Rezos y silencio en Auschwitz

Iglesia Viva 25.07.16//En el apéndice que Primo Levi incorpora en 1976 a “Si esto es un hombre” confiesa que de no ser por este horrible lugar nunca hubiese escrito nada, es más, que Auschwitz le “obligó a escribir”.

“Entonces, por primera vez, nos damos cuenta de que nuestra lengua no tiene palabras para expresar esta ofensa, la destrucción de un hombre. En un instante, con una intuición casi profética, se nos ha revelado la realidad: hemos llegado al fondo. Más bajo no puede llegarse: una condición humana más miserable no existe, y no puede imaginarse. No tenemos nada nuestro: nos han quitado las ropas, los zapatos, hasta los cabellos; si hablamos no nos escucharán, y si nos escuchasen no nos entenderían. Nos quitarán hasta el nombre: y si queremos conservarlo deberemos encontrar en nosotros la fuerza de obrar de tal manera que, detrás del nombre, algo nuestro, algo de lo que hemos sido, permanezca”.

Durante la Jornada Mundial de la Juventud, que este año se celebra en Cracovia, voluntarios y peregrinos pueden visitar el campo de concentración de Auschwitz. En él fueron exterminados aproximadamente 1.1 millón de personas, entre los que se encontraban santa Teresa Benedicta de la Cruz y San Maximiliano Kolbe.

Juan Pablo II, hablando del holocausto en general y del campo de concentración en particular, afirmó que hombres, mujeres y niños “nos gritan desde las profundidades del horror que experimentaron ¿Cómo podríamos dejar de hacer caso a sus gritos? Nadie puede olvidar o ignorar lo que pasó. Nadie puede infravalorar su alcance”. Así mismo, en este contexto, se preguntaba ¿cómo puede el hombre mostrar tanto desprecio por el hombre? “Porque ha llegado al punto del desprecio a Dios. Solo una ideología sin Dios pudo planear y llevar a cabo el exterminio de todo un pueblo”.

En esta línea de pensamiento se encuentran muchos de los voluntarios y peregrinos que el pasado jueves visitaron las instalaciones de este campo. Ellos se arrodillaban ante el pabellón 11, más conocido como el “pabellón de la muerte”, para rezar por todos aquellos a los que les fue arrebatada la vida.

Entre tantas miserias destaca el testimonio de San Maximiliano Kolbe como una de las mayores expresiones de misericordia. Cuando él estaba en Auschwitz, a finales de 1941, uno de los prisioneros del centro escapó y como era costumbre, cuando uno escapaba, los demás prisioneros que quedaban sufrían un día entero de torturas, luego diez de ellos eran escogidos al azar para morir de hambre en el llamado bunker de la muerte. Uno de ellos fue el polaco Gajowniczek quien mostró su desesperación ante la inminente muerte. Fue entonces cuando el padre Maximiliano se ofreció para ir en su lugar. San Maximiliano Kolbe nos invita a vivir la fe desde la “locura del amor”.

El próximo 1º de agosto el Papa Francisco visitará Auschwitz y “no dirá palabras, mantendrá un silencio de dolor y compasión”. Dentro del campo, el Pontífice rezará en silencio y dejará una lámpara encendida. Se parará ante la celda en la que fue recluido san Maximiliano Kolbe y firmará el libro de honor de Auschwitz y éstas serán sus “únicas palabras en el campo”, anticipó hace unos días su portavoz, Federico Lombardi.
Macarena Germán
Silvia Palomino Manzaneque

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