La Anticoncepción heraldo del Aborto

Por: José Ismael Zeballos (*)

Iglesia Viva 2.10.2017. La vida, ese don maravilloso. La ciencia y la técnica han dado pasos importantes para el bienestar de la humanidad demostrando con ello que la capacidad humana no tiene fronteras a la hora de desarrollar ideas y volverlas una realidad, particularmente en el campo de la salud, avances que también conllevan un gran riesgo, por eso es importante que la responsabilidad moral sea un criterio que mueva a tomar las mejores decisiones, pero a pesar de los esfuerzos que se puedan realizar para mejorar estos descubrimientos, éstas quedan siempre sujetas a los límites; límites que desearíamos superarlos, por ejemplo la muerte es el paradigma insuperable del límite humano pero también está el cáncer, el párkinson, el alzheimer y otras enfermedades que muchas veces lastiman la experiencia humana; experiencia que intenta ser vivida en plenitud ya que fuimos hechos para la felicidad y que forma parte del deseo natural inscrito en nuestra condición humana.

Pero ¿Qué es o cuál es esa condición que nos hace humanos? No es necesario pensar mucho para darnos cuenta que la respuesta empieza por uno mismo, y que lo que nos hace humanos está inscrita en nuestra naturaleza humana que lleva inscrita el esplendor de la verdad . Somos de la especie homo sapiens, los únicos dotados de inteligencia y capacidad de raciocinio. Pero no todo queda ahí, ya que al ser poseedores de estas habilidades, también somos seres sociales por naturaleza, estamos llamados a convivir con otros de nuestra especie, es decir, ¡somos seres relacionales! Lo cual implica que no existimos ni vivimos solo para nosotros, sino que vivimos y existimos para el otro. Esta hondura relacional no está determinada por la ciencia sino por una antropología que determina nuestro ser y existir. Esta condición humana no se da por nosotros mismos, nadie se da el ser a sí mismo ya que no somos creadores de nuestra propia naturaleza sino que la condición humana se nos es dado como un don que no depende de nosotros ni tampoco del padre y de la madre, sino de un acto voluntario de amor del creador, por lo tanto podríamos afirmar, sin temor a equivocarnos, que la vocación humana de todo hombre y mujer es el amor. Vivimos para hacer buena y agradable la vida del otro a pesar de nuestras limitaciones; limitaciones que nos hacen únicos, más humanos pero son complementadas por nuestras potencialidades. Esta integralidad es una característica determinante de la especie humana.

Dichas potencialidades se encuentran en el origen de nuestra existencia, así lo afirma Núñez de Castro: “en el inicio de nuestra existencia, es decir en la fecundación y por ella se sigue un proceso denominado epigenético que contiene en sí desde el primer momento la suficiencia constitucional del nuevo ser en desarrollo y cómo toda vida es una continua actualización de potencialidades”.

Desde el día uno de nuestra existencia vamos desarrollando o más exactamente evolucionando, en una sintonía perfecta de procesos hacia nuestra adultez. Este desarrollo es un derecho natural del que somos portadores todos quienes habitamos este  hermoso planeta llamado Tierra y que nadie tiene derecho de quitárselo a otro ser humano. En cada estadio de desarrollo la condición humana no pierde su identidad y dignidad sino que le es afirmada. No es más un niño, un adolescente, un adulto o un embrión, todos nos encontramos en una hermosa línea horizontal que nos hace iguales. Muchos intentos han habido de tergiversar esta realidad, pero al final la sabiduría de la naturaleza queda imponiéndose. Hemos llegado, sobre todo en el ámbito de las legislaciones, a consideraciones inverosímiles acerca de la realidad de la persona; de esa manera se ha empezado a catalogar a la persona humana en aptos y en menos aptos y de acuerdo a ellas sin son sujeto o no de derechos. Quienes han tenido la de perder han sido los más indefensos, los niños por nacer, por eso la afirmación de persona no se nos es dado sino que somos portadores de ella desde su fase inicial, por lo tanto acreedora de derechos inalienables.

Hoy se ha puesto en duda esta afirmación y muchos han caído en el error de que se es persona a partir del nacimiento y cabe preguntarnos, ¿antes de ello qué somos? Muchos consideran que el embrión es tan solo un cúmulo de células no determinadas aún y que no merecen mayor relevancia, pero esta afirmación no es cierta ya que existen estudios serios que demuestran que el embrión posee unas capacidades que la hacen única, por esta razón la embriología ha logrado  muchas luces sobre esta fase inicial de la vida humana.

Langman afirma que:” la embriología es el estudio del desarrollo de un organismo a partir de la fecundación del gameto femenino – el estadio unicelular – durante el periodo de organogénesis, cuando se establecen los primordios de los sistemas de órganos. En el ser humano este marco temporal comprende las primeras ocho semanas del embarazo. En este momento el desarrollo humano ingresa en el periodo fetal, cuando la diferenciación continúa y aumentan el peso y la longitud”. En este proceso el tiempo ¡que fundamental  es! Nuestra naturaleza humana inevitablemente queda sujeto a este límite y muchos han sido los intentos y seguramente en el futuro seguirá siendo un objeto de búsqueda para superarnos a nosotros mismos y encontrar una “cura” a esto que nos hace seres finitos. Las primeras veinticuatro horas son determinantes para la existencia del nuevo ser ya que cuando se produce la fusión de los dos gametos, el espermatozoide (gameto masculino) y el óvulo (gameto femenino) en una única célula, se producirá la primera división celular que determina el eje dorso-ventral, primer inicio de nuestra forma corporal. Esta base biológica es fundamental para nuestra existencia. Asimismo el mismo autor indica que:” desde el momento de la penetración (del espermatozoide al ovulo) tiene lugar una nueva cadena de actividades, que indica con plena evidencia, que los gametos ya no actúan como si fueran dos sistemas independientes entre sí, sino que se han constituido un nuevo sistema que actúa como una unidad independiente. Es la unidad definida con el término biológico de cigoto o embrión unicelular ”. Esta constatación biológica indica que la complementariedad y la comunión son hechos biológicos que ya desde sus inicios van expresando nuestra natural vocación de la entrega al otro, es decir, que desde nuestros orígenes llevamos la impronta de la relacionalidad, pero además en este proceso inicial de la existencia humana se inicia una sintonía perfecta entre madre e hijo, aunque la madre aún no sepa que está embarazada.

A manera de síntesis podríamos afirmar que desde la fecundación existe un individuo de la especie humana que ha comenzado su ontogénesis.

Estos elementos llevan a considerar que se es persona no solo a partir del nacimiento como si esta fuese un proceso independiente de su desarrollo anterior, sino se es persona desde la fase embrionaria y que la misma tiene que ver con la naturaleza humana cuyo destino queda marcada por el día uno, así lo expreso Helen Pearson, embrióloga, en la revista Nature del año 2002.

A pesar de estas investigaciones y publicaciones aún existen teorías que sostienen que el embrión no es sujeto de derechos y esta forma de pensar ha calado profundamente en la conciencia de muchas personas, por esta razón la vida ya no es considerada como un bien a proteger sino como un producto a disponer, negociar y desechar.

El origen de la misma viene de una mentalidad contraceptiva que se gestó en la década de los sesenta hasta llegar a su pleno desarrollo en la década de los noventa. Robert Malthus a través de su estudio alertó que si la población seguía multiplicándose exponencialmente llegaría el momento en que los recursos para alimentarlo se acabarían, por esta razón propuso que era necesario reducir el crecimiento poblacional del planeta. A esta idea se sumó Margaret Sanger, fundadora de la Liga Americana para el Control de la Natalidad, que además es la fundadora de la tristemente célebre organización Planned Parenthood que el año 2016 fue descubierta haciendo comercio con partes de bebés abortados. En principio Sanger se presentó como la defensora de los derechos de la mujer, pero es conocida como firme partidaria del eugenismo y del racismo, medios que utilizó para implantar el control de la natalidad, asimismo fue la fundadora de la Sociedad Americana de Eugenesia y colaboró con los experimentos del Tercer Reich. Luego será Gregory Pincus quien descubrirá y desarrollará la píldora anticonceptiva y Sanger la utilizará como principal medio para fomentar el control de la natalidad. Finalmente la ONU organizará grandes conferencias: la Conferencia Internacional sobre la Población y Desarrollo (El Cairo, 1994) y la Cuarta Conferencia Mundial sobre la mujer (Bejin, 1995) donde se desarrollará un nuevo concepto denominado Salud Sexual y Reproductiva que reemplazará al de control poblacional y que busca reducir el número de embarazos no deseados o no deseables y para lograrlo plantea los siguientes medios: el aumento y difusión de los métodos anticonceptivos, el recurso de la esterilización y el acceso libre al aborto. Todo esto enmarcado en un nuevo lenguaje denominado “derechos sexuales y reproductivos”, ingresando de esta manera al plano jurídico y legal de los países, así fueron acallando a quienes se oponían a estos métodos de control de la natalidad. De esta manera la anticoncepción funciona como heraldo del aborto.

El deseo de controlar el crecimiento demográfico no es nuevo; en las recientes décadas, la industria de la muerte ha modernizado su arsenal, las leyes de la guerra prohíben las armas químicas y bacteriológicas, pero en la guerra contra el no nacido por el contrario todo vale. Algunos laboratorios han creado algunos compuestos químicos, que permiten llevar la muerte al propio hogar de manera silenciosa, así con tomar una simple pastilla la mujer no siente la impresión de causar la muerte de un ser humano.

El año 1968 en la Humanae Vitae Pablo VI había advertido sobre las implicancias y riesgos de la aplicación del control de la natalidad y la promoción de la píldora anticonceptiva:

– Que se abriría un camino fácil y amplio a la infidelidad conyugal, es decir, al adulterio.

– La degradación general de la moralidad.

– El hombre perdería el respeto a la mujer, considerándola como objeto, sin preocuparse de su equilibrio físico y psicológico.

– Se pondría un arma peligrosa en las manos de las autoridades públicas despreocupadas de las exigencias morales.

Cada una de estas afirmaciones, lamentablemente, se ha cumplido. En este proceso la gran perdedora ha sido la mujer y el niño por nacer. La anticoncepción así como el aborto fueron buscados como fin para lograr bajar la tasa de natalidad particularmente de los países subdesarrollados en tanto los países desarrollados se encuentran con otro conflicto aún mayor: el envejecimiento poblacional. Por lo tanto nos encontramos ante un nuevo sistema ideológico de tinte totalitario y que a nombre de cuidado del medio ambiente está socavando la soberanía de los países. Michel Schooyans afirma que la población envejece y todo el mundo se queja porque las cajas de la seguridad social y de jubilaciones se van secando, ya que el número de activos que las alimentan comienza a faltar. Además de este aspecto económico, esta situación puede llegar a ser políticamente desastrosa, porque la credibilidad política de un país depende, en parte, de su peso demográfico. Según un informe presentado por el Instituto de Investigaciones Sociológicas de la UMSA, la población de la tercera edad crece a un ritmo del 3.7% mientras que la población en general crece a 1.7% esto se debe, indica el informe, al descenso de la tasa de fecundidad que según el INE es del 2,9% . Estos datos nos deberían hacer pensar que hay cosas que no se están haciendo bien y que con políticas contrarias a la vida se está alterando seriamente el futuro de nuestro país.

Como resultado de esto hemos perdido el sentido de nuestra humanidad, ¡nos hemos deshumanizado! Y con ella hemos perdido la capacidad de la ternura, de la cercanía, de la misericordia.

Conclusión

En la fecundación se  consigue un nuevo patrimonio genético que va a determinar por completo, desde ese momento hasta el final de la vida, toda la estructura biológica completa, incluida la determinación del sexo.

A partir de la fecundación el cigoto ya es masculino o femenino, es una persona de la especie humana.A partir de la fecundación se dispara un proceso que no se va a detener, que es totalmente continuo que terminará con la muerte del individuo al final de su vida.

Por lo tanto no existe discontinuidad como para afirmar que antes era algo pre humano y después ya tendríamos un ser perfectamente humano, no, ese momento ya viene determinado por la fecundación.Por lo tanto el embrión humano posee una dignidad que no puede ser arrebatado por nada ni por nadie y que el atentar contra ella, como es a través del aborto, constituye un serio delito que clama justicia al cielo, ya que el embrión es un ser humano en desarrollo que tan solo espera potenciarse a lo largo del ciclo vital de la persona.

Nuestra sociedad es portadora de la cultura de la vida, ama a los niños, sobre todo a los más pequeños e indefensos, pero también es amante y protectora de la familia. La familia es el lugar natural donde los más indefensos son amados por sí mismos, pero también se tiene en alto aprecio a quienes ya están en el ocaso de la vida. Por lo tanto el Estado y la sociedad en su conjunto necesitamos fortalecer la unidad familiar donde el padre y la madre tengan la capacidad de la entrega que quede patentizado en la entrega hacia los hijos y que éstos a su vez no se vean faltos de afecto, sino colmados de ello para que no busquen afuera lo que pueden encontrar dentro, es decir en la familia.

El Estado y muchas otras organizaciones vienen realizando un esfuerzo para disminuir la cantidad de embarazos precoces sobre todo en los adolescentes, pero lamentablemente decidieron seguir el camino fácil y sencillo de repartir  anticonceptivos que solo favorecen a las empresas comerciales. Con la aprobación de la ley del aborto, también se intenta seguir el camino fácil y sencillo de quitarse el “problema”, el niño por nacer porque como sociedad no somos capaces de educar a las nuevas generaciones en algo tan fundamental como es la educación en la afectividad.

(*) José Ismael Zeballos

Programa Especialización en Familia

José Howard Rivera Fernández

Nacido el 29 de marzo de 1967

Un comentario sobre “La Anticoncepción heraldo del Aborto

  • el 3 octubre, 2017 a las 08:22
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    Felicitaciones por un análisis detallado y documentado, sobre el porqué estamos hablando de seres humanos desde la concepción. Me sorprendió conocer los argumentos de Malthus y Margaret Sanger, para promover el aborto.

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