En Cuaresma preguntémonos nosotros de qué tenemos sed

Iglesia Viva 20.3.2017. Con esta pregunta concluye el mensaje de Mons. Jesús Pérez, arzobispo emérito de Sucre, en sintonía con el Evangelio de este domingo referido al encuentro de Jesús con la mujer samaritana.

“Jesús enseña a la samaritana cómo el verdadero culto a Dios, es la adoración en espíritu. Jesús quiere una adoración viviente en espíritu y no en ritos muertos, vacíos, mentirosos. La mujer piensa como los samaritanos, que el Mesías solucionará el problema de donde se ha de ofrecer el culto a Dios, si en Jerusalén o en Garisín. Es momento culminante de las revelaciones de Jesús: “Yo soy el Mesías, el que te está hablando”.

CITA EN UN BROCAL

Ya estamos viviendo la tercera semana de cuaresma que nos acerca más a la meta iniciada el miércoles de ceniza, La Pascua de Jesús. Las lecturas de este domingo, al igual que las de los domingos cuarto y quinto nos presentan temas bautismales: el agua viva ofrecida a la mujer samaritana junto al pozo, la curación del ciego de nacimiento y la resurrección de Lázaro Hay que recordar que la cuaresma nos prepara a renovar los compromisos del bautismo la noche de Pascua. Así mismo, quien no siente la necesidad de renovar su bautismo es que no ha vivido la cuaresma y que no sabe lo que es ser bautizado. La cuaresma, a través de las lecturas, la reflexión, la oración y la solidaridad cristiana nos conduce metodológicamente a la revisión de vida. Sin la revisión de vida no se llega a la profundidad de nuestro bautismo.
El evangelio de Juan nos presenta la escena del encuentro de Cristo con la samaritana. Jesús va al pozo porque siente la necesidad de tomar agua pero siente mucho más la necesidad de dar el agua viva a esta mujer que estaba perdida en su vida sentimental. Jesús que conoce los sentimientos de la persona citó a la mujer junto al brocal del pozo. Este encuentro da lugar a un diálogo. El diálogo va haciendo crecer la revelación de Cristo por medio de unos signos. El primer signo que presenta Jesús es el del agua viva. Toma pie del agua que busca la mujer, para hablar de un “agua viva” que sacia la sed profunda de existir en plenitud, porque es el Espíritu el que vivifica con vida eterna, con la vida de Dios. La mujer no entiende bien el alcance de este signo. Parece que deduce que es un agua mejor, por eso le pide: “Señor, dame de esa agua para que no tenga más sed, ni tenga que venir aquí a sacarla”.
Jesús aprovecha la buena disposición de la mujer para darle un segundo signo: el conoce el interior de su corazón, todo lo que ha sido su vida; que ha tenido cinco maridos y el que tiene ahora no es suyo. La samaritana comprende que Jesús es un profeta que, conoce su vida más íntima. Pronto la mujer cambia la conversión para hacerle una pregunta y ésta es el camino para el tercer signo. Jesús enseña a la samaritana como el verdadero culto a Dios, es la adoración en espíritu. Jesús quiere una adoración viviente en espíritu y no en ritos muertos, vacíos, mentirosos. La mujer piensa como los samaritanos, que el Mesías solucionará el problema de donde se ha de ofrecer el culto a Dios, si en Jerusalén o en Garisín. Es momento culminante de las revelaciones de Jesús: “Yo soy el Mesías, el que te está hablando”.
La samaritana está asombrada de aquel encuentro inesperado y fuertemente impresionada va al pueblo. Se reúne con sus correligionarios y les habla del desconocido que le ha revelado todo su pasado. Les invita al encuentro con Jesús, a una cita junto al brocal del pozo del agua donde el pueblo iba constantemente a sacar agua y que ofrece otra agua superior. Por este encuentro que penetró el corazón, la samaritana creyó en Jesús y sintió la necesidad de anunciar el gran hallazgo que había tenido. Los samaritanos corrieron a ver a Jesús y, después le decía a la mujer: “No creemos por lo que nos ha dicho, nosotros mismos lo hemos oído y sabemos que él es en verdad el Salvador del mundo. Reflexionemos en esta cuaresma, ¿De qué cosas tenemos sed?

Sucre, 19 de marzo de 2017.

Fray Jesús Pérez Rodríguez, O.F.M.
Arzobispo emérito de Sucre.

José Howard Rivera Fernández

Nacido el 29 de marzo de 1967

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