Curación milagrosa, requisito para la beatificación y canonización.

Iglesia Viva 14.03.16. //A muchas personas les puede parecer extraño que la Iglesia Católica para declarar a una persona beata o santa, no solamente exija que haya llevado una vida ejemplar avalada por el martirio padecido a causa de su fe o por el ejercicio heroico de las virtudes humanas y cristianas, sino que además pide que la persona a beatificar haya sido intercesora ante Dios para la realización de una curación milagrosa a favor de una persona enferma. Para la canonización exige otra curación.

Ya en la Biblia se describen los milagros que fieles creyentes en el verdadero Dios realizan a favor de personas pobres, sufrientes o enfermas. El mismo Jesús, inició su actividad pública como Mesías, ofreciendo señales para avalar su identidad divina. Muy significativas son las palabras de Jesús en la sinagoga de Nazaret, leyendo al profeta Isaías: “La Rúaj (Espíritu) del Señor está sobre mí, porque me ha ungido para anunciar a los pobres la Buena Nueva (Evangelio). Me ha enviado a proclamar la liberación a los cautivos y la vista a los ciegos, para dar libertad a los oprimidos y proclamar un año de gracia del Señor. […] Esta Escritura que acaban de oír se ha cumplido hoy” (Lc 4, 18-21).

Muchos milagros realizados por Jesús no sólo eran expresiones de su amor misericordioso hacia los que sufren, sino también señales inequívocas de que Él era el Mesías, enviado por Dios para redimir y salvar al pueblo de Israel y a toda la humanidad. Antes de su ascensión al cielo, al final de su estadía terrena, Jesús instruyó a sus futuros discípulos, enumerando entre las señales que realizarían la de curar a los que sufren: “Impondrán las manos sobre los enfermos y se pondrán bien” (Mc 16, 18).

Siguiendo esta palabra de Jesús, la Iglesia Católica ya desde sus inicios ha realizado obras de misericordia sanando milagrosamente a enfermos, mostrando así la autenticidad de la misión recibida de su fundador (Hch 3, 1-10). Al mismo tiempo también ha avalado como milagros algunas curaciones extraordinarias, realizadas por personas creyentes, gracias a las oraciones de los mismos enfermos o de otras personas cercanas, pidiendo a Dios, directamente o a través de algún intercesor, la curación.

A partir del siglo VI para que una persona fuese declarada santa el Obispo del lugar donde vivió y falleció tal persona pedía no sólo una biografía pormenorizada de su vida avalada por el continuo ejercicio de las virtudes, sino también la lista de los milagros atribuibles a su intercesión.

Más tarde ya en el siglo XIII se confirió al Papa la autoridad de declarar santa a una determinada persona a la que, en consecuencia, se la podía venerar, pero reservando la adoración únicamente a Dios. A partir del siglo XVII se estableció que la beatificación fuese un paso obligado para la canonización (declaración de santo), salvo casos excepcionales, autorizados por el mismo Papa.

En la actualidad desde el año 2007 está vigente la Instrucción “Sanctorum mater” sobre el procedimiento instructorio diocesano en las causas de los santos. Para poder declarar beata a una persona difunta que ya haya sido declarada “Venerable” por el martirio o por el ejercicio heroico de las virtudes humanas y cristianas, hace falta presentar al Obispo todos los documentos necesarios, incluyendo entre otros la historia clínica, pareceres médicos, análisis de laboratorio y exploraciones instrumentales.

La comisión nombrada por el Obispo debe interrogar a la persona sanada, a los testigos médicos y a otras personas que han contribuido con oraciones a su curación. También se pide el parecer a otros dos peritos médicos independientes que comprueben el estado actual de la persona curada y la persistencia de su curación. Toda esta información debe ser enviada a la Congregación para la Casusas de los Santos en Roma, la cual estudiará y en caso positivo, con la aprobación del papa, procederá a declararla Beata. Si hubiese un segundo milagro se la declarará Santa.

Completando esta información cabe mencionar los milagros que se realizan en Lourdes (Francia), uno de los lugares mundiales de mayores peregrinaciones. Allí la Iglesia ha montado una oficina en la que colaboran médicos de diversas especialidades para examinar las curaciones. Hasta julio del año 2013 se habían registrado unas 7.000 curaciones científicamente inexplicables. De todas ellas la Iglesia católica ha declarado 69 como “milagros”, atribuibles a la intervención divina, gracias la intercesión de la Inmaculada Virgen María que allí se venera.

Miguel Manzanera SJ

Inició el proceso de validacion de posible milagro atribuible a Virginia Blanco

El jueves por la tarde en el auditorio del Arzobispado, se llevó a cabo el inicio del proceso para la validacion de un posible milagro atribuido a Virginia Blanco Tardio, con el nombramiento del Tribunal Delegado por Mons. Oscar Aparicio Céspedes, para seguir con el proceso de Beatificación de la Venerable Virginia Blanco, emprendido por Mons. Tito Solari (Obispo emérito) el año 2000.

P. Miguel Manzanera, postulador del proceso, comentó la vida esta venerable mujer a los asistentes y medios de comunicación, donde también se encontraban gran parte de sus familiares en incluso la persona que fue sanada del cáncer gracias a la intercesión a Virginia, que por discreción no reveló aun el milagro públicamente.

Mons. Aparicio indicaba que este proceso inicia con pruebas certeras que deben ser enviadas al Vaticano como causa de los santos, por tal razón decretó el nombramiento de un Tribunal Delegado que se encargará de los temas jurídicos y religiosos sobre la presunta curación milagrosa.

El Tribunal quedó conformado de esta manera: Delegado Episcopal P. Luís Palomera, Promotor de Justicia P. Carlos Enrique Curiel, Notaría Actuaría Lic. Lilibeth Villazón, Notaria Adjunta Lic. Jaqueline Orellana y Perito Medico Dra. Águeda Claros, quienes hicieron el juramento ante Dios y las sagradas escrituras.
“Una mujer laica, boliviana, que entregó su vida a Dios y a los pobres.”

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