¿Y ustedes, quién dicen que soy yo?

Por: Mons. Antonio Reimann
El Mensajero 7.9.2017. Estoy escribiendo este mensaje el último domingo de agosto. En el evangelio de este día del Señor, Jesús hace dos preguntas a sus discípulos: ¿Qué dice la gente de mí?, y la segunda: ¿Y ustedes, quien dicen que soy?
La respuesta a la primera pregunta, tal vez para nosotros es relativamente fácil. Conociendo el entorno donde vivimos, nos damos cuenta que los bienes de este mundo resultan para muchos más atrayentes que la Palabra de Dios, que la participación frecuente en las celebraciones litúrgicas, o el compromiso gratuito, desde la comunidad parroquial para construir un mundo más justo y fraterno.
Sin embargo se nos hace más difícil de responder a Jesús a la segunda pregunta: ¿Y ustedes, quien dicen que soy? Sabemos que la respuesta a esta pregunta está condicionada por nuestra fe en el Señor, y esta, como dice el apóstol Pablo, nace de la escucha asidua de la Palabra de Dios (cfr. Rom 10,17). Sin embargo, para que la Palabra de Dios pueda ser escuchada, y no en-terrada bajo las espinas de las preocupaciones cotidianas y los engaños de este mundo, nece-sita del silencio contemplativo.
A este silencio nos invita todos los días el Espíritu del Señor. A pesar del ajetreo al que la vida nos somete, siempre hay espacios en los que el silencio es más fuerte que el ruido; se trata de adiestrar la mirada para que más allá de lo superficial, descubra lo profundo, la belleza que hay en cada corazón humano, en los acontecimientos, en la creación. El rostro del Señor, se encuentra más allá de las apariencias, donde nuestros juicios dejan de tener valor absoluto y sólo la Palabra de Dios ilumina la realidad y la transforma. El Espíritu nos conduce, cada día a contemplar a Dios, alfarero, realizando su proyecto en cada uno de nosotros y en la Historia.
De eso nos habla el papa Francisco en el siguiente pasaje: “Les quiero contar cómo leo yo mi vieja Biblia. A menudo la tomo en las manos, leo un poquito y después la pongo a un lado y me dejo contemplar por el Señor. No soy yo el que contempla al Señor, sino que Él me contempla a mí. Él está allí, en efecto. Me dejo mirar por Él, y siento – esto no es sentimentalismo- , siento en lo más profundo las cosas que el Señor me dice. A veces no habla. Entonces no siento nada, solo vacío, vacío, vacío… Pero permanezco allí con paciencia, y espero”.
El mes de septiembre, llamado el mes de la Biblia, nos invita a revivir estas actitudes de silencio contemplativo para escuchar la Palabra revelada; y comprender que esta Palabra tiene un rostro, que es el mismo Jesucristo; que esta Palabra tiene una casa, que es la Iglesia, la comunidad. Y que los caminos de esta Palabra nos lanzan a la Misión.
Aprovechemos este mes de la primavera, para acoger la lluvia de la Palabra que rejuvenece y reaviva nuestra Iglesia. Las parroquias han recibido unos folletos que facilitan las celebracio-nes de la Palabra en este mes. ¡Tómenlo en cuenta!
¿Quién soy yo para ti? Nos pregunta hoy el Señor. Vale la pena dar una respuesta sincera de nuestra parte, pues sabemos que de la calidad de nuestra respuesta depende nuestra paz interior en medio de las tormentas que nunca faltan. La calidad de nuestra familia sacerdotal, religiosa y parroquial depende, también, de calidad de nuestra fe, de la vida comunitaria y familiar que construimos día a día en fidelidad a la Palabra.
Aprovecho este prólogo para pedirles sus oraciones por nosotros, los obispos de Bolivia en la visita al papa Francisco, llamada “Visita ad límina Apostolorum”. Les llevo en mi corazón a este encuentro con el Papa. Que el compartir con el sucesor de Pedro Apóstol, nos ayude a decir con toda nuestra vida: “Tú eres el Mesías, el Hijo de Dios vivo”.
También en mi ausencia, si surgen preguntas en cuestiones legales, jurídicas de las parroquias, favor dirigirse al P. Ruperto Rodríguez, Vicario General. Y en los asuntos pastorales, ahí están los párrocos y los Vicarios episcopales.
Les bendigo a todos en este esfuerzo de acoger, vivir, y anunciar la Palabra del Señor, tal como lo hizo nuestra Madre, María Inmaculada en Nazaret, junto a la Cruz, y en el cenáculo en el día de Pentecostés.
+Antonio B. Reimann, OFM

José Howard Rivera Fernández

Nacido el 29 de marzo de 1967

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