Todos tenemos una morada eterna en Dios

Iglesia Viva 29.10.15//Homilía de Mons. Giambattista Diquattro, Nuncio Apostólico en Bolivia, en ocasión de la Misa de exequias por el Padre Francisco Flores Balanza, S.I., la mañana de este jueves 29 de octubre.
Hermanos y hermanas:

La liturgia de la Palabra nos invita a meditar, en la perspectiva de Dios, en la perspectiva de la salvación, sobre el momento Eucarístico que celebramos agradeciendo al Señor por la vida de nuestro hermano, el Padre Francisco Flores Balanza, ofrecida al Señor en pro del Evangelio y de la Iglesia, y rezando para que en su misericordia lo reciba en la vida eterna, en su presencia.

San Pablo nos exhorta a vivir “llenos de buen ánimo”. El motivo de esta disposición interior es que el eje de nuestra vida es la fe en Cristo.

Jesucristo ha dado testimonio de que todos, todos tenemos una morada eterna en Dios.

Una morada eterna que empieza en este tiempo, en nuestra historia y que con la gracia desemboca en la vida de Dios, porque desde ahora Dios se entrelaza con nuestra vida.

La primera lectura menciona esta correlación. La morada eterna está en los cielos y, sin embargo, en los cielos la recibiremos en la medida en que habremos permitido a la gracia actuar en nuestra vida.

Y la actuación de la gracia es fiel, constante y eficaz. El salmo responsorial insiste sobre este punto.

Sabemos cuántas han sido las actividades beneméritas que con generoso desprendimiento ha realizado el Padre Francisco Flores en favor de la Compañía de Jesús, como formador de jesuitas, en pro de los medios de comunicación, en el ámbito educativo, en el servicio a la Conferencia Episcopal Boliviana, en la dirección de este Colegio, después de haber servido al Colegio San Ignacio.

Sabemos que en estas actividades él puso todo un profundo y amplio conocimiento madurado a lo largo de los años de estudio, culminados en los cursos de especialización en la Pontificia Universidad Gregoriana.
Y todo esto no hubiera sido posible para él sin la presencia, la ayuda y la gracia del Señor.

“El Señor es mi pastor”, hemos proclamado acompañando al salmista. “Me conduce, me apacienta, me conforta, me guía, me sosiega, me unge”. Sí, “me unges”: aquí está el centro de la vida del Padre Francisco Flores. Él ha sido ungido, él ha sido consagrado sacerdote, que es la prueba de un amor único, exclusivo, eterno de Cristo Sacerdote.

Y el salmo responsorial añade algo que nosotros, sacerdotes, experimentamos cotidianamente en la vida y que, seguramente, el Padre Francisco vivió con intensidad en los momentos también de sufrimiento y de angustia: “tu dicha y gracia me acompañan todos los días de mi vida”.

Más aún, esta convicción interior se expresa con palabras altísimas de amor que el Señor manifiesta en su súplica al Padre.
Así dice el evangelio de hoy: “los que tú me has dado, quiero que donde yo esté estén también conmigo”. Toda la vida del Padre Flores, toda su vida sacerdotal ha sido entonces fruto de un proyecto, de un programa, de una iniciativa de amor de Dios, y el amor de Dios no se apaga.

El amor de Dios recibe en su morada a sus hijos, porque Él así lo quiere: estar con nosotros y nosotros con Él para siempre.

Las condolencias que presento a la Familia religiosa y a los familiares del Padre Francisco Flores, no son entonces palabras pronunciadas en un valle tenebroso; son manifestadas en la común, segura y firme fe de que quien vive y cree en el Señor, seguirá recibiendo el Amor de Dios en la vida sin fin.

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