El sacramento del Matrimonio es una Santa Comunión y una realización del Cuerpo de Cristo

Iglesia Viva 19.06.17//Así lo explicó Mons. Robert Flock, Obispo de la Diócesis de San Ignacio de Velasco, el pasado 15 de junio en la Solemnidad del Corpus Crhisti desde la Catedral:

Corpus Christi 2017 – Catedral de San Ignacio, 15 de junio, 2017

Queridos Hermanos. (Canto: Amor, Amor)

Hoy celebramos de acuerdo a nuestras tradiciones la Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo: “Corpus Christi”, como se decía en Latín. En realidad celebramos la institución de la Eucaristía en la Última Cena el Jueves Santo, pero considerando el gran significado de semejante don, merece un momento adicional para contemplar este don y agradecerle al Señor. Además, con la procesión, pedimos la bendición del Señor, tan cercano, a nuestro pueblo y a nuestras familias.

La Palabra de Dios que escuchamos hoy enfoca varias dimensiones de este misterio. Por ejemplo, Jesús insiste en que es necesario comer su carne y beber su sangre para tener vida. Por lo que la Santa Comunión no es el postre de la vida cristiana. Es absolutamente necesario. Comulgamos para permanecer unidos a Cristo tal como nos dice: “El que come mi carne y bebe mi sangre permanece en mí y Yo en él.” Muy poco nos sirve acompañar al Santísimo en nuestra procesión, si antes en la Santa Misa no podemos recibir a Jesús en la Santa Comunión.

San Pablo explica en la Segunda Lectura que la Eucaristía nos hace de nosotros un solo cuerpo: “Ya que hay un solo pan, todo nosotros, aunque somos muchos, formamos un solo Cuerpo, porque participamos de ese único pan.” Está hablando del misterio de la Iglesia, de manera que lo mismo que decimos al invitar la hostia: “Cuerpo de Cristo”, nos sirve como descripción de lo que es la Comunidad eclesial: “Cuerpo de Cristo”. Si nosotros no podemos comulgar, porque hemos cometido algún pecado grave, o porque no vivimos un matrimonio cristiano, entonces rompemos el Cuerpo de Cristo.

Irónicamente, una de las cosas que observamos en la Diócesis de San Ignacio, es que celebramos muchos bautismos y pocos matrimonios. Hay quizás muchos factores que influye en este hecho. A fondo creo que no captamos el sentido propio del matrimonio sacramental, tampoco del Bautismo, ni siquiera de la Eucaristía. Porque los siete Sacramentos están unidos en su naturaleza esencial. Ellos nos integran con las diversas dimensiones de nuestra vida en el mismo misterio de salvación que Jesucristo explicó durante la Última Cena, anticipando su muerte y resurrección.

Jesús dijo: “Esto es mi cuerpo que será entregado por ustedes”. Sabemos que fue entregado en la cruz, aceptando Jesús sufrir el castigo que debería caer a los pecadores. “Este es el cáliz de mi sangre, sangre de la alianza nueva y eterna, que será derramado por ustedes y por muchos, para el perdón de los pecados”.

Cuando comemos este pan y bebemos este cáliz, como cuando nos sentamos juntos para compartir una parrillada con buena comida y buena bebida, fortalece nuestros lazos de amistad, de familia y de comunidad, pero al recibir el cuerpo y la sangre de Cristo, nuestras amistades, nuestras familias y nuestra comunidad, se convierte en Iglesia, en Cuerpo de Cristo, no por el simple gusto de compartir un buen momento con una buena comida, sino porque nuestro buen momento, nuestra buena comida, nuestro vino, es participación en la muerte y resurrección de Jesús, Dios hecho hombre, Dios hecho pan de vida y cáliz de salvación. Es una realidad que profundizamos cada vez que participamos del Cuerpo y Sangre de Cristo.

De manera similar, bautizar a un bebé (o a un adulto), es integrarlo en este Cuerpo de Cristo, que murió y resucitó. El bautizado muere al vida dominada por el pecado y renace resucitado como parte de la Iglesia. El joven que es confirmado asume su identidad de cristiano en la Iglesia, también identificado con Jesucristo muerto y resucitado, sellado con el Espíritu Santo y sus dones.

Es inconcebible, que alianza, nueva y eterna, sellado con la sangre de Cristo, no fuese inyectado en la unión de los esposos, que se hace una sola carne, como hombre y mujer. De esta manera todo el cariño y el amor de la pareja cristiana, toda su convivencia y su intimidad, toda su fecundidad y su generosidad para para tener hijos, todo su familia, es también por el sacramento del Matrimonio una Santa Comunión y una realización del Cuerpo de Cristo.

Entonces, ¿porque bautizan a los niños, pero no celebran el matrimonio al iniciar su familia? Es porque tienen miedo de comprometerse delante de Dios. No saben si van a tener éxito. Lo ven como una especie de suerte, sin considerar los esfuerzos necesarios para superar dificultades. Al mismo tiempo, el mundo moderno está vaciando el matrimonio del sentido cristiano, convirtiendo las bodas en un concurso de belleza para los sociales. Después, muchas parejas no saben aprovechar la ayuda que el Señor les quiere dar para que tengan éxito. Más bien, se privan de la ayuda mayor, el Cuerpo y la Sangre de Cristo, luego de la Santa Misa y la Palabra de Dios, hasta que lo único que tienen son sus pasiones carnales, con muchos celos y poco amor, toda una receta para fracasar.

Corpus Christi, Santa Comunión, Alianza Nueva y Eterna, Acción de Gracias, Pan de Vida y el Vino Mejor. Todo lo que podemos decir para describir el misterio de Cristo en la Eucaristía, vale también para la pareja unida en Cristo por el Santo Matrimonio. Cuando la pareja casada por la Iglesia se encuentran a solas en la camita, podrían decir: Cuerpo de Cristo. Amén. Sangre de Cristo. Amén.

Amor, Amor, Amor, Amor. Hermanos míos, Dios es amor. Ama a todos como hermanos. Dios es amor.

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