Mons. Oscar Aparicio: “Por más religiosos que nosotros creamos ser, a veces rechazamos participar en lo esencial, lo que Dios nos ha preparado”

Iglesia Viva 17.10.17//iglesiacbba.org//Mons. Oscar Aparicio, Arzobispo de Cochabamba, presidió la eucaristía dominical en la Catedral Metropolitana de San Sebastián, tras haber realizado la visita Ad Limina Apostolorum, al Santo Padre, y algunas visitas pastorales

Durante su homilía invitó a reflexionar nuestra actitud frente al llamado que Dios nos hace, de participar de su banquete, de ser alimentados por el Señor. Pidió  no ser como los que no asisitieron a las bodas, y estar convenientemente preparados para ser partícipes de esta gran comunión que Dios nos tiene preparado en. Reflexionando sobre la realidad de nuestros tiempos, remarcó la crisis del egoismo e individualismo; que deja de lado a nuestros hermanos y a Dios, de nuestras vidas.

Homilía de Mons. Oscar Aparicio, domingo 15 de octubre de 2017.

Esta Palabra que hemos escuchado, tiene la continuidad de todos estos domingos. En realidad la liturgia quiere hacer esta pedagogía con nosotros, de presentar poco a poco cómo nosotros, los cristianos y los discípulos de Cristo podemos hacer un camino de fe. Y la Palabra nos, va poniendo siempre una temática que nos hace acercarnos a Él cada mes más y mejor.

Hoy día es evidente la referencia a la Eucaristía, al Banquete. Pero vamos a ver los detalles que la Palabra hoy nos muestra. De hecho hay algo fundamental en la vida nuestra, hay pocas cosas fundamentales, en realidad. Una es el hecho de encontrarnos en torno a una mesa; el alimento, la bebida, eso es fundamental es esencial, es algo vital a nuestra de nuestra propia existencia. Todos tenemos la necesidad a acudir a un almuerzo, una cena, a proveer en nuestras casa el pan en torno a esta mesa. Eso es lo normal en lo cotidiano de nuestra vida, de lo ordinario que nosotros podamos tener.

No podemos concebir una vida humana sin estar en torno a una mesa, o en el hecho de tener la alimentación. Sabemos por experiencia, que Dios provee nuestras mesas. Sabemos que el Señor está atento a nuestras necesidades. Sabemos que la mejor forma de compartir nuestra vida entre nosotros y también con Dios es justamente esto, el habitar o el compartir, en torno a una mesa. los alimentos. Vean hermanos creo que es el primer de los hechos concretos que la Palabra nos está hablando. Es el Señor que a las necesidades más vitales, que podamos tener, Él provee, está atento en nuestras mesas, provee el pan.

Lo segundo aparece otra vez en la primera lectura y además en la experiencia del mismo Pablo. A este gran banquete excepcional que muestra también el gozo la salvación y la vida. Porque es verdad hermanos cuando nosotros tenemos lo ordinario en nuestro banquete, en nuestro almuerzo y en nuestra cena, hay momentos que destacamos. En torno a la mesa algo fundamental, que es también el gozo, el momento de fiesta. Momento de compartir el pan de manera más exquisita, mucho mejor.

Por eso es el Señor mismo quien prepara este banquete, donde los alimentos serán suculentos, exquisitos. Así lo dice por invitación del profeta Isaías y nos invita a participar de este banquete en torno a la mesa, en torno al alimento. El Señor mismo prepara el mejor de los banquetes.

Por eso la referencia a la Eucaristía es real y es evidente. Está anunciando el profeta lo que acontecerá con Jesús. Estando en la mesa con sus discípulos tomó el pan, lo partió, lo entregó y les dijo. Tomando la copa hizo la bendición y al mismo tiempo las repartió a los demás. Es el Banquete por excelencia.

Por tanto hermanos míos, de la mesa cotidiana nuestra, de nuestra casa, nosotros estamos llamados a en el más grande de los banquetes. A participar de la eucaristía y a participar del banquete celestial que Dios nos prepara. Hermanos, es una figura excepcional; de lo cotidiano, de lo ordinario, de la necesidad nuestra se pasa a algo mejor.

Y de ahí todavía a participar de algo mucho mejor. A participar de nuestros hermanos, no solo a constituir familia. Sino también a participar del gran banquete que Dios Padre ha hecho con la familia humana. Y absolutamente todos estamos invitados.

Por eso el Evangelio menciona todo eso. Cuando Jesús compara el Reino de los cielos, así lo dice: el Reino de los cielos se parece a un rey que celebraba las bodas de su hijo. Está haciendo una figura. Está diciendo de las cosas que pueden existir en este mundo, también son realidades que acontecen también en el cielo. Este rey, este señor, invita algunos a este banquete. Pero estos se negaron.

Aquí hermanos aparece la gran situación del ser humano. Lo que acontece con nosotros, tenemos la libertad de aceptar la invitación o rechazarla. Todo el género humano está invitado a este banquete, a estas bodas. Tú y yo estamos invitados estamos invitados a estas bodas.

A participar de la salvación, a participar del Reino de Dios en toda su extensión. La invitación de a habitar junto a Él y a realizar este banquete en la mesa de Dios Padre. Todos estamos invitados, pero cada uno puede elegir también. Porque puede rechazar. Y de hecho sabemos y conocemos que en las generaciones y el mundo, hay tanta gente que se encierra en sí mismo y rechaza. O no quiere a Dios, o incluso niega la existencia de Dios.

Veamos cómo Jesús trata el tema. A todos aquellos que se les había invitado, rechazan. Jesús cambia de estrategia y dice, vayan a buscar a otros invitados. Mi banquete ha sido preparado y han sido matados mis terneros y mis mejores animales y todo está a punto. Vengan a las bodas.

El banquete significa algo más. Significa entrar en la intimidad con Dios. Significa participar no solo en un banquete exquisito y suculento. Sino participar en la vida plena, de recibir el amor de Dios y de poder responder a este amor de Dios. Son las bodas, son las nupcias. Pero aquellos que fueron invitados de manera explícita, se fueron uno a su campo, otro a su negocio y los demás se apoderaron de los servidores los maltrataron y los mataron.

Hermanos míos esto acontece más en nuestro tiempo que en otros tiempos. La gran dispersión o la gran distracción que vive hoy el mundo, es impresionante. Probablemente junto al gran pecado del egoísmo existe el pecado que estamos distraídos en miles de cosas y no en lo esencial. Ocupados en miles de otras cosas y no en lo esencial. Ocupados y creyendo que la vida viene de tantas otras cosas y no centrados en lo que de verdad es fundamental.

Hasta la muestra de nuestros banquetes, o en nuestras comidas rápidas. Muestra que no nos queremos encontrar entre nosotros, menos con Dios, distraídos y ocupados en miles de situaciones, pero no en lo fundamental. En el acudir a las bodas del Cordero, o el participar de las bodas que Dios ha preparado. Tenemos excusas para todo.

Ese es el gran pecado para la sociedad de hoy. Al enterarse el rey que también estos rechazaron. Hace una invitación más clara, cambia todavía de estrategia. Va y hace que todos los que estén en el camino y en el lugar sean llevados al banquete. No solo es una invitación general, ni personal. Es una invitación que va apunta alguien y lo lleva, estos participan.

Evidentemente hermanos, los fariseos, los doctores de la ley que habían escuchado esta parábola se sentirán de verdad agredidos. Porque estos han rechazado el Reino de Dios, por más religiosos que se crean. Y a veces puede acontecer, que por más religiosos que nosotros creamos ser, a veces rechazamos también esta situación que participar en lo esencial de las bodas o del banquete, de lo que Dios nos ha preparado.

Pero aquí algo mas todavía. Aquellos que ha entrado en el banquete, hay uno que no tiene el vestido. Aun que ha aceptado y está presente no está preparado.
Queridos hermanos y hermanas es una palabra muy bella que enriquece el camino de seguimiento al Señor. Acojámosla, acojamos esta invitación de primera, esperemos que sí. Sabiendo que nuestra participación en el banquete es con una predisposición y un vestido adecuado para participar de aquello. Que el Señor nos ayude a todos,
Amén.

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