Llamados a descubrir y acoger la sabiduría de Dios

Iglesia Viva 13.11.2017. Es la invitación que realiza Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz, a la luz de la liturgia de este domingo que nos anima a permanecer vigilantes a la llegada de Jesús.

La sabiduría divina
Estamos acercándonos al final del año litúrgico y la Palabra de Dios de este domingo presenta a la Sabiduría divina que proyecta su luz sobre preguntas fundamentales del hombre, sobre el sentido de la fe, de la vida y de la muerte.

La sabiduría divina va al encuentro de quien la busca
Es lo que nos dice la primera lectura que hemos escuchado, al subrayar el inestimable de la Sabiduría, atributo propio del ser de Dios. Por eso, nos invita a buscarla, a optar por ella y amarla como la luz permanente que nos libera de inquietudes y turbamientos y que nos da serenidad y paz. Lo que nos asombra es que, con tan solo desearla, podemos poseerla: “La encontrará sentada a su puerta…”, más aún, ella misma va al encuentro de quien la busca: “se les aparece con benevolencia en los caminos y les sale al encuentro”.

La sabiduría y el Espíritu de Dios ponen en orden la creación
Es la Sabiduría unida al Espíritu de Dios que se hace don para nosotros, para alcanzar el conocimiento siempre más profundo y coherente de la verdad, a través de la búsqueda sincera. Es la Sabiduría que ha puesto orden en la creación, que ha formado al hombre como ser inteligente, que le ha hecho conocer los designios de Dios para gobernar al mundo con inteligencia y sapiencia y que guía los destinos del mundo.

La sabiduría abre las puertas del Reino de Dios
En el Evangelio Jesús, a través de la parábola de las diez jóvenes invitadas a un banquete de matrimonio, presenta a la Sabiduría como el don que nos abre las puertas del Reino de Dios siguiendo el camino de Jesús. Según la costumbre de Israel en ese entonces, en el día del matrimonio, las amigas de la novia tenían que esperar, con las lámparas encendidas, al novio que llegaba al anochecer, para introducirlo a la sala de la fiesta nupcial y luego celebrar juntos la fiesta.

Hay que perseverar para que no se apague la llama de la fe
Jesús avisa en seguida que cinco muchachas eran necias y cinco “sabias”; estas últimas fueron al banquete con una provisión de aceite mientras que aquellas no. Nosotros nos podemos ver reflejados en esas jóvenes, algunos tienen el aceite de reserva para perseverar en el seguimiento a Jesús, pero otros, después del entusiasmo inicial, dejan apagar la llama de la fe.

La lámpara y el aceite son símbolos de la sabiduría de Dios
La lámpara representa a la verdadera Sabiduría de Dios, la luz de la fe que recibimos en los sacramentos del Bautismo y de la Confirmación, que nos ilumina y guía por las sendas de la vida.

El aceite es el que alimenta el ardor de la fe que nos hace vivir alegres y luminosos, el signo de los medios concretos que nos guardan firmes en seguimiento de Jesús; los sacramentos de la gracia, la palabra de Dios, la oración, las obras de bondad, de justicia y de paz y todo lo que comunica vida a los demás.

Hay que estar atentos al regreso de Jesús
El novio es Jesús resucitado que, después de su regreso al Padre, volverá glorioso al final de la historia para liberarnos definitivamente del mal y hacernos partícipes de su vida eterna. Pero “el novio se hacía esperar” y las muchachas se quedaron dormidas. Con estas palabras Jesús nos indica que nosotros no sabemos cuándo será su regreso, por eso hay que estar atentos y vigilantes.

Hay que salir del ego, cerrazones, miedos y pecado.
“El esposo llega, salgan a su encuentro!” es el grito que de pronto se eleva en plena noche. Llamados a despertar del sueño de la indiferencia y del ego, a salir de nuestras seguridades y cerrazones, miedos e incertidumbres y de la oscuridad del pecado, para ir al encuentro del Señor. “Salir” es una de las figuras más hermosas de la existencia humana, es la constante renovación y apertura hacia el encuentro con Dios y hacia los hermanos.

Toda la existencia humana es un “salir” desde el momento en que salimos del vientre de nuestra madre para ir al encuentro de la luz, del sol y de la vida, hasta la salida para el encuentro definitivo con Dios.

Hay que estar atentos para no encontrar la puerta cerrada
Terminada la parábola, Jesús hace una advertencia: “Estén despiertos porque no saben el día ni la hora”. Es el llamado a ser previsores, fieles y constantes durante la espera de la llegada del Señor en nuestra vida, a estar preparados, a acogerlo en nuestro corazón y en nuestra existencia, para que no encontremos la puerta cerrada: ”Les aseguro que no las conozco”.

José Howard Rivera Fernández

Nacido el 29 de marzo de 1967

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