Seamos nosotros, los perseguidos por la causa de Cristo, sedientos de justicia y santidad, los que como Jesús, tienen alma de pobres

Iglesia Viva 04.11.15//Animó Mons. Robert Flock, Obispo Auxiliar de Cochabamba, en la Solemnidad de Todos los Santos,  la celebración de 4 candidatos al Diaconado Permanente que recibieron Ministerio de Lectorado y el Envió Misionero.

Homilía Completa:

Queridos hermanos,

Hoy celebramos la Solemnidad de Todos los Santos. Corresponde a esta linda visión de San Juan en el Libro del Apocalipsis: Después de hablar de número simbólico de 144,000, que en otra para llama “las primicias” (14,4), presenta la totalidad de los Santos en el cielo, vestidos con túnica blanca como Cristo Resucitado: “Vi una enorme muchedumbre, imposible de contar, formada por gente de todas las naciones, familias, pueblos y lenguas”.

Tenemos esta fiesta porque, aún con tantos Santos reconocidos con su fiesta litúrgica, como los Apóstoles, o San Sebastián, patrono de la Catedral, o los recién consagrados San Juan XXIII y San Juan Pablo II, y los que esperamos que sean canonizados, como la Beata Nazaria March y la Venerable Virginia Blanco, aún así sabemos, por esta revelación divina, que los Santos en el cielo son muchos más, una enorme muchedumbre que nadie puede contar. Celebramos esta buena noticia con la esperanza de participar algún día con ellos en la Comunión de los Santos.

Esta mañana celebramos otros dos acontecimientos gozosos para nuestra Iglesia Cochabambina. Primero, 4 candidatos al Diaconado Permanente van a recibir el Ministerio de Lectorado:
• Dr. Víctor Osvaldo Balderrama, Parroquia de Santa Ana Cala Cala
• Hno. Sebastián Tito Córdova, Hermanos Hospitalarios (Delegado Episcopal de Salud)
• Prudencio Cossio Terán, Parroquia de San Antonio de Padua, Tiraque
• Uldarico Iriarte, Parroquia Santa Vera Cruz
Segundo, hay tres niños y dos jóvenes, que enviamos de nuestra Arquidiócesis en Misión a Suiza. Son de la Infancia y Adolescencia Misionera:
• Álvaro Israel Sejas: de la Parroquia de San Rafael
• Claudia Laura Tordoya Ustariz: Parroquia de San Idelfonso
• Ana Belén Ríos Ballesteros: Parroquia El Hospicio
• Jhancarla Jiménez Costana: Parroquia San Pedro de Sacaba
• José Pablo Guzmán Andrade: Parroquia de San Idelfonso

Es una gracia poder celebrar estos dos acontecimientos en la Solemnidad de Todos los Santos, porque, ambos representan respuestas a la llamada de Dios para dar testimonio del Cristo y el Evangelio. Los Lectores no solamente cumplen con una tarea en la Misa para proclamar la Palabra de Dios contenida en las lecturas y el Salmo; también deben primero escuchar esta Palabra, interiorizarla y vivirla, para que su misma vida sea una proclamación de la Palabra de Dios.

Los niños y jóvenes misioneros, aunque pequeños, también están compartiendo su fe vivida y celebrada. Ustedes, con su compromiso mediante la Infancia y Adolescencia Misionera proclama lo que nos dice la segunda lectura hoy de la carta de San Juan: “Queridos hermanos: ¡Miren cómo nos amó el Padre! Quiso que nos llamáramos hijos de Dios, y nosotros lo somos de verdad.”

Al vivir estos compromisos, como discípulos de Jesús, experimentarán con cada vez mayor profundidad y gozo la cercanía del mismo Jesús, que quisiera decir a cada uno de nosotros lo que había dicho en la Última Cena a sus Apóstoles: “Ya no los llamo servidores, porque el servidor no sabe lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre. No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero.” (Juan 15,15-16).

En el Evangelio de hoy, Jesús nos proclama las Bienaventuranzas empezando con: “Felices los que tienen alma de pobres, porque a ellos les pertenece el Reino de los Cielos.” Las demás bienaventuranzas nos ayudan a comprender esta: “Alma de pobres”, o “pobres de espíritu”, que sufren las consecuencias de la pobreza, de la injusticia, de pecado, pero que se abren a la salvación de Dios y se comprometen con el proyecto del Reino. Son “dichosos”, “felices”, “Bienaventurados” porque Dios mismo les ama, y a través de ellos va transformado este mundo.

El mejor ejemplo de todas las bienaventuranzas, es Jesús mismo. Se hace pobre de verdad y pobre de espíritu hasta gritar mientras se muere en la cruz: “Dios mío, Dios mío; ¿por qué me has abandonado?” Pero con este grito, Jesús es más que nunca “Dios con nosotros”, por lo que hasta la muerte pierde su victoria, y nosotros podemos vivir el amor de Dios con la dignidad de hijos amados.

Seamos entonces nosotros, los perseguidos por la causa de Cristo y por la justicia, los que trabajan por la paz y para un corazón puro, los que tienen misericordia y paciencia, los humildemente sedientos de justicia y santidad, los que como Jesús, tienen alma de pobres, para que tengamos el Reino y a Dios también.

 

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