Redescubrir la alegría de pertenecer a la Familia del Señor

Iglesia Viva 02.10.17//Es el desafió que marca Mons. Antonio Reimann, Obispo del Vicartiato Apostólico Ñuflo de Chávez, en la reflexión de este mes de octubre, publicado en el boletín mensual “El Mensajero”, de esta Iglesia local.

 Miembros de la Familia Misionera

Antes de despegar del aeropuerto en Frankfurt, sonó una voz que decía: “El capitán Neumann les da la bienvenida a bordo, y les desea un buen vuelo”. En estos momentos pensaba en el vuelo de mi vida personal, en el vuelo de la Iglesia hoy, sacudida por vientos tan contrarios, también en el vuelo de toda la humanidad presente en un medio ambiente herido, despojado… Durante el vuelo, una y otra vez, se escuchaban las palabras del capitán, informándonos de la velocidad, de la altura del vuelo, y de los lugares que atravesamos desde la altura del vuelo.

¡Qué Gracia tan grande, en las circunstancias que nos toca vivir, tener como capitán al Hombre Nuevo, que es Nuestro Señor Jesucristo! Él también nos guía mediante la unción de su santo Espíritu, y nos habla a través de su Palabra revelada en la sagrada Escritura, como también por medio de los acontecimientos diarios.

En el mes pasado, llamado el mes de la Biblia, retomamos nueva-mente el compromiso de escuchar al Hombre Nuevo en el interior de cada uno de nosotros (cf Mc 1,15; Lc 4,14s; Mt 4,12). Y ¿cómo no reconocer la presencia de este Hombre Nuevo en la animación bíblica de todas las pastorales, en la Escuela del Catequistas, en to-dos los lugares donde los hombres y mujeres luchan con esperanza, caminantes, sedientos de verdad, amando sin fronteras, por encima de razas y lugar … ¡tantas veces así lo hemos expresado cantando!

 

Estoy retornando de mi viaje, primero unos días en mi tierra natal, en Polonia. La despedida con los familiares y amistades siempre cuesta -tal vez, con el paso de los años, más todavía-. Pero me doy cuenta también de la Gracia de tener otra familia, la familia espiritual. Si la primera, la de sangre, un día acabará; la otra, del espíritu, nunca. El pertenecer a esta familia es en primer lugar un fruto de la gracia de Dios, derramada en nosotros en el sacramento del santo Bautismo. Por otro lado, nuestra apertura a la Palabra de Dios, nos vincula más entre todos nosotros y nos hace sentir verdaderamente familia del Señor. Recordemos lo que Jesús un día afirmó: mi Madre y mis hermanos son los que escuchan la Palabra de Dios y la practican (cf Lc 8,19-21). Quiero compartir con Ustedes algunos ejemplos vividos en este mes pasado:

El encuentro con los residentes bolivianos en Bérgamo, ha confirmado esta verdad. Los abrazos, las lágrimas, la alegría de encontrarnos juntos, como si fuéramos familiares de sangre, la alegría de los adolescentes que nos presentaron los bailes típicos de Bolivia…

También el papa Francisco, nos dijo que lleva a Bolivia en su corazón, y no se olvida de su visita a nuestro país. Como un padre de familia nos exhortaba y animaba, a cultivar la alegría del encuentro personal y comunitario con El Señor vivo y presente entre nosotros; somos conscientes que en nuestros campos pastorales encontramos no solamente el trigo, también la cizaña. No perdamos la paciencia, y ¡ojalá! lleguemos a tener la experiencia de que la cizaña sólo cede con el amor apasionado por el Señor y los hermanos que sufren; que jamás los abandonemos…

Lo mismo hemos sentido en Alemania, en las diócesis hermanas de Hildesheim y Tréveris, visitando las parroquias. Con qué amabilidad hemos sido tratados. El compartir juntos los te-mas como: el dialogo ecuménico, el medio ambiente, las nuevas pobrezas… Y como centro de todo, dejándonos iluminar por la Palabra de Dios y en la celebración comunitaria de la Santa Misa. Juntos, hermanos, discípulos-misioneros.

Queridas Hermanas y hermanos:

El mes de octubre es el mes da las misiones. Delante de nosotros un Congreso Misionero Nacional en Sucre. En cada parroquia hay un grupo de personas que están trabajando los temas correspondientes para este encuentro. Se nota un entusiasmo creciente, por lo que doy gracias a Dios. El domingo 22 de este mes, celebraremos la Jornada Mundial de las Misiones bajo el lema: “La Misión en el corazón de la fe cristiana”.

Y al final una pregunta: ¿Siento verdadera pasión por mi familia, no solo porque me unen los lazos de sangre, sino porque formamos también parte del Cuerpo de Cristo que es la Iglesia? ¿Nuestras comunidades religiosas emanan un clima de confianza, de respeto al diferente, de diálogo para vivir mejor el carisma fundacional hoy y ahora? ¿Cómo se refleja nuestra fraternidad sacerdotal?

Que el redescubrir la alegría de pertenecer a la Familia del Señor, que bebe de la fuente viva de la Palabra del Señor, y se alimenta con su Cuerpo y Sangre, se fortalezcan nuestros lazos fraternos, para que anunciemos, no solo en este mes de octubre sino en toda nuestra vida, que en Cristo se encuentra la vida verdadera, y que con él, podemos vencer todas las esclavitudes…

María, Mujer Nueva, Madre de la Palabra hecha carne, bajo la advocación del Rosario, interceda por nosotros

Fraternalmente, +Antonio Bonifacio Reimann, OFM

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