Nuestros talentos, primera responsabilidad

Iglesia Viva 20.11.2017. Aseguró Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz, a tiempo de destacar el mensaje del Evangelio de este domingo que relata el conocido pasaje de la Parábola de los talentos. Hemos venido a este mundo para ofrecer frutos, subraya Mons. Gualberti

El que trabaja para fructificar los talentos es premiado
Y justamente hoy el Evangelio nos presenta un llamado de Jesús a que los cristianos asumamos una actitud permanente de vigilancia dinámica, activa y laboriosa, para ser artífices en la instauración del reino de Dios. Lo hace a través de la parábola de un hombre pudiente que, al salir de viaje, confió sus bienes a tres servidores: a uno dio cinco talentos, a otro dos y a otro uno, a cada cual según su capacidad. A su regreso, el señor arregló cuentas con ellos: los dos primeros con su trabajo e iniciativa duplicaron los talentos, por eso el dueño premió su fidelidad y dedicación, les dejó toda la suma.

El que esconde los talentos y no los fructifica es alejado del Señor
Pero el tercero, el que había recibido un solo talento, por miedo a su señor, lo enterró y no lo hizo fructificar. Su actitud cobarde y negligente provocó la dura reacción del señor que le hizo quitar ese único talento y lo hizo alejar de su presencia.
Los talentos no solo son signos de la generosidad de Dios, también son dones de la “hermana madre tierra”
Los talentos representan a los dones que Dios ha puesto en cada ser humano, signos de su generosidad y de su amor gratuito y libre para con todos. Los talentos no son sólo los dones de la inteligencia, de la voluntad, del amor, del carácter y de todas nuestras capacidades, sino también el don de la “hermana madre tierra”, de todos los bienes y de los seres vivientes que Él ha puesto en nuestro camino.

Para Dios cuenta trabajar con fidelidad y responsabilidad
Como respuesta a este acto de amor, el Señor sólo nos pide madurez, aplicación y responsabilidad en administrarlos de manera que produzcan beneficios. Lo que cuenta para Dios es nuestra voluntad de trabajar con paciencia e inteligencia las semillas y brotes sembrados en nosotros y que, en actitud de servicio, tengamos iniciativa, los hagamos crecer y demos frutos en bien de la familia, la comunidad y la sociedad, sabiendo que un día tendremos que responder ante él de los talentos recibidos. Lo que el Señor premia sobreabundantemente es la fidelidad y la responsabilidad y no la productividad: “Está bien, servidor bueno y fiel…entra a participar del gozo de tu señor”.

Participar del gozo del Señor es participar del banquete del Reino de Dios, del proyecto de vida y de amor, parcialmente ya desde ahora en nuestra vida terrenal y en plenitud para toda la eternidad.

El Señor reprocha al que se preocupa solo de su seguridad personal
Bien distinta pero es la actitud de ese señor hacia el siervo que se ha dejado aprisionar por el miedo que paraliza y que con atrevimiento además acusa de su propia cobardía al mismo dueño, porque supuestamente estricto:” Sé que eres un hombre exigente… aquí tienes lo tuyo”. El señor le reprocha su egoísmo y desidia porque se ha preocupado solo de su seguridad personal y ni siquiera ha intentado trabajar, por eso no lo considera digno de disfrutar lo recibido: “Quítenle el talento para dárselo al que tiene diez”.

Desentenderse de la justicia y la paz cierra las puertas del gozo y la gracia salvadora de Dios
Es la grave condena del pecado de omisión, de enterrar los talentos y no arriesgar nada, de no comprometerse por el bien de la comunidad y de los demás, de trabajar por sus propios intereses y no por el bien común y de desentenderse del compromiso por una sociedad justa y en paz. Las consecuencias son graves: además de volvernos estériles e incapaces de producir frutos de bien, nos cerramos las puertas del gozo y de la gracia salvadora de Dios.

José Howard Rivera Fernández

Nacido el 29 de marzo de 1967

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