El amor a Dios es inseparable del amor a los hermanos

Iglesia Viva 30.10.2017. Lo enfatiza Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz, en sintonía con la liturgia de este domingo, como una referencia fundamental para orientar a la Iglesia y a toda la sociedad en el camino del servicio al bien común y la atención a los hermanos más necesitados.
El clima de controversia entre Jesús y los sectores del poder religioso y político, al igual que los domingos anteriores, es lo que caracteriza el texto del evangelio de hoy. Esta vez es un representante del judaísmo oficial que, al enterarse del fracaso de los saduceos, busca poner a prueba a Jesús, preguntándole sobre el mandamiento más importante de la ley de Moisés. Jesús, responde con las mismas palabras de la ley: “Amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón, con toda tu alma y con todo tu espíritu”. El amor a Dios es la base de todos los preceptos, amor que nos involucra con todas nuestras facultades y fuerzas y que pone Dios al centro de nuestra existencia, ordenando todo desde ese amor primero.
Pero, el amor a Dios no nos encierra en una relación narcisista, sino que nos abre al amor hacia los demás: “Amarás a tu prójimo como a ti mismo”. Sin el amor al prójimo no puede haber amor a Dios, afirma con fuerza el apóstol San Juan: “El que dice – amo a Dios – y no ama a su hermano, es un mentiroso. ¿Cómo puede amar a Dios, a quien no ve, el que no ama a su hermano, a quien ve”.
El amor a Dios y a los hermanos, es participación del mismo amor con el que Dios nos ha hecho partícipes de su vida, un amor que no es emoción, sentimiento o pasión, sino adhesión sincera, entrega y servicio, haciendo de nuestra vida un don para Dios y los demás al igual que Jesús.
Al respecto, la primera lectura sacada del Libro del Éxodo, nos da un ejemplo concreto de lo que significa cumplir los mandamientos del amor: “No maltratarás al extranjero ni lo oprimirás, porque ustedes fueron extranjeros en Egipto”.
En esa sociedad el extranjero era totalmente desamparado, víctima de toda clase de abusos sin posibilidad de que le hicieran justicia. Esta actitud hacia los extranjeros, no es propia del mundo de entonces, sino que también hoy asistimos al drama de tantos migrantes en el mundo y también en nuestro país, de personas que dejan su tierra natal en busca de nuevas oportunidades de vida o de refugiados que huyen de la persecución política o religiosa.
Muchos de ellos no logran cumplir con su sueño, porque víctimas del tráfico y trata de personas o porque mueren por las difíciles condiciones por las que deben pasar, como los miles y miles de prófugos de África y Medio Oriente ahogados en el Mar Mediterráneo.
Dios recuerda a su pueblo que también ellos fueron extranjeros en Egipto y esto nos hace pensar que todos nosotros también somos extranjeros y de paso en esta tierra y que por tanto deberíamos ser solidarios y justos con todos, sin discriminar a nadie por su lugar de proveniencia.
En particular, los cristianos, conscientes de que todos somos hijos del mismo Padre y redimidos por Jesucristo, debemos luchar en contra de toda xenofobia y considerarnos todos como verdaderos hermanos, llamados a compartir en igualdad de oportunidades los bienes de la creación, derribando fronteras y muros, y creando puentes de comprensión, solidaridad y fraternidad.
Además de los extranjeros Dios indica explícitamente a otras categorías desfavorecidas y oprimidas en su pueblo: “No harás daño a la viuda ni al huérfano… Si prestas dinero… al pobre, no te comportarás con él como un usurero… si me piden auxilio, Yo escucharé su clamor…”.
Sin el amparo del varón la viuda y el huérfano arriesgaban perder sus bienes y ser sometidos a la esclavitud y estar a la merced de los poderosos. Dios afirma con fuerza que, como Padre justo y compasivo, no queda indiferente ante el sufrimiento de los más pobres y débiles, sino que escucha su clamor, asume sobre sí sus problemas, acude en su defensa y les rinde justicia. Si Dios pide a su pueblo no olvidar nunca que Él lo liberó de las injusticias y sufrimientos de la esclavitud de Egipto, es para que, una vez llegado a la tierra prometida, no caiga en el mismo sistema dictatorial de sus opresores y rechace toda clase de injusticias, tiranías y exclusión.

José Howard Rivera Fernández

Nacido el 29 de marzo de 1967

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