La Transfiguración

Iglesia Viva 9.8.2017. Mons. Jesús Pérez, Arzobispo Emérito de Sucre, nos presenta el acontecimiento de la transfiguración a la luz de la liturgia de este domingo.

Hoy celebra la Iglesia católica la fiesta de la Transfiguración de Jesús que coincide con el día de las fiestas patrias, que recuerdan aquel día grandioso para Bolivia, en que llegó a constituirse en nación soberana e independiente. Al caer en domingo esta fiesta, por ser fiesta del Señor, en la liturgia se emplean los textos litúrgicos, no del domingo, sino de la Transfiguración. Los bolivianos que viven su fe cristiana, aprovechan este día para la acción de gracias al Señor y para pedir bendiciones al Todopoderoso. La Sagrada Escritura se expresa en el Antiguo Testamento con estas palabras: “Este es el que ama a sus hermanos, el que ora mucho por su pueblo”
En nuestras celebraciones de la misa se lee hoy a Mateo 17, 1-9, como Marcos y Lucas nos relatan la Transfiguración de Jesús, en el llamado monte Tabor. Evangelio que se oye cada año en el segundo domingo de Cuaresma. El objetivo de la Transfiguración fue alimentar y fortificar la fe de los apóstoles en la divinidad de Jesús. Jesús es el Señor pero en los planes divinos estaba siempre determinado que Jesús, su humanidad, llegase a la gloria pasando por la muerte en Cruz. Al relato de la Transfiguración precede el primer anuncio de la Pasión que Jesús hace a sus discípulos mientras caminan hacia Jerusalén. Con este anuncio de Jesús, tan desagradable e incomprensible, se derrumbó la fe y la esperanza de los apóstoles en la mesianismo y en el reino que liberaría al pueblo de Israel de la esclavitud a la que estaban sujetos por el imperio romano. La idea de un mesías y salvador, sufriente y ajusticiado y condenado a morir en una cruz, no cuadraba con los cálculos políticos que eran connaturales a la esperanza mesiánica de los judíos, como muestra, Pedro trató de disuadir a Jesús de la muerte en cruz. La reacción de Jesús fue dura: “apártate de mí, Satanás”. Pedro no entendía el lenguaje de la Cruz. Tampoco nosotros.
El prefacio de la misa de hoy nos lleva a reconocer que Cristo es el Hijo de Dios, que la divinidad no queda disminuida por tener que pasar por la muerte: “Cristo nuestro Señor manifestó su gloria a unos testigos predilectos y les dio a conocer en su cuerpo, en todo semejante al nuestro, el resplandor de su divinidad. De esta forma, ante la proximidad de la Pasión, fortalece la fe de los apóstoles para que sobrellevaran el escándalo de la cruz y alentó la esperanza de la Iglesia al revelar en sí mismo la claridad que brillará un día en todo el cuerpo que le reconoce como cabeza suya”.
El hecho de la Transfiguración produjo en los tres apóstoles momentos de gozo y de cielo inexplicables, hasta el punto que Pedro, como leemos en la segunda lectura de este domingo, en plena fruición de esta visión exclamó: “Señor, ¡qué bien se está aquí! Si quieres haré tres tiendas; una para Ti, otra para Moisés y otra para Elías”. ¡Qué gozo indescriptible el que tuvo Pedro en el monte Tabor! Este acontecimiento quedó muy gravado en su corazón. Por eso dice: “Nosotros oímos la voz del cielo”. Así mismo, al evangelista Juan se le escapa en el prólogo de su evangelio una expresión semejante: “Nosotros hemos visto su gloria, gloria del Unigénito del Padre, lleno de gracia y verdad”. Cristo nos señala que para llegar a la transfiguración en nuestro cuerpo, hay que seguir su camino. No hay otro camino que hacer la voluntad del Padre, llevando la cruz diaria.
Sucre, 6 de agosto de 2017, Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M. Arzobispo emérito de Sucre.

José Howard Rivera Fernández

Nacido el 29 de marzo de 1967

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