P. Miguel Manzanera SJ: Jubileo para los pobres

Iglesia Viva 15.02.16. //P. Miguel Manzanera//El Papa Francisco ha vuelto a sorprendernos en su catequesis semanal en el miércoles de ceniza del 2016, Año del Jubileo Extraordinario de la Misericordia. Para muchos católicos muy posiblemente la finalidad más importante de este año es fomentar la vida espiritual, cumpliendo los mandamientos de la ley de Dios, dedicando mayor tiempo a la oración y acudiendo al sacramento de la confesión, también llamado de la reconciliación para alcanzar la paz profunda de saber que Dios en su misericordia nos ha perdonado.

Pero, además de esto, el Papa insiste en ser misericordiosos y compartir nuestros bienes con los necesitados para que ellos y nosotros vivamos el júbilo del jubileo. La voluntad de Dios es crear “una sociedad basada en la igualdad y la solidaridad, donde la libertad, la tierra y el dinero se conviertan en un bien para todos y no solo para algunos”. Como fundamento bíblico Francisco señala algunas instituciones del pueblo de Israel, recogidas en el capítulo 25 del Levítico.

La más importante es el Año del Jubileo. Cada 50 años, en el día de la Expiación, se invocaba la misericordia de Dios sobre todo el pueblo y con el sonido del cuerno se anunciaba la gran liberación para todos los habitantes del país: “Este será para ustedes un jubileo: casa uno recobrará su propiedad y regresará a su familia […]. En este año jubilar cada uno de ustedes recobrará a su propiedad” (Lv 25, 10.13).

Con esas disposiciones Dios quería favorecer a las personas que por circunstancias de penuria habían tenido que vender su tierra o su casa. En el año jubilar recuperaban su posesión. También quien había sido obligado a ponerse al servicio del acreedor para pagar las deudas contraídas, recobraba la libertad. Estas disposiciones reflejaban la identidad de Yahveh, el Dios de Israel, justo con todos y especialmente misericordioso con los que sufren.

Según el plan del Dios de la Alianza su pueblo debe ser “santo”, sin que existan hirientes desigualdades con personas empobrecidas mientras que otras poseen grandes riquezas. El Papa subraya que la tierra pertenece originalmente a Dios y ha sido confiada a los hombres (Cfr. Gn 1, 28-29). Por eso nadie puede atribuirse la propiedad exclusiva de la tierra en perjuicio de la gente pobre. El jubileo bíblico era un “jubileo de misericordia”, porque era vivido en la búsqueda sincera del bien del hermano necesitado.

Con esa misma finalidad Dios dictó otras disposiciones, entre ellas era el pago de los diezmos. Las personas pudientes debían pagar la décima parte de sus ingresos en favor de los levitas, encargados del culto sin otros ingresos, y también para los pobres, los huérfanos y las viudas (Cfr. Dt 14,22-29) que estaban sin protección y carentes de ingresos. Otra obligación consistía en las “primicias”, por la que los cultivadores debían entregar la primera parte de sus cosechas, la parte más preciosa, para el sustento de los levitas y de los extranjeros, que no poseían campos (Cfr. Dt 18, 4-5; 26,1-11). De esta manera se fomentaba la fraternidad entre todos los habitantes del pueblo de la Alianza.

Dios es el único Señor de la tierra y sus súbditos debían comportarse como huéspedes y extranjeros (Lv 25,23) en espera de llegar a la patria celestial (Cfr. Hb 11,13-16; 1 Pe 2,11).

“Si tu hermano se queda en la miseria y no tiene con qué pagarte, tú lo sostendrás como si fuera un extranjero o un huésped, y él vivirá junto a ti. No le exijas ninguna clase de interés: teme a tu Dios y déjalo vivir junto a ti como un hermano. No le prestes dinero a interés, ni le des comida para sacar provecho” (Lv 25,35-37).

No parece que esta legislación del Año Jubilar se cumpliese regularmente tal como estaba ordenada. De hecho más tarde los profetas denunciarán los abusos de los ricos soberbios frente a las personas pobres humildes carentes de lo necesario para vivir dignamente.

En su catequesis el Papa subraya que el mensaje bíblico es muy claro y siempre actual: “¡Cuántas situaciones de usura estamos obligados a ver y cuánto sufrimiento y angustia llevan a las familias! Es un grave pecado que grita en la presencia de Dios. El Señor en cambio ha prometido su bendición a quien abre la mano para dar con generosidad” (Cfr. Dt 15,10).

Todos los creyentes debemos solidarizarnos con quienes están en dificultades y compartir con ellos nuestras propiedades y nuestros ingresos y, si damos en préstamo, no cobrar intereses y menos usurarios.

Francisco termina su mensaje exhortando a abrirnos con valentía y a ser generosos en el compartir entre conciudadanos, entre familias, entre pueblos, entre continentes. “Contribuir a realizar una tierra sin pobres quiere decir construir una sociedad sin discriminación, basada en la solidaridad que lleva a compartir cuanto se posee, en una distribución de los recursos fundada en la fraternidad y en la justicia”.

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