia perfecta entre la realidad y la imagen que tenía Dios al crear a la mujer. La belleza de la santidad que fue para María el punto de partida es, para todo creyente, el punto de llegada. Que noticia esperanzadora: cada cristiano, comunidad y toda la Iglesia estamos llamados gozar un día de la belleza de Dios, «sin mancha ni arruga, sino santos e inmaculados».

María misma nos indica el camino. En primer lugar escuchando la palabra de Dios y haciendo su voluntad, como ella: “Hágase en mí según tu voluntad”. María cumplió totalmente la palabra de Dios desde el sí de la Anunciación, hasta el sí a los pies de la cruz a lado de su hijo. De la misma manera también nosotros, tenemos que poner a Dios y su palabra al centro de nuestra vida, tanto a  nivel personal, familiar y comunitario, como también a nivel de sociedad.

En segundo lugar ser discípulos de Jesús como María, imitarla en el seguimiento de su Hijo Jesús; la primera discípula. Toda su vida terrenal siguió a Jesús por los caminos de la tierra santa, por ciudades, pueblos y aldeas, escuchando y aprendiendo de su hijo. Ser discípulos es instaurar una relación personal con Jesús, sentarnos a escucharlo, seguir sus pasos con disponibilidad y fidelidad.

En tercer lugar, ser misioneros, testigos de nuestra fe, como María, la primera la misionera de Jesús. Ni bien fue bendecida con la gracia de ser la madre del Hijo de Dios, se puso en camino para llevar Jesús a su prima Isabel: “¿Cómo es que viene a mí la madre de mi Señor?” En particular ser misioneros, es un gran desafío para cada uno de nosotros y para toda la Iglesia, porque el próximo año nuestra Iglesia de Santa Cruz, será sede del CAM 5. Por eso el lema de la Novena y de esta fiesta es: “Con María en Misión, el Evangelio es alegría”.

Por tanto, llamados a ser misioneros con y como ella, que hizo suya propia la misión de su Hijo, con espíritu de servicio y con humildad y en el silencio. Ella guardaba en su corazón todo lo que Jesús decía y hacía en favor de los pobres, enfermos, marginados y pecadores, sus palabras,  gestos y prodigios signos del reino de Dios.

Ser misioneros es un compromiso que nos atañe a todos, es parte esencial de nuestro ser cristianos, porque todo bautizado es misionero. Todos, aunque de manera diferente, tenemos la tarea de anunciar y a todo el mundo que Dios quiere que todos los hombres se salven, gracias a la muerte y Resurrección de Jesús.

Queremos cumplir la misión con y como María, testimoniando con nuestra vida la alegría de creer en Jesucristo y en su Evangelio. ¿Quién mejor que ella, su madre, nos puede indicar cómo hablar de Jesús, cómo llegar al hombre de hoy, a los jóvenes y a los niños para servirlos?

Todos los hombres necesitamos de Jesucristo. En lo profundo de todo corazón humano hay un anhelo muy recóndito de dar respuesta a tantas interrogantes de la vida, sobre el sufrimiento, las injusticias, la muerte y tantas otras preguntas, en otras palabras el anhelo de dar un sentido auténtico a nuestra vida.

Jesucristo nos ha hecho conocer cuánto Dios nos ama, con amor de Padre, libre y gratuito, que nos ha enviado a su Hijo para liberarnos de los miedos, los males y la muerte, abriéndonos el horizonte de una esperanza firme de que un día podremos participar de su vida para siempre y en plenitud.

Si nosotros hemos tenido la alegría y la gracia de haber encontrado personalmente al Señor, de experimentar su presencia amorosa y misericordiosa, de haber encontrado en Jesús y su evangelio el sentido de nuestra vida tenemos el deber de “compartir” con los demás esta buena noticia que trae la dicha que no acaba.

Con María en misión, siendo compañeros de camino de las víctimas de nuestro mundo en cualquiera de las manifestaciones de sufrimiento en el que el ser humano está sumido. Esto implica  salir a las “periferias geográficas y existenciales” y al mundo de los descartados –como dice el papa Francisco-, para ir en busca de los alejados, de los diferentes y sobre todo de los excluidos y marginados en el ámbito eclesial, social y político.

Tener la alegría y valentía de ser operadores de paz, fundada sobre la justicia, y de testimoniar la fuerza transformadora del Evangelio en las circunstancias actuales de nuestro país, marcadas por la mentira, la injusticia, la corrupción, el despotismo, la prepotencia y el vacío ético y moral que ha impulsado leyes de muertes como la del aborto y de género, pisoteando la voluntad del pueblo.

Nos espera una tarea muy ardua y comprometedora, pero no tengamos miedo, porque María nuestra Madre nos acompaña y fortalece como acompañó a su hijo Jesús. Gracias Mamita de Cotoca porque era nuestra madre cariñosa, que nos amas, porque a pesar de los momentos difíciles nos contagias con tu alegría y tu espíritu de gratitud y alabanza a Dios: “Mi alma engrandece al Señor, y mi espíritu se alegra en Dios, mi salvador”. Amén.

Oficina de prensa de la Arquidiócesis de Santa Cruz.

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