Escuchar y acoger al Señor es también escuchar y acoger al otro

Iglesia Viva 18.07.16//Aseveró Mons. Sergio Gualberti, Arzobispo de Santa Cruz en la homilía de este domingo 17 de julio desde la Basílica Menor de San Lorenzo Mártir.

HOMILÍA COMPLETA DE MONSEÑOR SERGIO GUALBERTI, ARZOBISPO DE SANTA CRUZ DE LA SIERRA
DOMINGO 17 DE JULIO
BASÍLICA MENOR DE SAN LORENZO MÁRTIR

La Palabra de Dios de este Domingo ofrece a nuestra reflexión dos temas coincidentes, la hospitalidad y la escucha. En el texto del Génesis Abraham acoge en su tienda con mucha alegría, disponibilidad y generosidad a tres visitantes desconocidos. Él se pone a su servicio, les atiende, les prepara un banquete, y sobre todo les dedica tiempo, les acompaña, escucha y dialoga con ellos. Sólo cuando se cumplirá promesa de un hijo, Abraham descubrirá que Dios lo había visitado en las personas de los tres huéspedes.
El episodio del Evangelio se enmarca en el largo viaje de Jesús hacia Jerusalén, en el encuentra invitaciones ambiguas, rechazos, pero también acogidas, como en la casa de Marta y María, hermanas de Lázaro, sus amigos. Marta, como buena ama de casa, se pone al servicio del huésped, afanándose para preparar una esmerada atención, María lo acoge poniéndose a la escucha del maestro.
Junto a la acogida, la actitud de escucha es otro aspecto central de estas lecturas que nos han mostrado Abraham que se queda a lado de los huéspedes mientras comen y María que se sienta a los pies del Señor. Tanto Abraham como María no pierden la ocasión de la visita de Dios en su casa y en su vida, porque han comprendido que la mejor acogida del huésped es escucharlo, estar y compartir con él.
En una sociedad machista como la del tiempo de Jesús, el Señor ofrece una oportunidad única a María de escuchar y dialogar con el maestro, en la actitud propia del discípulo. María inaugura un rol totalmente nuevo para la mujer: hacerse discípula de Jesús. Lo que más cuenta es la relación personal y fiel con el Señor que anticipa, ya desde ahora, la plena y definitiva comunión de vida, por eso hay que cultivar su amistad, darse un tiempo y un espacio, crear silencio en nuestro interior y a nuestro alrededor. Quiero subrayar un aspecto muy significativo: María en toda la escena no pronuncia ninguna palabra, su silencio es total, ella solo escucha y pone toda su atención en Jesús.
Por otra parte, Jesús no reprocha a Marta porque se ha puesto a su servicio, sino porque pierde la ocasión de estar con Jesús y escucharlo. La escucha de la palabra es la condición para que el servicio no se convierta en un estéril agitarse, detrás de muchas cosas. Con estas palabras Jesús llama a Marta en transformarse en María, la invita a purificar la acción con la contemplación. Desde esta óptica la contemplación y el servicio no son en contraposición, sino que van juntos y se complementan, como lo enuncia el lema de san Benito: “Ora y trabaja“.
La atención que Abraham y las dos hermanas María y Marta han prestado al Señor no ha sido en vano: Dios anuncia a Abraham que por fin su esposa Sara tendrá el hijo tan deseado, esperanza que había totalmente abandonado a causa de su edad muy avanzada. Era la noticia más grande que podían recibir, en un primer momento acogida con incredulidad, pero que después llenó de alegría y gratitud a esa pareja de ancianos.
Jesús, también, dispensa vida a Marta y María, les hace tomar conciencia de su dignidad de personas, rompiendo los preceptos de una cultura que las relegaba y discriminaba de la vida comunitaria y social por el sólo hecho de ser mujeres. La visita de Dios, cuando es acogida, siempre trae vida y dignidad. Escuchar y acoger al Señor es también escuchar y acoger al otro, sea quien sea, por pobre e irrelevante que parezca a los ojos del mundo, porque en él está la presencia de Dios que nos habla e interpela.
Dios de hecho sigue visitando nuestra casa y nuestra sociedad entrando en nuestra vida a través de los acontecimientos de cada día, de las personas que encontramos y de los que nos piden un poco de nuestro tiempo, una palabra o un gesto de solidaridad.
Muchas veces la visita del Señor pasa desapercibida porque andamos sobrepasados por nuestros programas, ocupaciones y seguridades, o también, y esto es más grave, porque nos dejamos llevar por prejuicios y miedos. La mentalidad corriente no nos ayuda, nos hace desconfiar y sospechar de todo y de todos, perdiendo así la oportunidad de enriquecernos con las cualidades humanas y culturales que cada persona y pueblo lleva en sí como don de Dios.
En estos días han sido publicados los datos oficiales del importante crecimiento de la población en nuestro Departamento Santa Cruz, por el flujo migratorio de personas y familias provenientes del campo y de distintas regiones que buscan empleo, educación para los hijos y mejores condiciones de vida. La virtud evangélica de la hospitalidad nos desafía, a cada uno de nosotros y a nuestras instituciones, a prestarles, con espíritu de servicio, una acogida generosa y solidaria.
La Palabra de Dios de este domingo, una vez más, nos desafía a ser anticonformistas, a acoger el Señor que viene en nuestra existencia personal y social y dar testimonio de acogida hacia los demás. El Papa Francisco es un ejemplo viviente de estrenua defensa y acogida generosa de los migrantes y refugiados de países de África y Oriente Medio, volviéndose referente mundial y signo de esperanza en estas horas de desconcierto que se vive en el mundo, y despertando la consciencia aletargada y egoísta de los países ricos.
En este marco de acogida y de escucha de la Palabra, quiero compartir una reflexión sobre los acontecimientos bochornosos y tristes en las elecciones del Rector de la Universidad Autónoma Gabriel René Moreno, hechos que desnaturalizan la misma vocación de centro universitario y que han dejado varios heridos y secuelas de rencores y divisiones.
Son sucesos que nos interpelan a todos, en particular a los directivos de esa casa de estudios, y que piden un cambio de rumbo radical a fin de recuperar la credibilidad, la autoridad moral y la profesionalidad propia de una institución que tiene la alta responsabilidad de formar profesionales responsables y servidores de la sociedad, sobre la base de los valores humanos y la excelencia académica. Es urgente asumir sentimientos de perdón, misericordia, reconciliación y, a través del diálogo sincero, crear un clima de paz que garantice el devenir mismo de la Universidad.
La participación de los estudiantes en el proceso electivo de autoridades, es expresión de democracia, elemento esencial en su formación integral. Sin embargo, este proceso debe realizarse con trasparencia y en forma pacífica, en el respeto de la persona y su dignidad por encima de las ideas. El prestigio de ese centro universitario pide creatividad e inventiva y exige descartar a las viejas mañas de una politiquería que, en vez del bien de los estudiantes los manipula, busca intereses propios y recurre a las prebendas, la intolerancia, los insultos, la confrontación.
Entendemos que la gestión de esta Casa de Estudios representa un reto difícil porque, al igual que nuestra ciudad, en pocos años ha crecido en forma desmesurada, pero sabemos que se puede contar con el aporte sincero de personas e instituciones, tanto al interior como al exterior de la misma, lo que abre a la esperanza de una profunda renovación.
La invitación de Jesús a Marta, nos desafía a todos a elegir “la parte mejor“, escucharlo y acogerlo, lo que nos dignifica como hijos de Dios y lo que nos mueve a salir de nuestro orgullo e interés y a producir frutos de bien con miras a una sociedad justa, fraterna y en paz. “El que procede rectamente y practica la justicia, nunca vacilará”, nos asegura el salmista. Amén.

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