A propósito de la ley de identidad de género

Por: Andrés Eichmann Oehrli
Voces Católicas Bolivia
Hace días tuvo lugar la aprobación de la “ley de identidad de género”. Por su parte, los obispos católicos han emitido un comunicado en el que exponen su visión: esta ley no se originó en un debate amplio y serio, y puede acarrear mayor sufrimiento para las personas. Algunos medios han enfatizado la oposición de la Iglesia, pero ante el texto cabe otra lectura.
Ante todo recordemos que, en su atención a los más vulnerables, la Iglesia demuestra a diario que está al servicio de las personas; incluidas las que sienten disonancia entre lo que dice su cuerpo y su subjetividad sexual. Es una institución que, como otras, está en búsqueda de eso que podemos llamar “lo mejor” para el ser humano. En esta búsqueda tiene algunas pautas (nunca recetas) que encuentra en la Biblia, en su reflexión personalista y en más de dos mil años de atención a los fenómenos sociales, políticos, económicos, etc.
No existe búsqueda sin apertura, y esta la tiene la Iglesia en todos los temas. Hay un intenso diálogo entre fe y ciencia. Está visto que la ciencia presenta avances (de gran ayuda, porque permiten servir mejor a la gente), pero no lineales. Algunos valores se ven con mayor claridad, otros se oscurecen. Por ejemplo, hoy la Iglesia es un incansable agente en lucha contra formas actuales de esclavitud, mientras que otros actores sociales no acompañan con la misma intensidad este compromiso. En este punto es fácil reconcer el aporte de la Iglesia a la conciencia moral de nuestro tiempo.
En el tema que nos ocupa, los valores que aparecen son más borrosos. Surgen dudas. Vale aclarar, entonces, que la Iglesia lamenta y combate toda forma de discriminación injusta, como dice el Catecismo. Lucha (también con activistas gays) para erradicar la criminalización de la homosexualidad presente todavía en varios países. El Papa Francisco anima a acompañar a cada persona a partir de su propia condición porque Dios tiene un plan de felicidad para cada uno.
La visión de los obispos no es un “oponerse”, sino un anuncio positivo que busca ofrecer una visión pastoral a las personas que sufren de disforia de género, a la vez que promueve una legislación civil que ayude al reconocimiento de su dignidad. En su comunicado comentan que la ley “no ha merecido el debate público, el consenso necesario y la divulgación”. Todos estamos de acuerdo en que una persona que ha decidido cambiar su apariencia física (transgénero o transexual) merece el mismo respeto que cualquier otra. El antecedente que tenemos (el apoyo del Papa Urbano VIII a la Monja Alférez que estuvo en La Paz) tiene cuatro siglos.
Es razonable procurar medios administrativos para resolver los aspectos prácticos de la vida diaria de todos. Sin embargo, no parece que la identidad legal pueda independizarse sin más de la realidad corporal. El aspecto no determina la propia identidad sexual. En cada célula somos xx o xy (varón o mujer). Como decía Th. Adorno, pareciera que el sexo se resiste a la consideración de mera fachada. La Iglesia también señala (de la mano de la ciencia) que el sexo no es simple objeto de opción personal. La visión cristiana procura ayudar a cada persona para que diseñe un proyecto de vida que integre su cuerpo con su identidad de género, armonía con la que (según la Iglesia) se construye mejor el respeto de la dignidad y el camino de felicidad que propone.
Pensemos, a modo de conjetura, que con un auténtico debate los legisladores podrían haber visto la posibilidad de que (como efecto no deseado) se estuviera sirviendo al juego de quienes pretendieran inducir a otros al cambio de sexo. Sabemos que en una edad decisiva para el resto de la vida, la adolescencia, hay siempre una franja en la que puede haber vacilación, y ahí tenemos un sector vulnerable que puede ser manipulado. Privilegiar la armonía y la integración es la forma de ayudar que propone la Iglesia.
Total, que el reclamo parece apropiado. Un debate amplio habría permitido evitar defectos que pueden afectar a la dignidad de las personas. No un debate religioso, ni tampoco una demostración de fuerzas (activistas por un lado y por el otro), sino una consideración serena de argumentos tendientes a clarificar cada uno de los aspectos implicados.

José Howard Rivera Fernández

Nacido el 29 de marzo de 1967

Un comentario sobre “A propósito de la ley de identidad de género

  • el 30 mayo, 2016 a las 18:27
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    Gracias Andrés. FELICIDADES. Bién claro.

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