Homilía Mons. Robert Flock: Sal de la tierra y Luz del mundo

 Iglesia Viva 06.02.17//El Obispo de San Ignacio de Velasco, Mons. Robert Flock, comparte la homilía de este domingo 5 de febrero, en la que reflexiona sobre el carácter desafiante que significa ser luz y sal del mundo para el cristiano.

 Quinto Domingo en Tiempo Ordinario
Catedral de San Ignacio de Velasco

Sal de la tierra y Luz del mundo

Queridos hermanos,

En el Evangelio de hoy Jesús nos hace a la vez un piropo y un desafío: “Ustedes son la sal de la tierra; ustedes son la luz del mundo.” Es un piropo, una alabanza del más alto nivel calificarnos así, y lo hace porque somos creyentes, fieles, cristianos, discípulos de él, que en otro lugar califica también a sí mismo como la Luz del Mundo.

«Yo soy la luz del mundo. El que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la Vida». (Juan 8,12). Pero ahora Jesús no solamente dice que tenemos esta luz, sino que somos la luz del mundo y también la sal de la tierra.

¿En qué consiste esta luz? ¿Qué significa ser sal?

Esta luz, pues es el conjunto de actitudes, valores y virtudes que caracterizan a Jesucristo y a sus seguidores.

Y esta sal es la mayor y mejor calidad de vida que resulta por presencia de Cristo y sus discípulos en el mundo.

Pero este piropo es también un gran desafío, para que las palabras de Jesús sean ciertas y merecidas. Porque es obvio que la luz de Cristo, la sal de la tierra, no se confunden con cualquier camino, aunque se presenta como una búsqueda de mayor justicia y bienestar. El mundo ha conocido proyectos de transformación que fueron proclamados como la solución de las injusticias, pero que en la práctica resultaron ser de la mayor injusticia. Por ejemplo, se vivió por años en el Perú la guerrilla del “Sendero Luminoso”, que provocó la muerte de más 30,000 personas. Decía que aquellos que ayudaban a aliviar la pobreza con la caridad y con proyectos de desarrollo, en vez de hacer la guerra a los ricos, prolongaban el sistema de injusticia, por lo que es mejor eliminarlos; y así optaron por matar a sacerdotes, religiosos y voluntarios. “Sendero Luminoso”, no tenía nada de sendero, ni nada de luz y nada de sal; era una amargura tenebrosa. Mucho peor fueron los genocidios provocados por regímenes totalitaristas de derecha y de izquierda, que sacrificaba la vida de las personas en nombre de alguna utopía falsa.

La historia de Lucifer explica esta situación. Su nombre significa “portador de luz”, y la leyenda dice que se ofreció a Dios para corregir los errores y pecados de la humanidad. Pero Dios sabía que la solución verdadera pasaba por su propio hijo, que no solamente enseña el camino de la vida con sabiduría y autoridad, sino que rompe las ataduras del pecado y de la muerte con su cruz y resurrección. Entonces, Lucifer se rebeló, convirtiéndose en enemigo del Todopoderoso.

Es lo que sucede con algunas de las ideologías del mundo, cuando quieren imponer un sistema de vida. Pero es fácil darse cuenta cuando un camino es falso: recurre fácilmente a la violencia. Por ejemplo, aquellos grupos que en nombre de una supuesta justicia comunitaria aplican torturas, humillaciones y hasta linchamientos, demuestran que su luz es la de Lucifer y no la de Cristo. En lugar de ser sal de la tierra, son como un veneno que amarga la vida.

Si realmente seguimos a Cristo Jesús, entonces no solamente tomamos en serio sus enseñanzas. Él nos convierte en sal de la tierra y luz del mundo que hacen la vida agradable para nosotros y nuestras familias y compañeros.

De alguna manera especial, nuestros ancestros descubrieron esto cuando se crearon estas misiones bajo la guía de los Misioneros de la Compañía de Jesús. La luz brillaba con tanta fuerza, la sal que saborea había tenido tal efecto, que aún con la expulsión de los jesuitas y un período sin la atención de los sacerdotes, el pueblo preservó su fe, habiendo inculturado la luz de Cristo en sus costumbres y en su estilo de vida.

Las Naciones Unidas han declarado “Patrimonio Cultural de la Humanidad” a las Misiones Jesuíticas y sus Templos, merecidamente por su singular belleza. Pero Jesucristo les ha declarado “Luz del Mundo y Sal de la Tierra”, por preservar la fe en Cristo y una forma de vida cristiana, que se caracteriza por una convivencia fraterna, por vida honesta, por una solidaridad mutua al compartir la lucha por vivir en esta bella tierra.

“Ustedes son la Luz del Mundo: Así debe brillar ante los ojos de los hombres la luz que hay en ustedes, a fin de que ellos vean sus buenas obras y glorifiquen a su Padre que está en el cielo.”

 

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