Participación de la Santa Sede en la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y la Defensa de la Vida

Iglesia Viva 07.10.15//Este miércoles 7 de octubre, Mons. Giambattista Diquattro, Nuncio Apostólico en Bolivia dio lectura al comunicado acerca de la participación de la Santa Sede en la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y la Defensa de la Vida, que se realizará en Tiquipaya – Cochabamba del 10 al 12 de octubre del presente año 2015.

Palabras de Mons. Giambattista Diquattro
para comunicar la participación de la Santa Sede
en la Conferencia Mundial de los Pueblos
sobre el Cambio Climático y la Defensa de la Vida
Cochabamba, 10-12 de octubre de 2015

Me alegra comunicar que la Santa Sede ha acogido la invitación del Estado Plurinacional de Bolivia y me ha delegado para participar en la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y la Defensa de la Vida, prevista en Cochabamba del 10 al 12 de octubre.

    Por cuanto se refiere al primer tema: cambio climático, el Papa Francisco está convencido de que “parece que el tiempo se estuviera agotando; no alcanzó el pelearnos entre nosotros, sino que hasta nos ensañamos con nuestra casa. La comunidad científica acepta lo que desde hace ya mucho tiempo denuncian los humildes: se están produciendo daños tal vez irreversibles en el ecosistema. Se está castigando a la Tierra, a los pueblos y a las personas de un modo casi salvaje .”

Y detrás de tanto dolor, tanta muerte y destrucción, se huele el tufo de la ambición desenfrenada de dinero que gobierna. El servicio para el bien común queda relegado. Cuando el capital se convierte en ídolo y dirige las opciones de los seres humanos, cuando la avidez por el dinero tutela todo el sistema socioeconómico, arruina la sociedad, condena al hombre, lo convierte en esclavo, destruye la fraternidad interhumana, enfrenta pueblo contra pueblo y pone en riesgo esta nuestra casa común, la hermana y madre tierra .

En la reciente Carta Encíclica “Laudato Si”, el Papa ha considerado la contaminación y el cambio climático, poniendo en evidencia cómo la relación entre contaminación, basura y cultura del descarte, es postura irrespetuosa del clima como bien común. Muchos pobres viven en lugares particularmente afectados por fenómenos relacionados con el calentamiento, tales como la desertificación, la pérdida da la biodiversidad, el deterioro de la calidad de la vida humana .
Como han afirmado los Obispos de Bolivia, en su Carta pastoral sobre medio ambiente y desarrollo humano en Bolivia “El universo, es don de Dios para la vida”: «Tanto la experiencia común de la vida ordinaria como la investigación científica demuestran que los más graves efectos de todas las agresiones ambientales los sufre la gente más pobre» .

Los medios de subsistencia de muchas poblaciones pobres dependen fuertemente de las reservas naturales y de los servicios ecosistémicos, como la agricultura, la pesca y los recursos forestales. No tienen otras actividades financieras y otros recursos que les permitan adaptarse a los impactos climáticos o hacer frente a situaciones catastróficas, y poseen poco acceso a servicios sociales y a protección .

Esto afecta los recursos productivos de los más pobres, quienes también se ven obligados a migrar con gran incertidumbre por el futuro de sus vidas y de sus hijos. Es trágico el aumento de los migrantes huyendo de la miseria empeorada por la degradación ambiental, que no son reconocidos como refugiados en las convenciones internacionales y llevan el peso de sus vidas abandonadas sin protección normativa alguna. Lamentablemente, hay una general indiferencia ante estas tragedias, que suceden ahora mismo en distintas partes del mundo.

Más aún, existe el peligro de que algunas de las estrategias para la reducción de la contaminación puedan imponer medidas que perjudiquen a los países más necesitados de desarrollo. De este modo, se agrega una nueva injusticia.

Sigue siendo cierto que en el descuido de la casa común hay responsabilidades comunes pero diferenciadas. Como han dicho los Obispos de Bolivia en otro punto de la misma Carta Pastoral: los países que se han beneficiado por un alto grado de industrialización, a costa de una enorme emisión de gases invernaderos, tienen mayor responsabilidad en aportar a la solución de los problemas que han causado.

La sensibilidad ética y el compromiso moral sobre esta temática están compartidas por otros creyentes, en particular es bien conocida y apreciada la reflexión, el magisterio y la solícita actividad del Patriarca Bartolomé que se ha referido particularmente a la necesidad de que cada uno se arrepienta de sus propias maneras de dañar el planeta, porque, en la medida en que todos generamos pequeños daños ecológico, estamos llamados a reconocer nuestra contribución a la desfiguración y destrucción de la creación. Sobre este punto el Patriarca ortodoxo se ha expresado repetidamente de una manera firme y estimulante, invitándonos a reconocer los pecados contra la creación, porque «un crimen contra la naturaleza es un crimen contra nosotros mismos y un pecado contra Dios.

En efecto las criaturas de este mundo no pueden ser consideradas un bien sin dueño: «Son tuyas, Señor, que amas la vida» (Sb 11,26). Esto despierta la convicción de que, siendo creados por el mismo Padre, todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde.

Esta convicción no significa igualar a todos los seres vivos y quitarle al ser humano ese valor peculiar que implica, al mismo tiempo una tremenda responsabilidad. Tampoco supone una divinización de la tierra que nos privaría del llamado a colaborar con ella y a proteger su fragilidad. Estas concepciones terminarían creando nuevos desequilibrios por escapar de la realidad que nos interpela.

Sin embargo, cuando todas estas relaciones se descuidan, cuando la justicia ya no habita en la tierra, la Biblia nos dice que toda la vida está en peligro. Todo está relacionado, y que el auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza son inseparables de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás.

    En consecuencia el segundo tema, la defensa de la vida está directamente relacionado con el primero, porque la destrucción del ambiente humano es algo muy serio: Dios no sólo le encomendó el mundo al ser humano, sino que su propia vida es un don que debe ser protegido de diversas formas de degradación.
Toda pretensión de cuidar y mejorar el mundo supone cambios profundos en los estilos de vida, los modelos de producción y de consumo, las estructuras consolidadas de poder que rigen hoy la sociedad .

Es conocido y persistente el compromiso de la Iglesia para eliminar las causas estructurales de las disfunciones de la economía mundial y corregir los modelos de crecimiento que parecen incapaces de garantizar el respeto del medio ambiente . En efecto la situación mundial va analizada sin aislar sus aspectos, porque el libro de la naturaleza es uno e indivisible, e incluye el ambiente, la vida, la sexualidad, la familia, las relaciones sociales, etc.

Por consiguiente, la degradación de la naturaleza está estrechamente unida a la cultura que modela la convivencia humana . El ambiente de la familia humana y el ambiente natural están llenos de heridas producidas por nuestro comportamiento irresponsable. El ambiente social tiene sus heridas, y todas ellas se deben en el fondo al mismo mal, es decir, a la idea de que no existen verdades indiscutibles que guíen nuestras vidas, por lo cual la libertad humana no tiene límites. El derroche de la creación comienza donde no reconocemos ya ninguna instancia por encima de nosotros, sino que sólo nos vemos a nosotros mismos .

La participación de la Santa Sede a la Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y la Defensa de la Vida, así como la participación de varias otras instituciones eclesiales quiere ser un servicio en el considerar los síntomas de la crisis ecológica y, sobre todo, en reconocer la raíz humana de la crisis ecológica. Porque hay un modo de entender la vida y la acción humana que se ha desviado y que contradice la realidad hasta dañarla.

El poderío tecnológico y la globalización del paradigma tecnocrático han favorecido un sueño prometeico de dominio sobre el mundo que provocó la impresión de que el cuidado de la naturaleza es cosa de débiles. La presencia de la Santa Sede y de otras instituciones de la Iglesia quiere también resaltar cuan inadecuada y peligrosa sea la exaltación tecnocrática que no reconoce a los demás seres un valor propio, hasta la reacción de negar todo valor peculiar al ser humano.

No se puede prescindir de la humanidad, ni habrá una nueva relación con la naturaleza sin un nuevo ser humano. No hay ecología sin una adecuada antropología. Cuando la persona humana es considerada sólo un ser más entre otros, que procede de los juegos del azar o de un determinismo físico, se corre el riesgo de que disminuya en las personas la conciencia de la responsabilidad. Un antropocentrismo desviado no necesariamente debe dar paso a un «biocentrismo», porque eso implicaría incorporar un nuevo desajuste que no sólo no resolvería los problemas sino que añadiría otros.

Quisiera concluir esta comunicación, evocando aquellas líneas de orientación y de acción que el Papa Francisco nos ha indicado como necesarias, y todas estas líneas tienen un término en común y el término es dialogo: Diálogo sobre el medio ambiente en la política internacional, diálogo hacia nuevas políticas nacionales y locales, diálogo y transparencia en los procesos decisionales, Política y economía en diálogo para la plenitud humana, las religiones en el diálogo con las ciencias.

Al agradecer al Estado Plurinacional de Bolivia por esta Conferencia Mundial de los Pueblos sobre el Cambio Climático y la Defensa de la Vida, quiero expresar el deseo que sea una autentica, fructífera e histórica  experiencia de diálogo y de entendimiento.

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