Enormes pasos para la inculturación del Evangelio

Iglesia Viva 27.4.17. #ObisposBolivia “Afirmo como aymara, que la fe en Dios se fortalecerá más si seguimos orando en nuestra propia lengua”, aseguró Don Vicente Quispe Chura cuando recibió la condecoración del Papa Francisco durante el acto de inauguración de la CIII Asamblea Plenaria de los Obispos de Bolivia. En correspondencia con esta afirmación, fue P. Luis Palomera, sacerdote jesuita, quien resaltó durante el mismo acto la importancia histórica, teológica y pastoral de estos trabajos.

 

PALABRAS DE PRESENTACION DEL P. LUIS PALOMERA

Un saludo cordial a los Sres. Obispos de la Conferencia Episcopal Boliviana y al Encargado de Negocios de la Nunciatura Apostólica, Mons. Washington, a sus colaboradores, invitados, y Medios de Comunicación que nos acompañan.
Nunca hubiera imaginado que iba a estar presente en este acto y, sin duda, menos lo imaginó Don Vicente Quispe Chura, que quedó muy sorprendido cuando le comuniqué que el Papa Francisco había reconocido su trabajo en favor de la Liturgia Aymara otorgándole la condecoración “Pro Ecclesia et Pontifice”.
Permítanme decirles unas palabras que nos ayudarán a entender el contexto de este reconocimiento sobre: 1. La elaboración de los textos litúrgicos en Aymara. 2. El significado de esta labor y 3. La parte que ha tenido Don Vicente en esta labor.

1. La elaboración de los textos litúrgicos en Aymara
El Concilio Vaticano II, determinó, como todos sabemos, que los textos bíblicos y litúrgicos de la Liturgia Romana pudieran ser presentados en lengua vernácula, siempre de acuerdo con la autoridad territorial competente y con la Santa Sede (cf. SC 36). Permitió además una más profunda adaptación de textos y ciertas variaciones a culturas y lenguas más distanciadas de la mentalidad occidental (cf. SC 37-40).
Esta labor, en lo que respecta a la lengua y cultura Aymara, la llevó a cabo en Bolivia el Centro de Pastoral Litúrgica Aymara (CEPLAY), dependiente de la Comisión Episcopal de Liturgia, que comenzó su labor cuando quien les habla era Secretario Nacional de Liturgia entre los años 70 y 80. El CEPLAY ha continuado su labor por más de 30 años, bajo la dependencia de la Comisión de Liturgia y con el apoyo del actual Secretario ejecutivo de Liturgia, Dr. Jenaro Mercado.
Además de la preparación de diáconos, una de las cosas más importantes al principio fue buscar a un aymara experto en su lengua nativa. Lo encontré en la persona de Vicente Quispe Chura. El Señor lo puso providencialmente a mi alcance. Han pasado más de 30 años desde aquel momento y nunca me he arrepentido de aquel paso que di.
En esos largos años hemos traducido y preparado: el Misal Aymara, 3 Leccionarios para los 3 ciclos dominicales, los libros Déutero-Canónicos y el libro de los Salmos (adoptados luego por la Sociedad Bíblica Boliviana), 3 volúmenes de Celebraciones dominicales y festivas dirigidas por diáconos y laicos, 3 volúmenes de Rituales con todos los Sacramentos y las Exequias, el libro Bendicional y un Devocionario Aymara que incluye una Catequesis bilingüe. Esos libros – los que lo requerían – han sido aprobados por la CEB y por la Santa Sede.

2. El significado de esta labor
Para comprender el calado de esta labor hay que señalar que la palabra traducir, en nuestro caso, no es exacta. Es una simplificación. El traductor, aunque parezca extraño, ha de ser siempre hasta cierto punto un traditore del texto original. Me explico: no solo debe fijarse en lo que traduce, sino en el receptor. Y más si se trata de un texto ritual. Una traducción literal no sirve. Hay que pensar constantemente qué significará y dirá un texto ritual a los fieles aymaras. Por este motivo en las traducciones han intervenido, según los casos, aymaristas de Bolivia y del Perú, liturgistas, expertos en Biblia e incluso gente de la calle.
En toda esta labor se ha procurado respetar: la importancia que la liturgia tiene en la fe de los creyentes; la importancia del rito en la cultura aymara; la calidad y conservación de la lengua aymara. Hemos tenido muy presente que todo cambio ritual debe comenzar por el lenguaje (scripta manent) y sin olvidar que la normativa conciliar no permite hacer cambios rituales chocantes en una liturgia que convive en paralelo con otra y menos si destinada a un pueblo creyente que ha vivido durante siglos la liturgia anterior.
La labor de la Iglesia en América Latina en pro de las lenguas y culturas nativas comenzó ya en los albores de la evangelización. Algunos ejemplos: El II Concilio de Lima (1567) obliga a quienes trabajan con indígenas a aprender bien la lengua, al punto de deber proveer con su propio sueldo a la venida de otro cura conocedor de la lengua en el caso de no conocer la lengua (Canon 83). El III Concilio Limense (1582-1583) en el Cap. 6 refiriéndose a la catequesis y, en lo que estaba permitido, también a la liturgia dice: Indi índice doceantur (los indígenas sean enseñados según el modo indígena). Otro ejemplo ilustre lo tenemos en el misionero siciliano jesuita Ludovico Bertonio, que, entre otras obras de gran importancia, dejó un precioso Vocabulario de la Lengva Aymara, de 399 págs., publicado en 1612.
La Iglesia quiere también hoy ofrecer a nivel de la lengua Aymara una humilde pero efectiva contribución. La cultura y la lengua de los Aymaras han sobrevivido en el mundo colonial y en estos últimos siglos. Confiamos que también se sobrepongan al descarte que se les quiere imponer.

3. La parte que ha tenido Don Vicente en esta labor.
Sin lugar a dudas, la parte que ha tenido Don Vicente en esta labor de la traducción y adaptación de la liturgia a la lengua Aymara es importantísima. Más aún: es la principal. Sin él no se hubiera podido llegar a un resultado seguro, satisfactorio y cualificado. Un sacerdote diocesano, miembro de la Academia Aymara Peruana, que trabajó en el equipo de traductores y que falleció ya hace años, el P. Domingo Llanque, lo admiraba y lo respetaba por su competencia y seguridad en el dominio de la lengua.
Vicente no trabajaba solo para ganarse el pan ni por dinero, aunque lo necesitaba para ayudar a su Esposa, Doña Pancha (que tanto lo ha animado) y a sus hijos. Vicente trabajaba por amor al Señor, por amor a la Iglesia y por amor a su Pueblo. Posiblemente renunció a otros servicios mejor remunerados porque llegó a identificarse y a apasionarse con esta labor.
Para terminar, permítanme decir algo personal: para mí Vicente, además de ser el que hizo posible un proyecto al servicio de la Iglesia y del Pueblo Aymara, es un gran amigo, el mejor amigo que tengo, junto con su esposa y familia, dentro del Pueblo Aymara. Este Pueblo al que debo los inolvidables años de mi vida que viví en el Altiplano Aymara.
Vicente merece, sin lugar a dudas, la condecoración que el Papa Francisco le está concediendo. ¡Jallalla, Vicente!

Cbba., 27 Abril 2017

José Howard Rivera Fernández

Nacido el 29 de marzo de 1967

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *