Los jóvenes empezaron “a hacer lío” en toda Polonia

Iglesia Viva 25.07.16//JMJ//Felicidad, algarabía, expectativa, lío y un poco de caos es el ambiente que se vive hoy lunes en la estación central de trenes de Cracovia. Se ven banderas de múltiples colores, se escuchan decenas de lenguas. Finalmente está aquí el día, se ve la emoción en la cara de locales y voluntarios. Los peregrinos de todos los rincones del planeta empiezan a llegar oficialmente. Ya se siente la fiesta, estamos a puertas de la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ).

Los peregrinos vienen preparando su viaje por meses e incluso años, muchos de ellos decidieron complementar la fiesta de la JMJ con los “Días en la Diócesis”. Es una oportunidad previa a la jornada que ayuda a los jóvenes a integrase y tener una experiencia más cultural en lo personal y comunitario en el país sede.

Ayelen Correa de Argentina (21 años, primera JMJ) vivió una fuerte experiencia de integración durante los días de prejornada en la diócesis en Kielce. “Fue muy bonito, pues no sólo pude conocer e integrarme a mi grupo de peregrinos, sino que también pude conocer a gente de todo el mundo, me recibieron re bien”.

Para Hermenegildo López de Guatemala (23 años, primera JMJ) fue una experiencia de enriquecimiento espiritual: “Fue algo increíble ver a la juventud llena de la energía de Jesús” relata, “verlos abrir sus corazones al mensaje de Cristo”. Él viaja con un grupo de México y compartieron con la Diócesis de Bolsevo.

“Los Días en la Diócesis” permiten a los peregrinos compartir con familias locales. Kryzzia López de Honduras (16 años, primera JMJ) nos dice: “el momento de la despedida y el intercambio de regalos fue muy emotivo porque me hicieron sentir parte de su familia, durante unos pocos días puede vivir su cultura”. Ella viajó con un grupo de 20 hondureños a Varsovia para esta experiencia.

“Conocimos mucho”, asegura Daniel Rivera de Belice (17 años, primera JMJ). “Lo que más me gustó es aprender más sobre la historia de Polonia”. Él tuvo la oportunidad de estar en Lublin con el grupo de su parroquia.

“El intercambio, la misa, las visitas me hacen recordar la universalidad de la iglesia”, recuerda Daniela Martínez de Colombia (20 años, primera JMJ). “A pesar de la diferencia de idiomas; la música, la oración y el sentimiento de adoración son universales”. Daniela participó en los Días en la Diócesis en Varsovia.

“Cantamos el himno de la JMJ al final”, cuenta Ayelen Correa, “y fue increíble”. Para los asistentes fue un momento mágico en el que se pudo palpar la universalidad de la Iglesia Católica. Todas la ciudades entonaron al mismo tiempo el himno de la JMJ en el idioma de cada uno de los presentes. “Fue en cierta manera un caos”, recuerda con una sonrisa Kryzzia López, “pero fue un caos hermoso, lleno de energía”.

María José Guevara Duque

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