Mons. Pesoa: Si conocieran la experiencia de Dios que Jesús contagia lo buscarían

Iglesia Viva 20.03.17//Este domingo 19 de marzo, tercero de Cuaresma, Mons. Aurelio Pesoa, Secretario General de la Conferencia Episcopal Boliviana, invitó a los fieles a detenerse con Dios, interrogando y escuchando a Cristo Jesús. “En él está nuestra paz, nuestra alegría y la vida verdadera porque, lejos de Dios se muere de sed”, afirmó.

Audio y texto de la Homilía Completa:

SOLO DIOS CALMA NUESTRA SED

Domingo 19 de marzo de 2017

 

La señal del agua vuelve a aparecer hoy, en esta página del Evangelio rica de símbolos.  San Juan nos dice que mientras los discípulos iban a buscar algo para comer, se sentó junto al pozo de Jacob: “Era hacia el medio día.  En eso llegó una mujer de Samaria a sacar agua…”

 

En un día cualquiera, esta mujer anónima, que simboliza a cada uno de nosotros, hombre o mujer, encuentra definitivamente a Cristo, el Hijo de Dios.  La mujer extranjera, enemiga de aquel judío que le pide de beber, es todo hombre o mujer, de todos los tiempos y culturas, en búsqueda de aquella agua que es símbolo de la vida, de la felicidad, de estabilidad, de plenitud, los cristianos sabemos que la vida verdadera es seguir a Cristo Hijo de Dios.

 

Son muchas las personas que, a lo largo de estos años, se han ido alejando de Dios, sin apenas advertir lo que realmente estaba ocurriendo en su interior. Hoy Dios les resulta un “ser extraño”. Todo lo que está relacionado con él, les parece vacío y sin sentido: un mundo infantil, cada vez más lejano.

 

Nuestro país no han sido la excepción, en este alejarse hemos ido olvidando al Dios de la vida, pareciera como que Dios incomoda, no es difícil constatarlos, veamos los acontecimientos dolorosos y triste sucedidos en los días pasados, tanto en nuestra ciudad, como en la ciudad de El alto y Santa Cruz y seguramente en otros lugares.

 

La samaritana simboliza a todos, hombres o mujeres, que se han olvidado de Dios, que han desterrado a Dios de sus vidas y se han vuelto indiferentes a entrar en relación con El, y se han vuelto hostiles hacia un Dios que no conocen y dicen no querer conocer.  Pero Dios está ahí, en Samaria, se hace símbolo, y coincide con el espacio y lugar donde ellos viven y trabajan cada día, donde se fatigan, donde buscan el agua de la felicidad, de la seguridad, del alivio.  Dios está ahí, junto a cada “pozo de Sicar” y espera, en la persona de Cristo su Hijo; está ahí y espera con el deseo de comenzar un diálogo que dé luz, paz, que de vida y salvación a toda persona que quiera acercarse a Ël, como escribe profeta Isaías “El Señor espera, para hacerles gracia… para tener piedad de ustedes, porque Él es un Dios justo…” (Is 30, 18).

 

La iniciativa de encontrar a Dios, no es del hombre, sino de Dios que ha enviado a su Hijo Jesús para buscar y salvar a quien se había perdido, a devolver a lo seguro a la oveja perdida, a iluminar a los que no alcanzan a ver el esplendor de la Verdad, y a doblegar, con la fuerza de su amor, los corazones hostiles y endurecidos que también son los más cansados y agobiados.

 

El agua de la que nos habla el texto de san Juan, es el símbolo de la felicidad, porque la felicidad existe, como existe el agua para la sed de nuestro cuerpo y que sin ella muere; del mismo modo, sin felicidad, la vida deja de ser vida. Esa sed que Cristo manifiesta primero a la mujer, es nuestra sed, el deseo infinito de alegría y de paz, deseo de plenitud de vida y salvación.

 

“¿Cómo es que tú, que eres un judío, me pides de beber a mí que soy una mujer samaritana?”, es la reacción de la mujer a la petición de agua de parte de Jesús; desde este momento comienza aquel diálogo por medio del cual Cristo se revela como “don de Dios”, agua que apaga definitivamente cualquier sed.

 El don de Dios es Cristo Jesús que da el agua de la vida, de la gracia que salva, que genera comunión de vida con Su Persona. Los católicos estamos llamados a defender y ser portadores del agua que calma la sed y da vida a todo hombre, mujer o niño.  En los días pasados los Obispos de Bolivia hemos querido alertar a todos los bolivianos acerca de leyes que atentan contra la vida, la vida concreta del niño por nacer.

Así hemos manifestado que: “El derecho a la vida, en el que se fundan todos los demás, es para todos los seres humanos “sin distinción”.  La vida es un don de Dios y nadie puede disponer de ella en ninguna circunstancia”.  Por ello: La Iglesia que peregrina en tierras bolivianas, se hace eco de las palabras del Papa Francisco, en su discurso a los movimientos sociales, en el que exhortaba a proteger y cuidar a los más vulnerables y llama a trabajar por la vida y la dignidad de todos, especialmente de los más pobres.

Entre sus muchas enseñanzas, del Papa Francisco, en este tema resalta que: “El grado de progreso de una civilización se mide justamente con la capacidad de custodiar la vida, sobre todo en las fases más frágiles”. “La vida humana es siempre “inviolable”, y “no hay una vida cualitativamente más significativa que otra”. En este sentido el Papa Francisco denuncia que “el pensamiento dominante propone una falsa compasión que considera un acto de dignidad procurar la eutanasia”. (Mensaje a la Iglesia de Inglaterra y Gales, 25 de julio de 2015)

En la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium el Papa se expresa así: “Entre esos débiles, que la Iglesia quiere cuidar con predilección, están también los niños por nacer, que son los más indefensos e inocentes de todos, a quienes hoy se les quiere negar su dignidad humana en orden a hacer con ellos lo que se quiera, quitándoles la vida y promoviendo legislaciones para que nadie pueda impedirlo.” (EG 213)

En este tiempo de preparación al V Congreso Misionero Americano, hemos de esforzarnos los cristianos para que la palabra de Dios y la enseñanza de la Iglesia se vaya haciendo parte en nuestra vida cotidiana, el instrumento de Trabajo nos recuerda: “Es verdad que la conciencia  sobre los derechos humanos ha crecido mucho en el continente americano, pero esto contrasta con las acciones que a diario vulneran los mismos derechos humanos por motivos ideológicos, racistas, políticos, económicos y religiosos.  Quienes profesamos el Amor al Dios de Jesús sólo podremos ser auténticos discípulos-misioneros de aquél que nos amó primero cuando defendamos estos derechos para todas las personas” (Instrumentum Laboris n° 23).

En este tiempo de gracia nuestro objetivo deber ser la experiencia primera y más importante encontrarnos a gusto con Dios aceptarlo como la “presencia salvadora”. Porque cuando una persona sabe lo que es vivir a gusto con Dios, a pesar de nuestros pecados, nuestros errores y egoísmos, él nos acoge tal como somos, y nos impulsa a enfrentarnos a la vida con paz, difícilmente abandonará la fe. Muchas personas hoy abandonan a Dios antes de haberlo conocido. Si conocieran la experiencia de Dios que Jesús contagia, lo buscarían.

Así, este tercer domingo de Cuaresma nos invita a detenernos con Dios, interrogando y escuchando a Cristo Jesús.  En él está nuestra paz, nuestra alegría y la vida verdadera porque, lejos de Dios se muere de sed.  De esta vida que se nos da gratuitamente, como de todo otro don de gracia, en este tiempo de Cuaresma debemos ser testigos convencidos y creíbles, de modo que otros también se detengan en Sicar, y reconozcan a Cristo Redentor.  Así sea.

 

 

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